Un médico norteamericano pesó a moribundos para averiguar cuánto pesaba el alma. Le salieron 21 gramos. No sabemos si descontó el peso de la conciencia, pero el resultado hizo fortuna. Ahora que las máquinas escriben novelas, tal vez haya que poner los libros en la balanza. ¿Cuánto pesa una metáfora? ¿Y un personaje de peso?
Un médico norteamericano pesó a moribundos para averiguar cuánto pesaba el alma. Le salieron 21 gramos. No sabemos si descontó el peso de la conciencia, pero el resultado hizo fortuna. Ahora que las máquinas escriben novelas, tal vez haya que poner los libros en la balanza. ¿Cuánto pesa una metáfora? ¿Y un personaje de peso?Seguir leyendo…
Un médico norteamericano pesó a moribundos para averiguar cuánto pesaba el alma. Le salieron 21 gramos. No sabemos si descontó el peso de la conciencia, pero el resultado hizo fortuna. Ahora que las máquinas escriben novelas, tal vez haya que poner los libros en la balanza. ¿Cuánto pesa una metáfora? ¿Y un personaje de peso?
La inteligencia artificial ya es capaz de hilvanar trescientas páginas sin perder el hilo. Incluso puede perderlo a propósito, como hacen algunos novelistas de prestigio. Sabe fabricar suspense, administrar adjetivos y matar al mayordomo en el capítulo trece. Si el lector llora, ¿quién derramó la lágrima? La máquina, seguro que no. Pero tampoco llora el papel.
La IA puede escribir con alma, pero ¿de quién? ¿Del programa? ¿De quien le dio las órdenes?
Dicen que la literatura es una cuestión de voz. La IA tiene miles, todas prestadas. Puede escribir como un clásico, como un debutante o como un clásico que debuta. El problema no es que no tenga nada que decir, sino que puede decirlo todo sin haber vivido nada. Nunca llega tarde a un funeral ni espera una llamada que no llega. Eso sí: sabe describir ambas cosas con mucha precisión.
¿Y si no distinguimos una novela humana de una artificial? Tal vez la prueba no examine a la máquina, sino a nosotros. ¿Leemos palabras o personas? ¿Buscamos emociones o testimonios? ¿Puede un libro tener alma sin que el autor se la haya puesto? La respuesta no es de laboratorio. Es de lectura.
Al fin y al cabo, la IA puede escribir una historia con alma. La pregunta es de quién será. ¿Del programa? ¿De quien le dio las órdenes? ¿O del lector, que pone los 21 gramos que faltaban?
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