Explosión existencial (★★★★★)

Réquiem ★★★★★

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 El ‘Réquiem’ de Verdi suma un nuevo éxito que formará parte de la cronología de noches memorables en el Liceu.  

Réquiem ★★★★★

Autoría: Giuseppe Verdi

Intérpretes: Lise Davidsen, Aigul Akhmetshina, Freddie de Tommaso, Christian Van Horn. Coro y Orquesta del Gran Teatre del Liceu. Dir. coro: P. Assante

Dirección musical: Nicola Luisotti

Lugar y fecha: Liceu (3/XI/2026)

Impacto coral, calidad vocal de los solistas y una lectura de gran dramatismo operístico han hecho de este Réquiem de Verdi un éxito que formará parte de la cronología de noches memorables en el Liceu.

Nicola Luisotti no defraudó en su status de gran especialista verdiano y empuñó la batuta con autoridad, rigor en los tempi, control y alternancia dramática de las tensiones y dinámicas, para servir una lectura poderosa, intimidante y contrastada, en una explosión existencial lírica y teatral sin lugar a concesiones.

La orquesta del Liceu respondió con un sonido afilado, intenso y expresivo, con solos de fagot y flauta, y una percusión pletórica, al igual que los metales, las maderas y los vientos, arropados por unas cuerdas al límite. Si bien Luisotti, experto director operístico, rugió en los abismos sinfónicos orquestales de la partitura, el cuarteto solista estuvo a la altura del reto, reafirmado por una prestación vocal solo apta para primeras figuras.

Majestuosa fue la interpretación de la soprano noruega Lise Davidsen, quien demostró que sus cada vez mayores incursiones en las óperas de Verdi le han aportado un refinamiento técnico-expresivo ideal para su particella. Si en sus hermosos dúos con la mezzo, con un preciosista Recordare , mostró nobleza y serenidad en el fraseo, admiró la autoridad de unos piani ultraterrenales para firmar un monumental Libera me final, con agudos como relámpagos en el clímax solista de una diva en plenitud.

El tenor británico Freddie de Tommaso desbordó lirismo y valentía en su Ingemisco . Una puntual flema no impidió un triunfo personal gracias a un primoroso control de los reguladores y un canto extrovertido de gran atractivo tímbrico.

La mezzo rusa Aigul Akhmetshina firmó un radiante debut liceísta. De color oscuro y pulposo, y con una esmaltada potencia homogénea en toda la tesitura, condensó amplitud dramática y recogimiento expresivo para ofrecer una voz de verdadera diva.

El bajo estadounidense Christian Van Horn aportó un instrumento de emisión algo leñosa, pero de atractivo color, con el que equilibró con nobleza sus intervenciones, como en Mors stupebit. 

El trabajo del coro, a las órdenes de Pablo Assante, asumió con potencia vocal, equilibrio entre las secciones y gran flexibilidad expresiva los exigentes grados de contraste entre los números. Especial mención mereció el temible Sanctus , por la exigente escritura contrapuntística, la demandante precisión de la articulación y la febril imaginación de Verdi, que con su fuga, ya preanuncia su futuro Falstaff . Noche catártica a mayor gloria del Liceu de les Veus .

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