La primera vez que oí hablar bien de Carmen (1845) de Prosper de Mérimée fue al escritor Juan Goytisolo. A él, y a su amigo el pintor Eduardo Arroyo, les gustaba mucho la escena de la pensión. Carmen seduce a don José y se lo lleva a un cuarto de la calle de Castillejo. Por el camino compran turrones, yemas y fruta confitada. Pasan el día comiendo, bebiendo y lo demás. Entre polvazo y polvazo, la chica coge dos yemas y las estampa contra la pared. “C’estpour que les mouches nous laissent tranquilles”. Don José le dice que le gustaría verla bailar, se sobreentiende que en porreta. Carmen rompe el único plato de la casa y se fabrica unas castañuelas.
La primera vez que oí hablar bien de Carmen (1845) de Prosper de Mérimée fue al escritor Juan Goytisolo. A él, y a su amigo el pintor Eduardo Arroyo, les gustaba mucho la escena de la pensión. Carmen seduce a don José y se lo lleva a un cuarto de la calle de Castillejo. Por el camino compran turrones, yemas y fruta confitada. Pasan el día comiendo, bebiendo y lo demás. Entre polvazo y polvazo, la chica coge dos yemas y las estampa contra la pared. “C’estpour que les mouches nous laissent tranquilles”. Don José le dice que le gustaría verla bailar, se sobreentiende que en porreta. Carmen rompe el único plato de la casa y se fabrica unas castañuelas.Seguir leyendo…
La primera vez que oí hablar bien de Carmen (1845) de Prosper de Mérimée fue al escritor Juan Goytisolo. A él, y a su amigo el pintor Eduardo Arroyo, les gustaba mucho la escena de la pensión. Carmen seduce a don José y se lo lleva a un cuarto de la calle de Castillejo. Por el camino compran turrones, yemas y fruta confitada. Pasan el día comiendo, bebiendo y lo demás. Entre polvazo y polvazo, la chica coge dos yemas y las estampa contra la pared. “C’estpour que les mouches nous laissent tranquilles”. Don José le dice que le gustaría verla bailar, se sobreentiende que en porreta. Carmen rompe el único plato de la casa y se fabrica unas castañuelas.
Me alegró que Juan Goytisolo y Eduardo Arroyo hablaran bien de Carmen porque aprecio mucho a Goytisolo y también a Mérimée. Con veinte años traduje tres de sus novelas breves: La Vénus d’Ille (1835), Il viccolo di Madama Lucrezia (1846) y Lokis (1869). Las tres tienen que ver con nosotros: La Vénus d’Ille pasa en el Rosselló y en Il viccolo di Madama Lucrezia aparece Lucrecia Borgia. Ahora, gracias a la correspondencia con el erudito rosellonés François Jaubert de Paussa, he descubierto que Lokis , ambientada en Eslovaquia, se inspira en las fiestas del oso de Prats de Molló y Sant Llorenç de Cerdans, que Jaubert de Paussa le explicó. Estoy revisando mis traducciones de juventud, he vuelto a leer a Mérimée y, sinceramente, estoy babeando.
Entre polvazo y polvazo, Carmen toma dos yemas y las estampa contra la pared
Lo de las yemas en la pared es de una plasticidad erótica insuperable. Y tiene sentido argumental porque te das cuenta de que Carmen resuelve las cosas de manera pragmática y no se casa con nadie. Al mismo tiempo, hace cosas de cría. Don José cae atrapado en sus redes como una mosca. Los que me siguen saben últimamente estoy muy interesado en las moscas. Carmen tiene otro momento sublime: cuando la chica agrede a la tabaquera chinchona y le dice:“Je te ferai des abreuvoirs à mouches sur la joue”. Y con la navaja le raja la mejilla con una cruz de San Andrés: no un rasguñito como en las películas.
Lo que no recordaba es que don José y Carmen ¡son vascos! Como muchos gitanos, la chica va de aquí para allá. Ha vivido en el País Vasco y, como los gitanos catalanes, ha aprendido la lengua del país. Don José Lizarrabengoa entró en el ejército porque hirió o mató a un tipo en una pelea en un trinquete. Vicente Aranda incorporó el euskera a la película del 2003, pero sin sentido argumental. En el cuento de Mérimée tiene todo el sentido del mundo porque el narrador es un erudito que se interesa por las costumbres de vascos y gitanos. Va en busca de la ciudad romana de Munda (y no de los almohades o nosequé, como sucede en película). Me gusta también que en el cuento original Lucas no es un matador de toros famoso: ¡Es un picador! Porqué Mérimée explica una historia de amor vertiginosa que, en el fondo –yemas, moscas, picadores de toros–, es un drama vulgar. Desconfíen de las españoladas.
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