El presidente anuncia la desclasificación de miles de documentos sobre supuesto fraude en 2020 asegurando que China robó datos, fabricó votos para Biden, y sobornó a empresarios y periodistas para que él no fuera elegido, y que las agencias de inteligencia lo ocultaron Leer El presidente anuncia la desclasificación de miles de documentos sobre supuesto fraude en 2020 asegurando que China robó datos, fabricó votos para Biden, y sobornó a empresarios y periodistas para que él no fuera elegido, y que las agencias de inteligencia lo ocultaron Leer
Los estadounidenses están llamados a las urnas el próximo noviembre para las esperadas elecciones de mitad de mandato, unas legislativas que podrían devolver el control de las dos cámaras del Congreso a los Demócratas y complicar enormemente la agenda del presidente en sus dos últimos años en el poder. La popularidad de Donald Trump está en mínimos, las encuestas son poco prometedoras para los republicanos y las citas de los últimos meses a nivel local y estatal han sido demoledoras. Eso explica, en gran medida, el discurso de anoche, en el que el presidente de una nación en guerra y apremiada por la inflación sembró una vez más todas las dudas posibles sobre el sistema electoral, hablando de conspiraciones, fraudes masivos y la injerencia a un nivel sin equivalente en la historia de China para evitar su reelección.
Una maniobra que se contextualiza mirando al pasado y sus traumas, se explica viendo los números del presente y la necesidad de recuperar la narrativa, pero que sólo puede ser entendida pensando en el futuro. Los críticos del presidente llevan tiempo advirtiendo de las maniobras para desacreditar el sistema electoral en general y los sistemas para registrarse para el voto, las máquinas que usan muchos estados o las papeletas enviadas por correo el particular. Las mismas voces ahora denuncian que Trump ha dado un paso más allá, allanando el camino para que en unos meses se pueda llegar a declarar una emergencia nacional antes del voto. Para que se pueda desplegar a la guardia nacional o a los servicios migratorios en los colegios, pues anoche la Casa Blanca presentó un dato que los expertos consideran imposible (ya que en todas las auditorías hechas hasta la fecha en todos los estados gobernados por ambos partidos apenas se han encontrado unas decenas o cientos de casos irregulares) de hasta 278.000 extranjeros sin nacionalidad pero presuntamente censados para votar.
O para que las agencias controladas por el presidente puedan interrumpir recuentos o incautarse máquinas alegando sospechas de fraude o hackeo. «Esto es peor que en cualquier país del tercer mundo. No hay ningún país del tercer mundo que tenga elecciones como las que tenemos nosotros», apuntó en su intervención.
El espíritu del discurso ya se conocía antes de pronunciarlo. Trump lleva hablando de fraudes desde que perdió, y jamás ha aceptado la derrota, que fue por siete millones de votos, contra Joe Biden durante la pandemia. Repite el mantra prácticamente cada día, presentó decenas de pleitos en su momento y ha alimentado todo tipo de teorías de la conspiración y animado a organizaciones alineadas con esa idea. Por eso las principales cadenas del país optaron por no emitir el mensaje a la nación en directo, no queriendo participar de una maniobra que busca llenar de dudas los próximos procesos. Incluso las más partidarias del presidente, como la Fox, fueron cautelosas. La cadena de Rupert Murdoch pagó en la anterior legislatura 787 millones de dólares para resolver una demanda por difamación a la empresa de las máquinas de voto tras dar pábulo a las teorías del equipo legal de Trump.
«Esta noche anuncio la desclasificación y publicación inmediata de información de inteligencia crucial que revela vulnerabilidades alarmantes en nuestra infraestructura electoral. Esta evidencia demuestra que nuestro sistema electoral está peligrosamente expuesto, a niveles nunca antes imaginados, a la piratería informática, la explotación y la injerencia extranjera. Lo más preocupante es que esta información vital ha sido encubierta y ocultada durante muchos años. Los documentos que publicaremos a partir de esta noche han sido recopilados por el Grupo de Trabajo de Transparencia Gubernamental de la Casa Blanca, un excelente grupo de personas, junto con el personal del Consejo Asesor de Inteligencia del presidente, con el apoyo de los jefes de nuestras principales agencias de inteligencia, quienes han revisado personalmente los hallazgos. Los presentamos esta noche y confirmamos plenamente su autenticidad», ha dicho Trump. «Nuestro propósito al divulgar esta información no es debilitar la confianza en las elecciones, sino ganarla confrontando las vulnerabilidades y corrigiéndolas con suma rapidez, y eso es precisamente lo que estamos haciendo», añadió.
Su alocución fue una mezcla de mentiras, exageraciones, medias verdades y la clásica narrativa de la conspiración, que cree siempre que el camino más corto entre dos puntos implica 10 volteretas. Un intento también de presionar al Congreso para que apruebe su Ley para Salvar a Estados Unidos, un proyecto que restringiría el voto por correo y exigiría trámites adicionales para registrarse que los estados, mayoritariamente, rechazan y consideran innecesarios o malintencionados para privar de sus derechos a cientos de miles de personas.
El presidente, saltando de un tema a otro, invitó a los ciudadanos a que investiguen ellos mismos los papeles desclasificados en la web de la Casa Blanca, caída enseguida tras el anuncio. Papeles llenos de tachones, difíciles de entender o contextualizar. Muchos de ellos ya conocidos en su totalidad o en parte. Con algunas opiniones de analistas que en algún momento señalaron indicios de que China estaba haciendo movimientos extraños o ilegales o que podía estar buscando dañar a Trump. Pero que en ningún caso conocido respaldan las afirmaciones contundentes hoy lanzadas por el Ejecutivo y que más bien reflejan cómo hubo debates profundos dentro del Gobierno y los expertos de inteligencia sobre cómo etiquetar y definir las acciones de China.
Pese a ellos, la tesis principal del Ejecutivo es que hubo una injerencia masiva por parte de China y una operación de encubrimiento por parte del «estado profundo»… porque la conclusión no fue que hubo fraude a gran escala. Trump nunca ha perdonado que cuatro años antes las mismas agencias alertaran de los esfuerzos rusos por interferir en las elecciones (aunque no de que lograran nada real) y de los lazos de varios de sus colaboradores con Moscú.
En el discurso, de una media hora de duración, el presidente sostuvo que Pekín «llevó a cabo lo que se considera la mayor filtración de datos electorales de la historia, resultando en la adquisición ilícita de 220 millones de archivos de votantes estadounidenses. Dicha información incluye nombres, direcciones, números de teléfono, preferencias de partidos políticos y otros datos sensibles necesarios para registrarse para votar y participar en otras actividades ilícitas, que es exactamente lo que estaba sucediendo». Lo recalcó mencionando casos que ya se conocían, pero a los que hoy se suman documentos parcialmente censurados de la investigación. Esos ficheros de datos, algunos disponibles en internet o en venta en la dark web, son inquietantes, pero no implican ‘per se’ que hubiera injerencia o una operación masiva. «China nunca ha interferido ni interferirá en las elecciones presidenciales de Estados Unidos». El resultado de las elecciones «lo determinan los votos del pueblo estadounidense», reaccionó enseguida anoche Liu Chang, portavoz de la embajada china en Washington, en un comunicado.
«Para agravar aún más este escándalo», prosiguió el presidente, el segundo conjunto de documentos que hoy hacemos públicos revela que miembros del llamado Estado profundo —un grupo de personas muy conocidas, en muchos casos dentro de nuestras agencias de inteligencia— trabajaron activamente para ocultar y minimizar la información sobre el alcance de la siniestra injerencia electoral de China, encubriéndola tanto al presidente como al pueblo estadounidense de una manera que nadie habría creído posible (…) Sin embargo, quienes tenían la responsabilidad de dar la voz de alarma mantuvieron esa información en secreto. No me informaron a mí como presidente ni, hasta donde sabemos, informaron al Congreso», ha dicho, obviando que hubo muchos informes, incluyendo uno comprehensivo que se le entregó en enero de 2021 el entonces responsable de seguridad nacional y hoy director de la CIA.
Trump ha insistido en todo caso en que China no sólo robó datos, sino que sobornó a periodistas críticos con él, y a empresarios, con el objetivo de hacerle parecer menos «hot», menos en racha durante su mandato. Y mencionó el caso de Venezuela, pero sin trazar el vínculo que sus abogados buscaron en vano hace seis años. Trump dijo que la CIA tiene pruebas de que el Gobierno de Maduro había logrado manipular las máquinas de votación, pero no concluyó que ese conocimiento y esa tecnología fueran usados en EEUU, como sí dijeron entonces Sidney Powell o Rudy Giuliani.
MS Now, el mismo medio que adelantó hace dos días que el discurso a la nación estaría centrado en esas denuncias de fraude, informó ayer de que la Casa Blanca reunió esta semana a dos docenas de conocidos activistas que se han alineado los últimos años con Trump en este tema. El encuentro fue organizado por la abogada conservadora Cleta Mitchell, una de las principales impulsoras de los esfuerzos para impugnar el resultado de aquellas elecciones. Y los asistentes tuvieron que firmar acuerdos de confidencialidad. Según han indicado algunos de ellos, la reunión no sirvió tampoco para que el Gobierno les aportara grandes revelaciones, sino que repasó informaciones que ya habían publicado el periodista conservador John Solomon, la figura clave en la ‘task force’ de la Casa Blanca, y otras figuras MAGA.
Solomon, un conocido aficionado a las conspiraciones, se incorporó recientemente a la Casa Blanca como empleado especial, y ha coordinado junto al director interino de Inteligencia Nacional, Bill Pulte, una persona sin ningún tipo de formación o experiencia en la materia, el proceso para desclasificar los miles de documentos relacionados con supuestas irregularidades electorales, máquinas de votación e injerencias extranjeras.
También participó en la reunión Catherine Engelbrecht, fundadora de ‘True the Vote’, una de las organizaciones más influyentes en la promoción de teorías sobre fraude electoral tras las elecciones de 2020, la impulsora de la teoría sobre el supuesto relleno masivo de urnas mediante buzones electorales. Cuando las autoridades de Georgia requirieron las pruebas que sustentaban esas acusaciones, la organización respondió oficialmente que no disponía de documentos que las respaldaran.
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