Naves espaciales, experimentos extraños, hechos inexplicables, monstruos aterradores o cualquier cosa que de entrada nos cueste imaginar en un pasado remoto o reciente, un futuro en el tiempo que sea o un presente si puede ser alternativo. Es la literatura especulativa, el ingrediente principal del Festival 42 de Géneros Fantásticos de Barcelona que ayer inauguró en la Fabra i Coats la conversación entre el experto en IA Genís Roca y el escritor –y fundador y hasta la pasada edición comisario del festival– Ricard Ruiz Garzón.
Genís Roca abre el certamen hablando sobre las controversias de la inteligencia artificial
Naves espaciales, experimentos extraños, hechos inexplicables, monstruos aterradores o cualquier cosa que de entrada nos cueste imaginar en un pasado remoto o reciente, un futuro en el tiempo que sea o un presente si puede ser alternativo. Es la literatura especulativa, el ingrediente principal del Festival 42 de Géneros Fantásticos de Barcelona que ayer inauguró en la Fabra i Coats la conversación entre el experto en IA Genís Roca y el escritor –y fundador y hasta la pasada edición comisario del festival– Ricard Ruiz Garzón.
Hoy, en el mundo del libro, el monstruo tiene un nombre y es la IA, y tal vez aún con más rotundidad para muchos de los aficionados al fantástico e incluso a la ciencia ficción, que a menudo ha usado las máquinas para advertir de un peligro presente con el subterfugio de que es futuro. “Cuando una sociedad proyecta tantos futuros distópicos, la sensación es que el presente está muy jodido, y ahora estamos viendo muchas ficciones que hablan de un futuro sin trabajo en que hay que luchar por los derechos”, dice Roca, y se le entiende todo, porque “hemos normalizado que la ciencia sea capaz de predecir el futuro, pero ya da por hecho que no podremos hacer nada, y eso nos puede hacer perder la esperanza”. Recuerda un experimento de Jorge Wagensberg con una pieza de ámbar con hormigas que fue al espacio con Pedro Duque para demostrar la teoría del caos, que la estadística tiene un tope, y concluye que “la IA no me dirá cómo viviré de aquí veinte años, lo decidiré yo cuando me levante cada día”.
Pero que nadie piense que Roca reniega de tecnología alguna –solo hay que seguir los artículos que publica en este diario para darse cuenta de ello–, por más que asegure que “al poder le cambias la cara y mantiene la esencia. Primero la religión, después la política y ahora la tecnología se han convertido en una herramienta de control social porque les hacemos profesión de fe”. Para él, ahora nos escondemos tras las decisiones de las máquinas y “les transferimos nuestra responsabilidad”. Ruiz Garzón le insta a hablar de Pangram –ya lo saben, el programa de moda que determina si un texto está escrito con IA o no–, y el experto expone cómo introdujo la canción Mediterráneo de Joan Manuel Serrat y le certificó que estaba hecha con IA. Va más allá: “Este libro –su reciente La revolución inevitable (Ara Llibres)– lo escribí a mano y el programa así lo dice. Pero si dijera que en un 37% ha sido escrito con IA no me creeríais, creeríais a la máquina”.
Para Genís Roca, “si quieres abandonar la tecnología, tendrás que abandonar la agricultura”
Él defiende el uso de la tecnología, pero desaprueba la falta de criterios. “Yo llevo gafas, que es una tecnología, y nadie me dice cada día que soy demasiado dependiente, que me las quite un rato cada día para no acostumbrarme… Pues si quieres abandonar la tecnología, tendrás que abandonar la agricultura”, insiste. Defiende que “nuestra resistencia íntima sea escribir y leer mucho y largo”, pero le molesta que se contraponga tecnología y humanidad: “Somos el único animal que la utiliza sistemáticamente, porque la tecnología es humana”. Para él, hay que aprovecharlo sin miedo, porque “vivimos el momentum de construir una nueva sociedad”.
Cuando acaba, los asistentes no tienen claro si el monstruo estaba en la habitación, en el armario o bajo la cama, pero fuera de la sala seguro que hay los Otros mundos de la exposición, y de otros universos que saldrán en todos los actos y en todos los libros. Fantásticos.

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