Héctor Gómez, 17 años, alto, delgado, 1,80 metros, viste una camiseta del equipo de fútbol del Paris Saint-Germain (más por imagen que por convicción). Tiene el pelo negro, con un corte que semeja al que llevaba hace tiempo el delantero del Barcelona Lamine Yamal; a su lado, descansa una mochila oscura de una marca que fue una diosa en la mitología. Es un gran estudiante, llegará a la EBAU —del 1 al 4 de junio— con una media de nueve sobre 10. Quiere ser ingeniero industrial P.A.R.S —grado de corte en la Universidad Politécnica de Madrid 2025/2026: 13,525, está vinculado con el máster—. Se ha formado en el colegio privado madrileño Ramón y Cajal. Desde luego, maneja la física básica. El tiempo es la relación entre la distancia y la velocidad. Quizá esa variable es la más importante para miles de chicos que se examinan en pocas semanas de la Selectividad (oficialmente, Prueba de Acceso a la Universidad, PAU) que quieren obtener el mayor partido al tic-tac del reloj. ¿Cómo hacerlo? Alumnos, profesores, neurocientíficos, psicólogos, expertos relatan la forma de apurar con éxito esas horas cada vez más finitas.
Técnicas, herramientas y consejos basados en la práctica de otros alumnos, profesores, psicólogos, neurocientíficos y expertos educativos para afrontar el examen
Héctor Gómez, 17 años, alto, delgado, 1,80 metros, viste una camiseta del equipo de fútbol del Paris Saint-Germain (más por imagen que por convicción). Tiene el pelo negro, con un corte que semeja al que llevaba hace tiempo el delantero del Barcelona Lamine Yamal; a su lado, descansa una mochila oscura de una marca que fue una diosa en la mitología. Es un gran estudiante, llegará a la EBAU —del 1 al 4 de junio— con una media de nueve sobre 10. Quiere ser ingeniero industrial P.A.R.S —grado de corte en la Universidad Politécnica de Madrid 2025/2026: 13,525, está vinculado con el máster—. Se ha formado en el colegio privado madrileño Ramón y Cajal. Desde luego, maneja la física básica. El tiempo es la relación entre la distancia y la velocidad. Quizá esa variable es la más importante para miles de chicos que se examinan en pocas semanas de la Selectividad (oficialmente, Prueba de Acceso a la Universidad, PAU) que quieren obtener el mayor partido al tic-tac del reloj. ¿Cómo hacerlo? Alumnos, profesores, neurocientíficos, psicólogos, expertos relatan la forma de apurar con éxito esas horas cada vez más finitas.
Héctor ha organizado su propio sumario de estudios. Distingue entre los días que tiene clases y los que no. En los primeros, dedica más tiempo a las asignaturas que exigen memorizar: Historia, Filosofía o Literatura. Las formaciones técnicas son más fáciles para él: Física, Matemáticas y Dibujo técnico. Esas jornadas, llega a las 15.00 del colegio y estudia cinco horas. “Pero solo puedo concentrarme 25 minutos seguidos, así que paro cinco, y descanso”, explica Gómez. El calendario marca el fin de semana. Primero completa todos los deberes y de 11.00 a 15.00 regresa a los saberes de memoria. Se detiene. Y vuelve a ellos entre las 18.00 y las 21.00. “Después, dedico una hora a repasar todo el día, las asignaturas completas”, añade el estudiante. “Es un método propio, nadie me lo ha enseñado, y también voy al gimnasio, hora y media, para desconectar”, narra.
Estudiar de memoria
En el otro lado del campo, aunque con el mismo nombre, Héctor Roldán se ha formado en las aulas de la escuela concertada valenciana Pío XII. Su sueño es ser profesor universitario de Filología Española (corte en la Facultad de Valencia: 10,172, en el curso pasado). Llega a la PAU también con un 9. La división de saberes se reparte en dos. Asignaturas troncales: Castellano, Valenciano, Filosofía, Inglés, Historia de España y Literatura. Y aparte ha escogido Latín, Griego e Historia del Arte. “Estudio unas cinco horas al día, sobre todo aquellas materias que exigen bastante memorización. Otras, como Literatura, resultan sencillas: voy muy bien. Ese sprint final para mí acude en el último trimestre”. Nadie le ha enseñado, tampoco, a organizarse. En este caso, el gimnasio ha sido sustituido por el teatro musical. Actúa —cuando le dejan los estudios— en la Sala Off.
Pero la realidad es dura estas últimas semanas. “Los chicos afrontan unos niveles de ansiedad inmensa; las notas de corte son muy altas en muchas enseñanzas [Medicina, Ingeniería, Matemáticas] y, ellos mismos, empujados por el entorno, se someten a una presión insoportable”, advierte Francisco Martín, profesor de Historia en el Centro Pío XII. “En segundo de Bachillerato ya saben cómo estudiar. Pero yo no enseño Historia, sino —ya es triste— a preparar el examen”, se lamenta. Y sostiene tres consejos sólidos: “Aprender a convivir con la ansiedad: si no la controlas, te perjudica. Relativizar: hay muchas oportunidades. Y probar diferentes métodos de estudio: desde mejorar la escritura y la comprensión lectora, escribiendo, con un sencillo bolígrafo y leer más, y ayudarse de tecnologías como escuchar podcasts”. Sin embargo, resume, la ansiedad es el reto más difícil cuando los alumnos se enfrentan a la Selectividad.
Adiós a los tranquilizantes
Primero se deben descartar ansiolíticos (medicamentos), bebidas energéticas y similares. Porque producen un efecto contrario. “Hay que establecer una estrategia. No todas las materias puntúan igual y merece la pena centrarse, aunque resulten más difíciles, en aquellas que dan más recompensa”, aconseja Sergio Cook, psicólogo y orientador educativo. Establecer un horario de estudio. Eso no pasa por dedicarle 10 horas al día a estudiar porque la capacidad de concentración resulta limitada. Desde luego, hacer ejercicio, ayuda y también practicar con exámenes reales. Es una propuesta cada vez más extendida: aprovechar mayo, que no hay clases, para consultar con los profesores dudas en el instituto. “¿Voy en la línea adecuada o debo cambiar? Es algo que calma mucho a los estudiantes porque se sienten seguros”, detalla el orientador. Y estudiar en grupo, en parejas, ayuda a enfocar mejor un tema, ver si se está alineado con lo que se exigirá. Generar lo que ahora en educación se denomina “situaciones de aprendizaje”. Esto relaja a la persona y le da confianza y seguridad. Y esos exámenes prácticos pueden completarse en casa y corregirlos en el instituto. Es una guía del comportamiento humano.
Y aquí entra la neurociencia, que aporta algo tan esencial en el estudio como la concentración. La neurocientífica Ana Ibáñez estimaba en un diálogo en BBVA que esa habilidad consume entre cinco y ocho minutos. Su propuesta es crear una “burbuja de concentración”. Primero generando ondas Alpha —las de la calma, a través, por ejemplo, de un ejercicio intenso y breve, o escuchar una música animada— e ir bajando el volumen del ruido exterior para activar las ondas Beta; esto impulsa la concentración. Así se potencian las áreas frontal y prefrontal del lado izquierdo cerebral. No se puede hacer de golpe: exige un ritmo paulatino, por ejemplo, con una música más reposada. “Ayuda mucho fijar un objeto concreto: yo uso una vela con olor para concentrarme, porque le recuerda al cerebro su función de esfuerzo”, comenta Ibáñez. Otra vía es mirar alrededor y nombrar los objetos u olores que se perciben. Movimiento intenso, música animada, calma paulatina, alguna referencia y memoria. El equilibrio entre tranquilidad (Alpha) y energía (Beta).
Sin embargo, llega la hora. El examen está encima de la mesa. Lo primero, aceptar la realidad. “No existe una fórmula mágica para rendir al máximo justo cuando empieza el reloj de la EBAU”, sintetiza Mónica Pachón, profesora ayudante y doctora de la Facultad de Educación y Psicología de la Universidad de Navarra. Una vez que está delante, la mejor estrategia es simple: acepta que estás nervioso o nerviosa, afirma. Es normal que surjan pensamientos de distracción o incluso catastrofistas (“no lo estoy haciendo bien”, “no tendré la calificación que necesito” o “me he quedado en blanco”). “No luches por pensar distinto. Eso genera culpa. Entiende estos pensamientos como nubes de palabras que pasan por tu mente, puedes observarlos y dejarlos ir. Solo son palabras en tu cabeza, no reflejan la realidad ni la persona que eres”, detalla Pachón. Y finalmente recomienda: “Concéntrate en una respiración equilibrada, suaviza la postura corporal, lee todas las preguntas, empieza por las más sencillas —desgrana—, si resulta difícil, vuelve a leerla, respira lento tres veces, relee; si no te viene la respuesta, déjala para el final y si regresan las nubes de pensamientos distractores, otra vez: mira, acepta, y deja ir. Así conviertes los nervios en aliados. Buena suerte y gran examen».
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