Peces y cocaína. La relación puede parecer extraña, pero es cada vez más habitual. Porque muchos sistemas fluviales, incluidos lagos y ríos, están experimentando un aumento de benzoilecgonina, el principal metabolito de la cocaína que los humanos excretamos después de consumir dicha droga. Algunos estudios han determinado que la exposición a esta sustancia provoca cambios en los hábitos alimenticios y de reproducción de estos animales, así como una afectación de su visión o que se vuelvan ‘hiperactivos’. El problema de todos estos trabajos es que se ha probado con peces en cautividad. Pero ahora, un nuevo estudio internacional liderado por la Universidad de Griffith, junto con la Universidad Sueca de Ciencias Agrícolas, la Sociedad Zoológica de Londres y el Instituto Max Planck de Comportamiento Animal, ha demostrado por primera vez que la cocaína puede alterar su comportamiento también en condiciones naturales, donde los animales están expuestos a múltiples estímulos, tienen que competir por los recursos, sortear a los depredadores y sobrevivir a los cambios ambientales. Los resultados acaban de publicarse en la revista ‘ Current Biology ‘. El experimentoPara evaluar el impacto real de estos contaminantes, los investigadores monitorizaron 105 salmones atlánticos juveniles (Salmo salar) durante ocho semanas en el lago Vättern (Suecia). Los ejemplares fueron distribuidos en tres grupos experimentales: un grupo control, un grupo expuesto a cocaína y un tercero expuesto a benzoilecgonina, principal metabolito de la cocaína y compuesto detectado frecuentemente en aguas residuales urbanas.Noticia relacionada No Estos animales ‘inmortales’ custodian el secreto de la eterna juventud Patricia BioscaLos animales portaban implantes químicos de liberación lenta —una especie de parches que iba liberando la sustancia poco a poco— y fueron seguidos mediante telemetría acústica, técnica que permite reconstruir trayectorias y patrones espaciales con alta precisión sin interferir significativamente en el comportamiento natural.Hasta 12,3 kilómetros más lejosLos resultados mostraron que los peces expuestos a benzoilecgonina recorrieron hasta 1,9 veces más distancia semanal que los individuos no expuestos. Además, se dispersaron hasta 12,3 kilómetros más lejos a en el lago.Según los autores, estos cambios se intensificaron con el tiempo, lo que indica que la exposición no generó únicamente respuestas transitorias, sino modificaciones progresivas en la forma en que los peces utilizan el espacio dentro de un ecosistema complejo.Este hallazgo resulta particularmente relevante porque el movimiento animal constituye un proceso ecológico central: determina el acceso a alimento, el encuentro con depredadores, la competencia intraespecífica y la conectividad entre poblaciones. «El lugar al que van los peces determina qué comen, quién se los come y cómo se estructuran las poblaciones —señala Marcus Michelangeli, coautor del estudio—. Si la contaminación está cambiando estos patrones, tiene el potencial de afectar a los ecosistemas de maneras que apenas estamos empezando a comprender». El metabolito importa más que la droga originalUno de los aspectos más novedosos del estudio fue comprobar que la benzoilecgonina produjo «efectos más intensos» que la propia cocaína. Este resultado cuestiona los enfoques tradicionales de evaluación de riesgo ambiental, centrados habitualmente en el compuesto original y no en sus productos de degradación o metabolitos, por lo que los autores sugieren que los protocolos regulatorios actuales podrían estar infravalorando impactos biológicos relevantes.Noticia relacionada general No No ‘Bruce’, el loro con medio pico que ha hecho de su discapacidad su fortaleza y ahora es el macho alfa J. de JorgeLa presencia de cocaína y sus metabolitos en ríos, lagos y estuarios se ha documentado en numerosos países. Estas sustancias alcanzan el medio acuático principalmente a través de estaciones depuradoras que no fueron diseñadas para eliminar completamente microcontaminantes farmacológicos y drogas recreativas.Durante las últimas dos décadas, la preocupación científica se ha centrado en antibióticos, hormonas sintéticas, antidepresivos y analgésicos. Sin embargo, las drogas ilegales y sus derivados están ganando atención como contaminantes emergentes por su potencial para interferir con la fisiología y conducta de la fauna.Sin riesgo para el consumo humanoLos investigadores subrayan que los resultados no implican un riesgo para las personas que consumen pescado. Los niveles de exposición utilizados reflejan concentraciones ya detectadas en aguas contaminadas, los compuestos se degradan con el tiempo y los ejemplares analizados eran peces jóvenes por debajo de la talla legal de captura.«La idea de que la cocaína afecte a los peces puede parecer sorprendente, pero la realidad es que la vida silvestre ya está expuesta a una amplia gama de drogas derivadas del ser humano de forma diaria», explica Michelangeli. Y añade: «Lo inusual no es el experimento, sino lo que ya está sucediendo en nuestros cursos de agua». Próximos pasosLos autores señalan que futuras investigaciones deberán determinar la extensión geográfica de estos efectos, identificar qué especies son más vulnerables y comprobar si los cambios de movimiento observados se traducen en alteraciones de supervivencia, reproducción o éxito migratorio. «En especies como el salmón atlántico, cuyo ciclo vital depende de desplazamientos precisos entre hábitats, incluso pequeñas alteraciones conductuales podrían tener consecuencias demográficas significativas», indican los autores.Además, los investigadores señalan la necesidad de incorporar contaminantes emergentes y sus metabolitos a los programas de vigilancia ambiental, así como de modernizar los sistemas de depuración urbana para reducir la entrada de compuestos bioactivos en la naturaleza. Peces y cocaína. La relación puede parecer extraña, pero es cada vez más habitual. Porque muchos sistemas fluviales, incluidos lagos y ríos, están experimentando un aumento de benzoilecgonina, el principal metabolito de la cocaína que los humanos excretamos después de consumir dicha droga. Algunos estudios han determinado que la exposición a esta sustancia provoca cambios en los hábitos alimenticios y de reproducción de estos animales, así como una afectación de su visión o que se vuelvan ‘hiperactivos’. El problema de todos estos trabajos es que se ha probado con peces en cautividad. Pero ahora, un nuevo estudio internacional liderado por la Universidad de Griffith, junto con la Universidad Sueca de Ciencias Agrícolas, la Sociedad Zoológica de Londres y el Instituto Max Planck de Comportamiento Animal, ha demostrado por primera vez que la cocaína puede alterar su comportamiento también en condiciones naturales, donde los animales están expuestos a múltiples estímulos, tienen que competir por los recursos, sortear a los depredadores y sobrevivir a los cambios ambientales. Los resultados acaban de publicarse en la revista ‘ Current Biology ‘. El experimentoPara evaluar el impacto real de estos contaminantes, los investigadores monitorizaron 105 salmones atlánticos juveniles (Salmo salar) durante ocho semanas en el lago Vättern (Suecia). Los ejemplares fueron distribuidos en tres grupos experimentales: un grupo control, un grupo expuesto a cocaína y un tercero expuesto a benzoilecgonina, principal metabolito de la cocaína y compuesto detectado frecuentemente en aguas residuales urbanas.Noticia relacionada No Estos animales ‘inmortales’ custodian el secreto de la eterna juventud Patricia BioscaLos animales portaban implantes químicos de liberación lenta —una especie de parches que iba liberando la sustancia poco a poco— y fueron seguidos mediante telemetría acústica, técnica que permite reconstruir trayectorias y patrones espaciales con alta precisión sin interferir significativamente en el comportamiento natural.Hasta 12,3 kilómetros más lejosLos resultados mostraron que los peces expuestos a benzoilecgonina recorrieron hasta 1,9 veces más distancia semanal que los individuos no expuestos. Además, se dispersaron hasta 12,3 kilómetros más lejos a en el lago.Según los autores, estos cambios se intensificaron con el tiempo, lo que indica que la exposición no generó únicamente respuestas transitorias, sino modificaciones progresivas en la forma en que los peces utilizan el espacio dentro de un ecosistema complejo.Este hallazgo resulta particularmente relevante porque el movimiento animal constituye un proceso ecológico central: determina el acceso a alimento, el encuentro con depredadores, la competencia intraespecífica y la conectividad entre poblaciones. «El lugar al que van los peces determina qué comen, quién se los come y cómo se estructuran las poblaciones —señala Marcus Michelangeli, coautor del estudio—. Si la contaminación está cambiando estos patrones, tiene el potencial de afectar a los ecosistemas de maneras que apenas estamos empezando a comprender». El metabolito importa más que la droga originalUno de los aspectos más novedosos del estudio fue comprobar que la benzoilecgonina produjo «efectos más intensos» que la propia cocaína. Este resultado cuestiona los enfoques tradicionales de evaluación de riesgo ambiental, centrados habitualmente en el compuesto original y no en sus productos de degradación o metabolitos, por lo que los autores sugieren que los protocolos regulatorios actuales podrían estar infravalorando impactos biológicos relevantes.Noticia relacionada general No No ‘Bruce’, el loro con medio pico que ha hecho de su discapacidad su fortaleza y ahora es el macho alfa J. de JorgeLa presencia de cocaína y sus metabolitos en ríos, lagos y estuarios se ha documentado en numerosos países. Estas sustancias alcanzan el medio acuático principalmente a través de estaciones depuradoras que no fueron diseñadas para eliminar completamente microcontaminantes farmacológicos y drogas recreativas.Durante las últimas dos décadas, la preocupación científica se ha centrado en antibióticos, hormonas sintéticas, antidepresivos y analgésicos. Sin embargo, las drogas ilegales y sus derivados están ganando atención como contaminantes emergentes por su potencial para interferir con la fisiología y conducta de la fauna.Sin riesgo para el consumo humanoLos investigadores subrayan que los resultados no implican un riesgo para las personas que consumen pescado. Los niveles de exposición utilizados reflejan concentraciones ya detectadas en aguas contaminadas, los compuestos se degradan con el tiempo y los ejemplares analizados eran peces jóvenes por debajo de la talla legal de captura.«La idea de que la cocaína afecte a los peces puede parecer sorprendente, pero la realidad es que la vida silvestre ya está expuesta a una amplia gama de drogas derivadas del ser humano de forma diaria», explica Michelangeli. Y añade: «Lo inusual no es el experimento, sino lo que ya está sucediendo en nuestros cursos de agua». Próximos pasosLos autores señalan que futuras investigaciones deberán determinar la extensión geográfica de estos efectos, identificar qué especies son más vulnerables y comprobar si los cambios de movimiento observados se traducen en alteraciones de supervivencia, reproducción o éxito migratorio. «En especies como el salmón atlántico, cuyo ciclo vital depende de desplazamientos precisos entre hábitats, incluso pequeñas alteraciones conductuales podrían tener consecuencias demográficas significativas», indican los autores.Además, los investigadores señalan la necesidad de incorporar contaminantes emergentes y sus metabolitos a los programas de vigilancia ambiental, así como de modernizar los sistemas de depuración urbana para reducir la entrada de compuestos bioactivos en la naturaleza.
Peces y cocaína. La relación puede parecer extraña, pero es cada vez más habitual. Porque muchos sistemas fluviales, incluidos lagos y ríos, están experimentando un aumento de benzoilecgonina, el principal metabolito de la cocaína que los humanos excretamos después de consumir dicha droga. Algunos … estudios han determinado que la exposición a esta sustancia provoca cambios en los hábitos alimenticios y de reproducción de estos animales, así como una afectación de su visión o que se vuelvan ‘hiperactivos’.
El problema de todos estos trabajos es que se ha probado con peces en cautividad. Pero ahora, un nuevo estudio internacional liderado por la Universidad de Griffith, junto con la Universidad Sueca de Ciencias Agrícolas, la Sociedad Zoológica de Londres y el Instituto Max Planck de Comportamiento Animal, ha demostrado por primera vez que la cocaína puede alterar su comportamiento también en condiciones naturales, donde los animales están expuestos a múltiples estímulos, tienen que competir por los recursos, sortear a los depredadores y sobrevivir a los cambios ambientales. Los resultados acaban de publicarse en la revista ‘Current Biology‘.
El experimento
Para evaluar el impacto real de estos contaminantes, los investigadores monitorizaron 105 salmones atlánticos juveniles (Salmo salar) durante ocho semanas en el lago Vättern (Suecia). Los ejemplares fueron distribuidos en tres grupos experimentales: un grupo control, un grupo expuesto a cocaína y un tercero expuesto a benzoilecgonina, principal metabolito de la cocaína y compuesto detectado frecuentemente en aguas residuales urbanas.
Los animales portaban implantes químicos de liberación lenta —una especie de parches que iba liberando la sustancia poco a poco— y fueron seguidos mediante telemetría acústica, técnica que permite reconstruir trayectorias y patrones espaciales con alta precisión sin interferir significativamente en el comportamiento natural.
Hasta 12,3 kilómetros más lejos
Los resultados mostraron que los peces expuestos a benzoilecgonina recorrieron hasta 1,9 veces más distancia semanal que los individuos no expuestos. Además, se dispersaron hasta 12,3 kilómetros más lejos a en el lago.
Según los autores, estos cambios se intensificaron con el tiempo, lo que indica que la exposición no generó únicamente respuestas transitorias, sino modificaciones progresivas en la forma en que los peces utilizan el espacio dentro de un ecosistema complejo.
Este hallazgo resulta particularmente relevante porque el movimiento animal constituye un proceso ecológico central: determina el acceso a alimento, el encuentro con depredadores, la competencia intraespecífica y la conectividad entre poblaciones. «El lugar al que van los peces determina qué comen, quién se los come y cómo se estructuran las poblaciones —señala Marcus Michelangeli, coautor del estudio—. Si la contaminación está cambiando estos patrones, tiene el potencial de afectar a los ecosistemas de maneras que apenas estamos empezando a comprender».
El metabolito importa más que la droga original
Uno de los aspectos más novedosos del estudio fue comprobar que la benzoilecgonina produjo «efectos más intensos» que la propia cocaína. Este resultado cuestiona los enfoques tradicionales de evaluación de riesgo ambiental, centrados habitualmente en el compuesto original y no en sus productos de degradación o metabolitos, por lo que los autores sugieren que los protocolos regulatorios actuales podrían estar infravalorando impactos biológicos relevantes.
Noticia relacionada
La presencia de cocaína y sus metabolitos en ríos, lagos y estuarios se ha documentado en numerosos países. Estas sustancias alcanzan el medio acuático principalmente a través de estaciones depuradoras que no fueron diseñadas para eliminar completamente microcontaminantes farmacológicos y drogas recreativas.
Durante las últimas dos décadas, la preocupación científica se ha centrado en antibióticos, hormonas sintéticas, antidepresivos y analgésicos. Sin embargo, las drogas ilegales y sus derivados están ganando atención como contaminantes emergentes por su potencial para interferir con la fisiología y conducta de la fauna.
Sin riesgo para el consumo humano
Los investigadores subrayan que los resultados no implican un riesgo para las personas que consumen pescado. Los niveles de exposición utilizados reflejan concentraciones ya detectadas en aguas contaminadas, los compuestos se degradan con el tiempo y los ejemplares analizados eran peces jóvenes por debajo de la talla legal de captura.
«La idea de que la cocaína afecte a los peces puede parecer sorprendente, pero la realidad es que la vida silvestre ya está expuesta a una amplia gama de drogas derivadas del ser humano de forma diaria», explica Michelangeli. Y añade: «Lo inusual no es el experimento, sino lo que ya está sucediendo en nuestros cursos de agua».
Próximos pasos
Los autores señalan que futuras investigaciones deberán determinar la extensión geográfica de estos efectos, identificar qué especies son más vulnerables y comprobar si los cambios de movimiento observados se traducen en alteraciones de supervivencia, reproducción o éxito migratorio.
«En especies como el salmón atlántico, cuyo ciclo vital depende de desplazamientos precisos entre hábitats, incluso pequeñas alteraciones conductuales podrían tener consecuencias demográficas significativas», indican los autores.
Además, los investigadores señalan la necesidad de incorporar contaminantes emergentes y sus metabolitos a los programas de vigilancia ambiental, así como de modernizar los sistemas de depuración urbana para reducir la entrada de compuestos bioactivos en la naturaleza.
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