Hola, ¿qué locura todo?

Empiezo por algo que me pasó el otro día. El jueves pasado fui a una cena y vino el hijo de unos amigos míos y su novia. Treinta y pocos, buena formación. En un momento, salió el tema de la tragedia ferroviaria y resulta que la pareja no sabía de qué hablábamos. Cuando le mostramos algo a medio camino entre el reproche y la incredulidad, dijeron que sí, que sabían que había habido un accidente de tren, pero no sabían bien bien qué había pasado. No era tontería, sino que eran sinceros. La actitud del resto, la mía al menos, fue de asombro y casi ­envidia. El poder vivir sin acceso a los gritos y la furia, aunque pierdas el supuesto beneficio de la información, de estar conectado con tu sociedad. Y ahora me vienen el desahucio y la muerte de Maricarmen. ¿Cuándo sucedió eso? ¿Hace un siglo?

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 Tercer capítulo de la relación epistolar entre Carlos Zanón y Llucia Ramis   

Empiezo por algo que me pasó el otro día. El jueves pasado fui a una cena y vino el hijo de unos amigos míos y su novia. Treinta y pocos, buena formación. En un momento, salió el tema de la tragedia ferroviaria y resulta que la pareja no sabía de qué hablábamos. Cuando le mostramos algo a medio camino entre el reproche y la incredulidad, dijeron que sí, que sabían que había habido un accidente de tren, pero no sabían bien bien qué había pasado. No era tontería, sino que eran sinceros. La actitud del resto, la mía al menos, fue de asombro y casi ­envidia. El poder vivir sin acceso a los gritos y la furia, aunque pierdas el supuesto beneficio de la información, de estar conectado con tu sociedad. Y ahora me vienen el desahucio y la muerte de Maricarmen. ¿Cuándo sucedió eso? ¿Hace un siglo?

Ya me habías dicho en alguna ocasión que no LA habías visto. Me refiero a LA PELÍCULA. Casi me parece un acto de coquetería el tuyo porque no ver Casablanca no es no haber leído a Proust o ­Joyce –perdona la turra literaria, pero somos escritores, ¿no?–, que se puede admitir como bajada de humos a los pretenciosos. Es decir, que no has leído Vida privada o Fortunata y Jacinta. Si no quieres, no lo confieses nunca –hazlo en privado, en la intimidad–, pero has de ver de una maldita vez Casablanca, porque aguanta el mito y la propia película es un misterio, porque su rodaje cumplió a todos los niveles una película de encargo y del montón, hecha casi al día. ¿Sabes que el papel de ­Bogart lo iba a hacer Reagan? Ah, cómo hubiera cambiado el mundo. Quizás hasta existiría la Unión Soviética. Como ahora, vamos [risas].

No me digas que no sabes cómo acaba ‘Casablanca’ porque no voy a creerte, Ramis

Me encantan las películas que acaban bien, pero también, y mucho, las que acaban mal, o con finales abiertos. Hoy acabar una película como Casablanca se me asemeja a valentía autoral, no a película de factoría. Y no, no me digas que no sabes cómo acaba porque no voy a creerte, Ramis.

Llevo unos días insaciablemente escuchando a Bob Dylan. Cada cierto tiempo, me obsesiono con él. El causante, esta vez, ha sido un librito que Libros de Asteroide ha publicado. Se titula Número cero , de Eduard Jordà. Es escribir o hablar de lo que todo el mundo sabe y parecer que lo escuchas por primera vez.

No eludo el tema. Hay mucha gente que pone en cuestión el amor, el sexo y la soledad, pero la amistad nadie la pone en ­entredicho. Empecemos, pues. Las amistades se corrompen y pudren, pero son más livianas de sobrellevar porque no inciden en una intimidad intrusiva ni piden exclusividad. Ni tan siquiera horarios. Es difícil el amor a intervalos y distancia, pero no así la amistad. Pero todos tenemos amigos que nos caen mal. Que ya nos son indiferentes. Amigos a los que dedicamos un tiempo, que no cogemos el teléfono, que nos hartan sus mismos problemas y soluciones, pero, a pesar de eso, no has de romper con ellos. Es la comodidad de la amistad la que confundimos como amor ­deseable. Para mí la gente que valora más la amistad que el amor de pareja es la misma que dice que valora más a su perro que a una persona (Bowie no cuenta). Por algo se decía que el perro era el mejor amigo del hombre. Hay una canción de John Cale que asegura que el mejor amigo del hombre es el… miedo.

Besos.

Guau, guau.

Carlos.

 Cultura

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