El eje Bayreuth-Mallorca de Pere Estelrich

Ser wagneriano y mallorquín tiene su sentido e incluso sus ventajas. Hay vínculos históricos que a Pere Estelrich (Felanitx, 1955) le gusta explicar y que sorprenden a la gente. “La ópera Tannhäuser, por ejemplo, se sitúa en el castillo de Wartburg, y allí estuvo Santa Isabel de Hungría, que era hermana de la reina Violante, mujer de Jaume I. De hecho, también Bach vivía cerca de allí, en Eisenach”. Y no acaban aquí les coincidencias con los grandes compositores que son parte de la historia: Puccini nació en Lucca, ciudad de Italia en la que precisamente murió el cardenal Despuig, que era mallorquín…

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 El matemático, divulgador y gestor cultural mallorquín ve el mundo a través de la música en ‘Cròniques wagnerianes’  

Ser wagneriano y mallorquín tiene su sentido e incluso sus ventajas. Hay vínculos históricos que a Pere Estelrich (Felanitx, 1955) le gusta explicar y que sorprenden a la gente. “La ópera Tannhäuser, por ejemplo, se sitúa en el castillo de Wartburg, y allí estuvo Santa Isabel de Hungría, que era hermana de la reina Violante, mujer de Jaume I. De hecho, también Bach vivía cerca de allí, en Eisenach”. Y no acaban aquí les coincidencias con los grandes compositores que son parte de la historia: Puccini nació en Lucca, ciudad de Italia en la que precisamente murió el cardenal Despuig, que era mallorquín…

Charlar con este matemático, periodista, divulgador musical y gestor cultural es descubrir nuevos puntos de vista, como los que expone en Cròniques wagnerianes (Edicions Documenta Balear), un libro que invita a viajar y entender el mundo a través de la música partiendo de las experiencias del autor en el Festival de Bayreuth.

“A mí Wagner me ayuda a entender la historia”, dice el autor de un libro que parte de sus experiencias en el Festival de Bayreuth

Estelrich había heredado la fiebre wagneriana de su padre, organista y fundador de la Coral de Felanitx, pero nunca conseguía entradas para el festival… Hasta que un buen día de 2017 tenía previsto ir allí para un encuentro de corales y escribió al servicio de prensa advirtiendo de la gran cantidad de alemanes que hay en la isla que podrían estar interesados en leer una crónica en el semanario Mallorca Zeitung, una especie de versión en alemán del Diario de Mallorca donde él coordina el suplemento Bellver en abril.

“Rápidamente me respondieron: tenía una invitación para Parsifal. Y desde entonces voy cada año. Mi padre tenía un pick up (tocadiscos) con dos discos: la Misa en Si menor de Bach y Tannhäuser. Un domingo escuchaba uno, y al siguiente, el otro. Y siempre leía en La Vanguardia sobre Bayreuth y hablaba de ello como de un hito que no podría alcanzar”, cuenta.

Estelrich compaginó la docencia con la gerencia de la Simfònica de les Balears –el primer gerente– o la dirección del galardonado programa de IB3 Ràdio El crepuscle encén estels, que se llevó el Òmnium Cultural al mejor programa en lengua catalana, o el del Consell Insular, por valorar los derechos humanos. Pero aquello se acabó, quizá por demasiado catalanófilo (gobernaba el PP de José Ramón Bauzá), y pasó a emitirse en Ona Mediterrània.

En el prólogo de su nuevo libro, el historiador Joan Roca i Avellà asegura que a Bayreuth se llega de la mano de la fe, pero Estelrich, que incluso es miembro del Club Wagner Barcelona, no tiene el impulso de adoración al compositor. Y eso que su viaje de novios, en pleno diciembre, consistió en una peregrinación Bach-Wagner por Leipzig i Bayreuth. “Me hacía gracia ir como wagneriano pero no para rendir culto, en absoluto”.

En Bayreuth, afirma, ha visto “montajes que son incluso feos”. Recuerda una Valkiria en que nada más empezar Sieglinde ya estaba embarazada. “¿Cómo puede haber un incesto si ya está embarazada antes de conocer a su hermano? También hubo un Oro del Rin en el que el oro era un niño que Alberich secuestraba para después… Eso me parece morboso. Y ese niño tenía que estar allí las 18 horas de Tetralogía”. Pero también ha visto cosas “muy guapas, como unos Maestros cantores fantásticos, aunque al final salía una vaca… pero me gustó, sobre todo cuando Eva y Walther al final deciden irse a ver mundo y dejan al resto con la pureza de la cultura alemana”.

“Bayreuth acaso no tiene sentido hoy día, porque Wagner se hace en todas partes. ¿Pero qué sentido tiene Montserrat? Un poco de tradición no hace daño”, apunta. El libro va por la 4.ª edición. En la presentación se llenó la plaza de Espanya de Palma, incluso con músicos de la Simfònica. El editor no daba crédito, se agotó toda la edición. “A la gente le encanta –apunta– que cada capítulo lleve un añadido hablante de alguna cosa relacionada”. Como de Leibniz, el científico y filósofo del siglo XVII de quien Estelrich encuentra trazas en Leipzig, cuna de Wagner y ciudad de Bach. O también sobre el cuadrado mágico de Durero en que se inspira Subirachs para la fachada de la Sagrada Família. Por no hablar de los vínculos entre los relojes babilónicos mallorquines y los de Núremberg. “A mí Wagner me ayuda a entender la historia”, concluye Estelrich.

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