Estoy enganchado a la sección – La doble vida – que Carlota Gurt (novelista, cuentista, ensayista, traductora y, desde hace poco, monologuista) publica en el digital cultural Catorze . La idea es tan sencilla como eficaz: Gurt escribe una crónica sobre la semana vivida durante las cincuenta y dos semanas de un año. Lo descubrí cuando ya llevaba publicadas treinta y tres crónicas, y las voy recuperando procurando no indigestarme y evitando los maratones de seriéfilo con problemas de autoestima.
Estoy enganchado a la sección – La doble vida – que Carlota Gurt (novelista, cuentista, ensayista, traductora y, desde hace poco, monologuista) publica en el digital cultural Catorze . La idea es tan sencilla como eficaz: Gurt escribe una crónica sobre la semana vivida durante las cincuenta y dos semanas de un año. Lo descubrí cuando ya llevaba publicadas treinta y tres crónicas, y las voy recuperando procurando no indigestarme y evitando los maratones de seriéfilo con problemas de autoestima.Seguir leyendo…
Estoy enganchado a la sección – La doble vida – que Carlota Gurt (novelista, cuentista, ensayista, traductora y, desde hace poco, monologuista) publica en el digital cultural Catorze . La idea es tan sencilla como eficaz: Gurt escribe una crónica sobre la semana vivida durante las cincuenta y dos semanas de un año. Lo descubrí cuando ya llevaba publicadas treinta y tres crónicas, y las voy recuperando procurando no indigestarme y evitando los maratones de seriéfilo con problemas de autoestima.

Oficialmente, el registro escogido por Gurt es el del dietario. Eso le permite no centrarse en la energía cascarrabias y la indignación de denuncia que suele utilizar como gasolina para sus artículos, pero, al mismo tiempo, sin renunciar del todo a estos recursos. El equilibrio entre la franqueza, el toque cotilla, la brocha gorda y la necesidad de, siguiendo criterios de aspersión, hablar de todo (y de nada), le dejan espacio suficiente para, exprimiendo el tono confesional, informal y documental del género, incluir referencias a su vida sentimental (un novio color “azul ballena” y un ex –“el padre de mis hijos”– igualmente letraherido) y familiar (los hijos, proveedores de puntos de vista intergeneracionales).
El dietario alterna momentos sentimentales y familiares y reflexiones literarias
Aunque solo sea por respeto al prestigio literario del dietario (cuentan que Franz Kafka escribió, en la entrada del dietario del día 2 de agosto de 1914: “Alemania ha declarado la guerra a Rusia. Por la tarde fui a nadar”, pero yo siempre he sospechado que se lo inventó Enrique Vila-Matas), buena parte de estas confesiones semanales tratan de las vulnerabilidades, las dudas y las grandezas del oficio. Estas inquietudes también abarcan sus servidumbres, que transforman una vocación en una concatenación de compromisos que te condenan a vivir la paradoja de, cuanto más te gusta la intimidad de la escritura, más necesaria es tu faceta pública y social.
Me imagino que el epígrafe La doble vida se refiere a una singularidad de Gurt: alterna semanas sola (o acompañada del hombre color azul ballena) y semanas con sus hijos, asumiendo todos los registros de la maternidad. Hace poco hablaba de unos días en l’Escala, con sus hijos y, con la desacomplejada precisión que define este dietario, escribía: “Por más que me levanto temprano para trabajar toda la mañana, tengo la sensación de vacaciones. Las vacaciones son, en parte, una actitud”. Haciendo uso de mi libertad como lector, imaginé a Gurt escribiendo “las vacaciones son una actitud”, así, sin matices, movida por un ramalazo categórico. Un ramalazo que enseguida debió obligarla a pensar en toda la sangre y el dolor que ha costado conseguir el derecho a tener vacaciones pagadas y, por prudencia, a añadir este “en parte”, elegante e indispensable para que las ideas, las emociones y la doble vida de autónoma públicamente compartida sigan siendo, también y sobre todo, un placer literario.
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