En la lista de aquellos que más han contribuido a elevar el debate sobre el cambio climático y sus implicaciones debería figurar sin duda lord Nicholas Stern (Hammersmith, 79 años). Porque este reconocido economista firmó en 2006 uno de los informes clave para que el calentamiento saliera de los laboratorios rumbo a los despachos de los Gobiernos y CEO. Es mucho más caro no actuar para frenar el cambio climático que hacerlo. Era la principal conclusión de aquel estudio que se publicó por encargo del entonces Gobierno laborista del Reino Unido. En su nuevo libro, La historia de crecimiento del siglo XXI (se puede descargar en este link), incide y desarrolla la idea de abordar esta lucha como una oportunidad. Stern atiende a EL PAÍS en un hotel junto a un Parque del Retiro de Madrid en plena ebullición primaveral. Nada bueno para su alergia. Pero ni el polen ni el bombardeo constante de malas noticias le borran su mirada optimista y divertida.

“Trump es un problema a corto plazo en relación con un proceso a largo plazo, que es inexorable”, afirma este experto sobre la transición ecológica
En la lista de aquellos que más han contribuido a elevar el debate sobre el cambio climático y sus implicaciones debería figurar sin duda lord Nicholas Stern (Hammersmith, 79 años). Porque este reconocido economista firmó en 2006 uno de los informes clave para que el calentamiento saliera de los laboratorios rumbo a los despachos de los Gobiernos y CEO. Es mucho más caro no actuar para frenar el cambio climático que hacerlo. Era la principal conclusión de aquel estudio que se publicó por encargo del entonces Gobierno laborista del Reino Unido. En su nuevo libro, La historia de crecimiento del siglo XXI (se puede descargar en este link), incide y desarrolla la idea de abordar esta lucha como una oportunidad. Stern atiende a EL PAÍS en un hotel junto a un Parque del Retiro de Madrid en plena ebullición primaveral. Nada bueno para su alergia. Pero ni el polen ni el bombardeo constante de malas noticias le borran su mirada optimista y divertida.
Pregunta. ¿20 años después, sigue siendo válido aquel análisis que hizo en 2006?
Respuesta. Sigue siendo válido. De hecho, es aún más robusto. Lo primero que se decía es que el coste de la inacción es mucho mayor que el coste de la acción. Ahora vemos que las temperaturas aumentan más rápido de lo que pensábamos y las consecuencias son peores de lo que pensábamos. Así que el coste de la inacción ha subido y el de la acción ha bajado porque la tecnología simplemente ha avanzado más rápido de lo que anticipábamos. La segunda conclusión, que no desarrollé en profundidad, es que las inversiones que necesitábamos hacer para combatir el cambio climático eran muy buenas inversiones para la economía. Es decir, que es una historia de crecimiento. Y eso es aún más fuerte ahora. Y mi nuevo libro trata de hacer realidad la historia del crecimiento. Y el tercer gran asunto era el fracaso del mercado debido a las emisiones de gases de efecto invernadero que dañan a otras personas, lo que se conoce como externalidades en la jerga económica.
P. ¿Qué le parece que grandes empresas y fondos de Wall Street paralizaran sus políticas climáticas tras la última victoria de Trump?
R. Unas elecciones en EE UU no cambian las leyes de la física, no cambian la forma en que el daño que causamos al medio ambiente afecta a toda la sociedad. Los inversores en Texas que instalan energía solar y eólica lo hacen porque es más barato y mejor. Puede que no tengan opiniones sobre la ciencia del cambio climático, pero lo cierto es que están haciendo esas inversiones. También los vehículos eléctricos son inequívocamente superiores a los de combustión interna en cuanto a rendimiento, coste de producción, necesidad de mantenimiento y, por supuesto, a sus emisiones. Así que los hechos básicos de la ciencia y la tecnología no cambian por una elección. Es cierto que algunas empresas se han vuelto más vacilantes, más cautelosas. Creo que históricamente veremos esto como una interrupción puntual. Es una pena y es un problema, pero no es un cambio permanente.
P. ¿Las medidas de Trump de apoyo a los combustibles fósiles ralentizarán la energía solar y eólica en EE UU?
R. Lo ralentizará porque el apoyo financiero es menos fuerte. Pero no lo detendrá. Creo que las emisiones en EE UU seguirán bajando. Trump es un problema a corto plazo en relación con un proceso a largo plazo, que es inexorable. Y continuará porque, si no lo hacemos, estaremos en serios problemas y porque lo limpio es más barato que lo sucio en gran parte de la actividad económica. Importa porque el tiempo no está de nuestro lado. Importa porque es muy urgente. Pero estamos viendo aceleración en otras partes del mundo. La aceleración en China ha sido más fuerte de lo que pensábamos hace solo cinco o diez años. Más de la mitad de los coches vendidos en China ahora son eléctricos. Los vehículos eléctricos chinos son asombrosos por su calidad y precio. Si miras las baterías chinas, han ido disminuyendo cada vez más de precio. Si miras la forma en que han invertido en su capacidad para procesar los minerales críticos, también. Lo mismo ocurre con sus avances en IA, que servirán en la lucha contra el cambio climático. India está acelerando el ritmo ahora también. Así que mientras una parte del mundo se ha ralentizado un poco, otra está acelerada.
P. ¿Es posible el crecimiento económico y una acción climática eficaz?
R. Es completamente posible. Es más, diría que la acción climática eficaz impulsa el crecimiento económico.
P. ¿Qué opina del decrecimiento?
R. Es una distracción, una desviación de la gran cuestión, que es cómo cambiar lo que hacemos para que no sea dañino para el medio ambiente. Si hacemos las inversiones necesarias, no solo reduciremos las emisiones y la pérdida de biodiversidad, también impulsaremos el crecimiento económico. Pero no es un crecimiento para siempre. Es para las próximas dos o tres décadas como resultado de nuevas inversiones muy atractivas y productivas que cambian por completo la relación entre la actividad económica y el medio ambiente. Además de una distracción, el decrecimiento parece que es una conspiración contra el mundo en desarrollo, que está creciendo más rápido que el mundo rico. Espero que siga siendo así, porque queremos ver un fuerte aumento de su nivel de vida. Ahora tienen la oportunidad de hacerlo de una manera muy diferente al modelo sucio de los países ricos. Por eso podría verse como una conspiración contra el desarrollo de los países pobres. Los decrecentistas pueden decir que esa no es su intención, pero así se ve en muchos países en desarrollo, que tienen derecho al desarrollo. No a emitir, ninguno de nosotros tiene derecho a emitir. Pero es que incluso en los países ricos, el decrecimiento no es una historia políticamente atractiva.

P. ¿Cómo afectará la guerra en Oriente Medio a la transición energética global?
R. Si somos inteligentes, aprenderemos la lección que deberíamos haber aprendido hace mucho: la dependencia de los combustibles fósiles es asumir la inseguridad. Japón atacó Pearl Harbor en 1941 por el petróleo, para proteger su acceso, que los estadounidenses habían empezado a interrumpir. Si miras cómo Estados Unidos y el Reino Unido conspiraron para socavar el desarrollo democrático en los cincuenta en Irán para poner al Sha, ves que fue por el control del petróleo. Las interrupciones del petróleo en los años setenta y ochenta fueron consecuencia de la guerra. Lo vimos con Ucrania y el suministro de gas a Europa en 2022, y lo estamos viendo ahora. ¿Cuánto tiempo nos llevará aprender esta lección? La dependencia del petróleo es buscar inseguridad. Y ahora tenemos mejores alternativas. Las renovables son más baratas y mejores, los vehículos eléctricos son más baratos y mejores. Así que ahora sabemos qué hacer. Esto debería acelerar sin duda el compromiso con la transición.
P. ¿Qué debe hacer Europa ahora?
R. Este es un momento de gran importancia económica, ambiental y política para el mundo, donde tenemos la oportunidad de acelerar. España ha estado a la vanguardia de todo esto, dando lecciones contundentes al mundo. España ha reducido el precio de la electricidad y ha demostrado que la transición para alejarse del carbón puede gestionarse. Lo ha hecho mejor que en la mayoría de los otros países. Europa debería unirse para estar también a la vanguardia y trabajar con países de todo el mundo.
P. Pero algunos países europeos han pedido la suspensión del sistema de comercio de emisiones (ETS).
R. Eso sería un error. El sistema de comercio de emisiones ofrece fuertes incentivos en la dirección correcta y, cada vez más, puede generar ingresos. No veo los argumentos para eliminar el ETS. Se podrían hacer ajustes a corto plazo en la tributación de la gasolina, por ejemplo, pero el sistema de comercio de emisiones es una historia de toma de decisiones a largo plazo para las industrias europeas, que necesitan estabilidad en las políticas públicas.
P. ¿Cree que el Acuerdo de París, de 2015, sigue siendo un tratado útil?
R. Sí. El Acuerdo de París marcó al mundo una clara dirección. Permitió que los sistemas legales del mundo se anclaran en un compromiso de acuerdo público. Y eso ha sido muy importante. Esa orientación ha formado parte de la drástica caída del coste de las renovables, los vehículos eléctricos, las baterías y el almacenamiento. Solo un país ha abandonado el Acuerdo de París, EE UU. ¿Se ha vuelto la vida más difícil para el Acuerdo de París? Sí. ¿Sigue vivo? Mucho. Y es importante que así sea.

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