El alma no existe hasta que se mueve. Una hoja en blanco es un gólem muerto, y una garabateada no cobra vida hasta que alguien la lee. La IA es una lectora insaciable. Come textos que son materia prima y los procesa a una velocidad inimaginable. Por eso la IA solo redacta textos ultraprocesados. Lo que hace no es escribir, sino redactar. Se documenta a la velocidad de la luz y lo sintetiza con la destreza de Alan Parsons. Parte de todo lo que ha deglutido, disuelto en toneladas de agua, y lo reproduce con muchas citas, recursos técnicos y marcas estilísticas. Pero ni escribe ni crea, redacta y recrea. Necesita que un montón de almas en pena hayan creado antes.
El alma no existe hasta que se mueve. Una hoja en blanco es un gólem muerto, y una garabateada no cobra vida hasta que alguien la lee. La IA es una lectora insaciable. Come textos que son materia prima y los procesa a una velocidad inimaginable. Por eso la IA solo redacta textos ultraprocesados. Lo que hace no es escribir, sino redactar. Se documenta a la velocidad de la luz y lo sintetiza con la destreza de Alan Parsons. Parte de todo lo que ha deglutido, disuelto en toneladas de agua, y lo reproduce con muchas citas, recursos técnicos y marcas estilísticas. Pero ni escribe ni crea, redacta y recrea. Necesita que un montón de almas en pena hayan creado antes.Seguir leyendo…
El alma no existe hasta que se mueve. Una hoja en blanco es un gólem muerto, y una garabateada no cobra vida hasta que alguien la lee. La IA es una lectora insaciable. Come textos que son materia prima y los procesa a una velocidad inimaginable. Por eso la IA solo redacta textos ultraprocesados. Lo que hace no es escribir, sino redactar. Se documenta a la velocidad de la luz y lo sintetiza con la destreza de Alan Parsons. Parte de todo lo que ha deglutido, disuelto en toneladas de agua, y lo reproduce con muchas citas, recursos técnicos y marcas estilísticas. Pero ni escribe ni crea, redacta y recrea. Necesita que un montón de almas en pena hayan creado antes.
LA IA ni escribe ni crea, redacta y recrea. Necesita que almas en pena hayan creado antes
Cuando la IA Pangram analiza un texto literario para saber si fue escrito por una IA, emula al doctor Duncan MacDougall, que en 1901 registró la pérdida repentina de 21 gramos en el cuerpo de un hombre justo en el instante de morir e interpretó que ese era el peso del alma. El porcentaje de IA que arroja Pangram es el cuerpo muerto, y el resto, los gramos de alma perdida. Lo único que la IA no puede copiarnos es el alma, inexistente si no se mueve. ¿Y por qué tendría que moverse? ¿De dónde surgen las artes, la poesía, la música, la literatura? Esa alma inexistente solo aparece cuando tenemos miedo a la muerte y nos aferramos desesperadamente a la vida, a la creación, a la escritura que garabatea las hojas en blanco desde la máxima subjetividad. Hasta que la IA tenga miedo a morir no podrá suplantar la creación y se verá limitada a copiar lo que hemos escrito, redactándolo de un modo cada vez más sofisticado.
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