Estoy en Ítaca! Parece absurdo, pero aquí estoy. Pienso en los amigos con los que creo que la Odisea es el libro más bonito del mundo”. En septiembre de 1927, Carles Riba escribe eufórico a Josep Maria de Sagarra mientras visita Grecia. El mecenazgo de la Fundació Bernat Metge de Francesc Cambó permite al helenista recorrer los paisajes de los autores que ha traducido. Como este último mes, en que La Casa dels Clàssics de la fundación, ha presentado Odissea, la reciente traducción al catalán de Pau Sabaté.
El catalanismo se ha reflejado en la obra homérica, primero en Ulises y después en Ítaca
Estoy en Ítaca! Parece absurdo, pero aquí estoy. Pienso en los amigos con los que creo que la Odisea es el libro más bonito del mundo”. En septiembre de 1927, Carles Riba escribe eufórico a Josep Maria de Sagarra mientras visita Grecia. El mecenazgo de la Fundació Bernat Metge de Francesc Cambó permite al helenista recorrer los paisajes de los autores que ha traducido. Como este último mes, en que La Casa dels Clàssics de la fundación, ha presentado Odissea, la reciente traducción al catalán de Pau Sabaté.
Odiseo, en el griego original, vuelve a estar de moda. Las librerías dedican un rincón al poema épico de Homero aprovechando el estreno, hoy viernes, de La Odisea de Christopher Nolan. Una nueva adaptación cinematográfica con Matt Damon ( Ulises), Anne Hathaway ( Penélope) y Tom Holland ( Telémaco), en medio de un elenco de estrellas de Hollywood como Robert Pattinson, Zendaya o Charlize Theron. Y después de que el año pasado se estrenara otra más modesta, El retorno, con Ralph Fiennes y Juliette Binoche.
Durante un siglo largo, el retorno del rey a su hogar, Ítaca, después de la guerra de Troya, ha despertado interés en Catalunya y, en especial, en el nacionalismo catalán. Aunque no siempre del mismo modo. En sus primeros veinte años, el catalanismo político se fijó poco. Fue el estreno teatral de Nausica, en abril de 1912, lo que le dio centralidad en su imaginario. La revista El Teatre Català se refirió como un “ Ulises catalanizado”. La obra póstuma de Joan Maragall se adentraba en el encuentro entre la joven Nausica, hija del rey de los feacios, y el maduro Ulises, en un juego entre el deseo y la renuncia.
Pero fue Carles Riba quien publicó la primera traducción del clásico al catalán. Fue el año 1919 en Editorial Catalana, dirigida por Josep Carner y patrocinada por los dirigentes de la Lliga Regionalista, Enric Prat de la Riba y Francesc Cambó. Descontento con el resultado, Riba la volvería a traducir por completo. El escritor ha sido el verdadero motor, como autor y traductor, del persistente interés en Catalunya por la Odisea.
En los años veinte, el héroe griego ganó protagonismo. Acció Catalana, escisión hacia el centroizquierda de la Liga, pedía a la juventud que no se dejara guiar por “falsos Ulises” que les llevaban –como él a su tripulación– al egoísmo individual, en vez de enfocarlos a la lucha por el ideal catalanista. Era una crítica a los lligaires.
También el semanario católico Catalunya Social invitaba a los jóvenes a “resistir los cantos de sirenas” y a no dejarse llevar por actitudes poco honorables. Ulises era una advertencia, pero también un faro. Para Josep Maria de Sagarra, su heroísmo era “el más positivo y eficaz” y estaba lleno de “juicio e ironía”. El escritor sostenía en La Publicitat que era un ideal de humanidad.
En los años veinte, impactaron dos obras que tenían la Odisea como referente. El Ulises de James Joyce, del que la prensa habló mucho, aunque pocos lo habían leído porque, publicado en inglés el año 1922, no se había traducido al francés, y todavía menos al catalán. Y Le mystère d’Ulisse de Charles Maurras de 1923. Un poema en el que el viaje significaba el retorno a su Provenza natal y al régimen monárquico, la tradición, el orden, la patria. Motivos que influyeron en los catalanistas seguidores del regionalista francés, ultraderechista y antisemita, como evidenciaba el periodista Josep M. Junoy en la Revista de Catalunya.
Lejos de este referente, la Odisea apareció como tira cómica en la revista infantil Virolet en 1930. Entonces también se hizo corriente dos usos de las aventuras de Ulises, poco o nada frecuentes hasta entonces. Por una parte, la palabra “odisea” para referirse a un camino muy complicado. Cuando aquel año, Francesc Macià volvió del exilio, sin el permiso de la dictadura, y se lo devolvió a Bélgica, el semanario Mirador se refirió así a su periplo y lo dibujó como el héroe.
De la otra, Jaume Bofill i Mates, en noviembre de 1930 en La Publicitat planteó la imagen de la “ Catalunya-Penélope”. El escritor y político se refería al país que espera y que deshace aquello que hace, como la esposa del rey destejiendo de noche el sudario que tejía de día. ¡Una imagen usada también por los separatistas de Nosaltres Sols! de Daniel Cardona.
Mientras caen las bombas en 1938, Riba lee la tesis sobre la ‘Nausica’ de Maragall; y en 1942, el héroe griego sale en ‘Elegies de Bierville’
Ya en 1938, mientras la aviación italiana bombardeaba Barcelona, Carles Riba defendía ante el tribunal universitario su tesis doctoral sobre la Nausica de Maragall. Perdida la Guerra Civil, en el exilio republicano, el héroe griego apareció en su poemario Elegies de Bierville (1943). “He navegado como Ulises por el noble mar”, decía, porque el exilio transforma y obliga a mantener el nombre propio y el de la patria. Riba retornó aquel año.
Quien también lo hizo en 1948, fue Joan Oliver. El poeta explicaba al filósofo Josep Ferrater Mora que después de su “retorno a Ítaca” durante su ausencia, “la bandarra Penélope no ha hecho más que destejer”. Y los franquistas, “cada día, al acabar la jornada, vacían el contenido del cajón en los bolsillos, y todavía se reservan el derecho de pernada”. Y aún desde el exilio, Josep Carner, escribió en 1957 ‘ Ulisses pensa en Ítaca’. Un poema en que esta es un espacio mental, fruto de la imaginación y del recuerdo. Y que, para el príncipe de los poetas, solo vuelve a ser real con el retorno del héroe.
Así pues, el exilio produjo un cambio en el imaginario del catalanismo. Ulises y su comportamiento perdió centralidad para ser reemplazado por el periplo y el destino como protagonistas. El propio Riba pavimentó este cambio traduciendo poesías del griego Konstantinos Kavafis. Entre ellos ‘ Ítaca’, que trasladaba la idea de que el viaje es más importante que llegar. La recopilación se publicó en 1962, cuando Riba ya había fallecido, pero ejerció un gran influjo sobre Lluís Llach.
El joven cantautor presentó en julio de 1975 el disco Viatge a Itaca musicando, con retoques –y haciéndola plana, Itaca–, el poema de Kavafis con su conocido inicio, “Quan surts per fer el viatge cap a Itaca has de pregar que el camí sigui llarg, ple d’aventures, ple de coneixença”. Contra la Penélope de Joan Manuel Serrat, una canción de desencanto amoroso, publicada seis años antes, la de Llach, en el inicio de la transición, se convirtió en himno político de una revolución personal y colectiva que marcaba una esperanza que para cada uno tenía un significado distinto. La canción marcó más de una generación de catalanes. Entre ellos, los políticos antifranquistas. Sobre todo los de izquierdas, que fueron los que más hablaron de Ítaca en clave política.
En 1985, el líder del PSC, Raimon Obiols, puso de ejemplo la Odisea como camino para acabar con la hegemonía pujolista que empezaba. En 1994, la Girona del alcalde socialista Joaquim Nadal se hermanó con la isla de Ítaca. Y todavía, el año 1997, en esa misma ciudad, se otorgó el premio Prudenci Bertrana a Ulisses a alta mar de Baltasar Porcel. Una novela sobre un periodista mallorquín establecido en Barcelona que, en medio de una crisis existencial, emprende un crucero para recorrer los escenarios del viaje homérico. El año siguiente Joan Alberich tradujo en prosa la obra de Homero, haciéndola más accesible para la docencia.
Durante la década de los ochenta y noventa, los articulistas establecieron paralelismos entre los destinos políticos de los partidos y el periplo de Odiseo. Pero quien después de 23 años llegó a Ítaca fue el socialismo. En diciembre del 2003 en el discurso de candidato a la presidencia de la Generalitat, Pasqual Maragall expresó que “como en el viaje simbólico de Ulises hemos ido más lejos y ahora hemos desembarcado en una isla nueva”. Y añadió que el país en cuatro años sería otro “y así irá haciendo camino Catalunya, como Ulises hacia Ítaca”.
Lluís Llach publica en 1975 ‘Viatge a Itaca’, donde musica con retoques el poema de Kavafis, contra la ‘Penélope’ de Serrat
En mayo del 2006, en la celebración blaugrana del título de Liga, el jugador Oleguer Presas exclamó, “Aunque nos llamen soñadores, seguimos caminando hacia la utopía. Seguimos avanzando hacia Ítaca”, después de publicar junto con Roc Casagran, el libro autobiográfico Camí d’Ítaca. Entonces el nuevo Estatut se aprobaba, modificado, en las Cortes y en referéndum en Catalunya. De forma simbólica, el clamor del futbolista independentista anunciaba que el referente cambiaba de bando.
En el cierre de campaña de las elecciones catalanas de noviembre de 2010, Artur Mas sostuvo que CiU estaba “como el viejo navegante, a punto de fondear”. El año siguiente, Joan Francesc Mira hizo una nueva traducción de la Odisea al catalán contemporáneo. Como si se hubiera inspirado, Mas, ya como presidente de la Generalitat, en el inicio del proceso independentista en el año 2012 expresó: “Queremos que en este viaje a Ítaca nos acompañen la gran mayoría de los catalanes”. Dos años después, a raíz de la comparecencia parlamentaria de Jordi Pujol por las cuentas no regularizadas en el extranjero, el diputado de la CUP, David Fernàndez, le dijo: “El procés enterrará el pujolismo y en el viaje a Ítaca usted no tendrá ninguna silla reservada”.
Pasado el 1 de octubre del 2017, la canción de Lluís Llach solo sirvió ya para que diez mil músicos la cantaran para pedir la libertad de los encarcelados por la votación. Dos años después, Xavier Domènech y Joan Tardà publicaron el libro conversación Entre Ítaca i Icària. Desde entonces, el símil parece agotado.
Catalunya, sin embargo, no ha perdido nunca de vista la Odisea . Ahora que investigadores británicos sostienen que la patria homérica real de Ulises no es la actual isla de Ítaca, sino la península de Paliki, en la isla jónica de Cefalonia, quién sabe si junto a la épica adaptación de Nolan, el catalanismo construirá una nueva metáfora de su situación y la del país.
Cultura
