Pablo La Parra: “Sin una Filmoteca fuerte, nuestra memoria visual se borraría”

Vivimos rodeados de imágenes. Las consumimos en el móvil, en plataformas, en redes sociales y en pantallas de todo tipo. Nunca se había filmado tanto ni circulado tanto material audiovisual. Y, sin embargo, Pablo La Parra (Gandia, 1987) lanza una advertencia que parece una paradoja: nunca había sido tan fácil perderlo.

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 El director de la Filmoteca de Catalunya encara una nueva etapa marcada por el despliegue de la nueva ley que dota de autonomía a la institución   

Vivimos rodeados de imágenes. Las consumimos en el móvil, en plataformas, en redes sociales y en pantallas de todo tipo. Nunca se había filmado tanto ni circulado tanto material audiovisual. Y, sin embargo, Pablo La Parra (Gandia, 1987) lanza una advertencia que parece una paradoja: nunca había sido tan fácil perderlo.

Dos años después de asumir la dirección de la Filmoteca de Catalunya y coincidiendo con la aprobación de la ley que dota de autonomía a la institución, reivindica el papel de los archivos públicos como diques frente al olvido audiovisual. La conversación arranca hablando de la nueva norma, pero pronto deriva hacia cuestiones mucho más amplias: la fragilidad de la memoria, la velocidad de los cambios tecnológicos, el papel de las instituciones culturales y la necesidad de seguir encontrándose en una sala para ver y pensar las imágenes.

Nunca se han producido tantas imágenes

La preservación cinematográfica ya no consiste únicamente en conservar películas antiguas. El reto afecta también al presente. Quizá sobre todo al presente.

“Vivimos en un mundo embullido por la sobreproducción”, afirma La Parra. “Tenemos que preguntarnos cómo vamos a hacernos cargo de toda la producción audiovisual contemporánea, cómo va a llegar a las generaciones futuras y cómo podemos garantizar la pervivencia de estas imágenes y de estos sonidos”.

La Filmoteca convive cada día con una paradoja. Por un lado, mantiene vivas tecnologías que la industria ha declarado obsoletas. Por otro, trabaja con sistemas de preservación digital adaptados a los estándares más avanzados.

“Trabajamos siempre con las dos caras de la misma moneda”, explica. “Conservamos conocimientos técnicos que ya no existen en otros ámbitos y, al mismo tiempo, somos una filmoteca plenamente digital”.

La institución impulsa actualmente la digitalización en 4K de clásicos del cine catalán a través del programa Visibilitzem el cinema català. Gracias a ello, películas como Pont de Varsòvia, de Pere Portabella, vuelven a circular por festivales y cinematecas internacionales. Pero el director insiste en que la digitalización no puede sustituir a la conservación de los materiales originales.

Entrevista a Pablo La Parra, director de la Filmoteca de Catalunya.
Entrevista a Pablo La Parra, director de la Filmoteca de Catalunya.Andreu Esteban / Propias

“La digitalización es una herramienta extraordinaria de difusión, pero no sustituye la preservación fotoquímica. Hemos de conservar la fuente original”, afirma.

La memoria no puede depender del mercado

A lo largo de la conversación aparece una idea recurrente: la preservación del patrimonio cinematográfico nunca ha sido una prioridad para la industria.

“La industria cinematográfica destruyó durante décadas copias para garantizar la rentabilidad comercial de los títulos. También ha impulsado cambios tecnológicos muy agresivos para mantener esa rentabilidad. Las filmotecas han trabajado siempre a contracorriente de esos movimientos para preservar el patrimonio desde una lógica pública”.

Para La Parra, el fortalecimiento de instituciones patrimoniales como la Filmoteca no responde a una mirada nostálgica sobre el pasado, sino a una necesidad contemporánea.

“Ahora que vivimos una aceleración constante de los cambios tecnológicos, tiene más sentido que nunca reforzar una Filmoteca pública. No es un movimiento anacrónico. Es una respuesta a las exigencias patrimoniales de nuestro tiempo”.

La reflexión conecta con una cuestión que trasciende el cine: quién se responsabiliza de conservar la memoria colectiva cuando los intereses económicos se concentran en producir y distribuir contenidos cada vez más rápido.

“Sin una Filmoteca fuerte, nuestra memoria visual se borraría”.

La ley que cambia la Filmoteca

La aprobación de la Ley del Institut de la Filmoteca Nacional de Catalunya marca un antes y un después en la historia de la institución.

Hasta ahora, la Filmoteca dependía administrativamente del Institut Català de les Empreses Culturals (ICEC). La nueva norma le otorga personalidad jurídica propia y plena autonomía de gestión.

“El ICEC y la Filmoteca tienen misiones muy distintas”, explica. “El ICEC realiza una labor fundamental de apoyo a la producción cultural y audiovisual. Nosotros tenemos una misión altamente especializada: preservar, investigar y difundir el patrimonio cinematográfico”.

La Parra considera que la nueva estructura fortalece el conjunto del sistema audiovisual catalán.

“Por primera vez, la Generalitat cuenta con dos instrumentos complementarios: uno dedicado a impulsar la creación contemporánea y otro a garantizar su preservación”.

La ley también reconoce oficialmente a la Filmoteca como equipamiento nacional de referencia y amplía sus competencias en ámbitos como la investigación, la educación, la cooperación internacional y la extensión territorial.

Entrevista a Pablo La Parra, director de la Filmoteca de Catalunya.
Entrevista a Pablo La Parra, director de la Filmoteca de Catalunya.Andreu Esteban / Propias

Vivimos en el siglo del cine

Uno de los momentos más reveladores de la conversación llega cuando surge el viejo debate sobre la supuesta muerte del cine.

La respuesta de La Parra es inmediata.

“Yo diría exactamente lo contrario: vivimos en el siglo del cine”.

La afirmación no se refiere únicamente a la producción cinematográfica. Tiene que ver con el lugar que ocupan hoy las imágenes en nuestras vidas.

“Nunca hemos vivido en un mundo tan audiovisual. El cine nos enseña a relacionarnos críticamente con las imágenes y esa función es más necesaria que nunca”.

Desde esta perspectiva, la Filmoteca ya no puede limitarse a ser un archivo especializado. Debe funcionar también como un espacio de programación, pensamiento y mediación cultural.

La institución recibe cada año a miles de estudiantes a través de sus programas educativos, impulsa proyectos comunitarios en el Raval y desarrolla exposiciones que amplían las formas de acercarse al patrimonio cinematográfico.

Este mes de julio ha inaugurado Feminismes fílmics, una revisión feminista de sus colecciones coincidiendo con el cincuentenario de las Jornades Catalanes de la Dona. En otoño llegarán ciclos dedicados a Roberto Rossellini, Paul Thomas Anderson, Keisuke Kinoshita y una gran retrospectiva integral de David Lynch.

“Nunca miramos la historia del cine como un repertorio cerrado. Siempre la revisamos desde las preguntas del presente”.

Del archivo al país

La nueva ley también refuerza la vocación nacional de la Filmoteca.

Actualmente la institución colabora con más de una treintena de cineclubs de toda Catalunya y distribuye un catálogo de películas subtituladas en catalán a través de la red de cineclubes.

Pero La Parra cree que todavía queda mucho camino por recorrer.

“Uno de nuestros grandes objetivos es multiplicar la presencia de la Filmoteca en todo el territorio”.

El director insiste en que esa expansión no debe entenderse como una imposición desde Barcelona.

“No se trata de que aterrice una especie de OVNI llamado Filmoteca. Se trata de dialogar con iniciativas que ya existen, aprender de ellas y construir alianzas”.

La dimensión internacional forma parte también de esta estrategia. La institución participa activamente en la Federación Internacional de Archivos Fílmicos (FIAF) y desarrolla proyectos de alcance global como la Acció Portabella, que moviliza a un centenar de instituciones de treinta países en torno a la obra del cineasta catalán.

Donde todavía se habla de cine

Cuando se le pregunta cómo imagina la Filmoteca dentro de diez años, La Parra no habla de presupuestos ni de edificios.

Habla de personas.

Le gustaría consolidar un gran centro público de preservación e investigación cinematográfica, pero también mantener vivo algo más difícil de medir.

“Me gustaría que fuera el lugar donde, en medio de la proliferación de plataformas, pantallas y virtualidades, la gente siguiera encontrándose para hablar de cine”.

Quizá ahí resida la verdadera misión de una filmoteca en el siglo XXI. No sólo conservar películas. También preservar el espacio donde las imágenes siguen siendo una experiencia compartida y una conversación colectiva.

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