A las diez de la mañana del 17 de agosto, a unos 30 metros de profundidad y cerca de la isla de San Andrés, en aguas del parque de Cabo de Gata, la temperatura del mar rondaba los 30 grados. Algo nunca visto por los más veteranos instructores de buceo del Levante almeriense, que se han pasado buena parte de este verano de 2026 haciendo las inmersiones en bañador y sin neopreno, como si el Mediterráneo fuera el Caribe. El verano meteorológico que ayer se cerró —que abarca desde el 1 de junio al 31 de agosto— ha sido de récord tanto en tierra como en el mar. Y uno de los efectos que ha dejado es un incremento notabilísimo en el número de muertes prematuras asociadas a las temperaturas extremas.
El país ha vivido cuatro olas de calor extremo mientras la temperatura del mar también ha batido récords
A las diez de la mañana del 17 de agosto, a unos 30 metros de profundidad y cerca de la isla de San Andrés, en aguas del parque de Cabo de Gata, la temperatura del mar rondaba los 30 grados. Algo nunca visto por los más veteranos instructores de buceo del Levante almeriense, que se han pasado buena parte de este verano de 2026 haciendo las inmersiones en bañador y sin neopreno, como si el Mediterráneo fuera el Caribe. El verano meteorológico que ayer se cerró —que abarca desde el 1 de junio al 31 de agosto— ha sido de récord tanto en tierra como en el mar. Y uno de los efectos que ha dejado es un incremento notabilísimo en el número de muertes prematuras asociadas a las temperaturas extremas.
El Sistema de Monitorización de la Mortalidad Diaria (MoMo), del Instituto de Salud Carlos III y el Ministerio de Sanidad, estima que 5.111 personas fallecieron en España como consecuencia del calor durante los tres meses de verano meteorológico: 937 en junio, 2.025 en julio y 2.149 en agosto. Si a estas cifras le sumamos las 123 muertes de mayo, cuando se produjo un temprano episodio de calor extremo, la cifra de este periodo estival que computa Sanidad llega a las 5.234.
Es la mayor cifra desde que se publican estos datos, en 2015. El anterior estío con más mortalidad debido a las altas temperaturas fue 2022, cuando el cálculo ascendió a 4.789 decesos.
Estas cifras no son un recuento de las personas que mueren por calor. Es una estimación que proviene de cruzar los datos de fallecimientos del Registro Civil con los umbrales en los que Sanidad calcula que las temperaturas son más peligrosas para la salud. A partir del exceso de mortalidad —el número de muertes que superan las que eran previsibles— se aplica un algoritmo para determinar cuáles tuvieron como desencadenante el calor.
No se trata, pues, de golpes de calor, esos fenómenos súbitos que provocan la muerte de personas que están expuestas al sol a pleno día, generalmente por trabajo o por deporte, y que se cuentan por unas decenas cada año. Es un fenómeno más sutil, que no aparece en los certificados de defunción: el calor menoscaba la salud de personas vulnerables, generalmente con enfermedades previas, y desencadena procesos que pueden acabar con su vida cuando se suceden varios días de temperaturas muy altas. Por eso, casi todos los fallecidos (el 97%) por altas temperaturas que calcula el MoMo tenían más de 65 años. Y más de la mitad (6 de cada 10) tenía más de 85 años.
Otros sistemas, como la aplicación MACE, elevan la cifra de fallecidos por el calor por encima de los 17.000. Esta discrepancia se debe a que el MoMo usa solo los umbrales de temperaturas extremas para su cálculo, mientras el de MACE es más amplio y engloba a todos los que murieron por calor.
La Agencia Estatal de Meteorología (Aemet) está preparando ya su balance mensual y estacional, que se publicará en los próximos días, cuando ya estén consolidados todos los datos. Pero lo que se ha ido registrando durante estos tres meses apuntan a un año con un calor fuera de lo normal. Tanto, que la semana pasada la Aemet ya adelantó que “es prácticamente seguro que será el más cálido de la serie histórica en la España peninsular”. Esa serie arranca en los años sesenta del siglo pasado.
Según indicó esta agencia pública, la temperatura media diaria de la temporada ha estado 2,5 grados por encima de lo normal, tomando como referencia el periodo comprendido entre 1991 y 2020. El anterior verano más cálido registrado hasta ahora fue el del pasado año y el tercero, el de 2022. Esta concentración de récord en esta década es un indicador del cambio climático, que hace que los récord apenas duren un suspiro.
Además, el cambio climático hace que se incrementen los eventos meteorológicos extremos, como las olas de calor, que se están volviendo más frecuentes e intensas. De las 78 olas de calor que tiene contabilizadas la Aemet en la España peninsular en los últimos 50 años, 31 (el 40%) se han producido entre 2015 y 2025. Además, han crecido en intensidad y duración: en la última década, cada ola se extendió de media durante 7,2 días, frente a los 5 días de los anteriores 40 años. Es decir, ahora duran en España un 30% más.
Al verano de récord de 2026 han contribuido sobremanera las altas temperaturas sostenidas tanto en junio como en julio. Durante estos dos meses se sucedieron cuatro olas de calor en la España peninsular. La primera empezó el 21 de junio y duró cuatro días. La segunda se registró entre el 5 y el 9 de julio, y la tercera entre el 21 y el 23. La cuarta arrancó el 29 de julio y se prevé que se extienda hasta el 1 de agosto.
Estos episodios extremos han contribuido también a preparar el terreno para una temporada nefasta de incendios. Entre el 1 de julio y el 26 de agosto, según los datos del sistema europeo Copernicus, casi 250.000 hectáreas se vieron afectadas por los incendios en España. Y en el mar este calor sostenido durante junio y julio llevó a que se marcara otro increíble récord: en la boya de sa Dragonera, frente a Mallorca (Baleares), se registraron a las cuatro de la tarde 33,02 grados Celsius, la temperatura del mar más alta en España recogida hasta ahora en el sistema de control de Puertos del Estado. El anterior récord databa de agosto de 2024, y fue más de un grado menor.
España no ha sido un caso aislado, porque buena parte de la Europa occidental ha vivido también un tórrido verano, que ha disparado los fallecimientos. En Alemania, por ejemplo, se produjeron 9.600 fallecimientos relacionados con el calor durante la ola de calor registrada entre el 22 y el 28 de junio. En Francia, fueron 5.764 los decesos registrados entre el 17 al 30 de junio.
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