La demencia senil española

En algún momento mi piel debió olvidar que se curtió durante dos décadas bajo el recio sol de Jaén. Ya no tolera el calor. Recuerdo con amargura el lorenzo primaveral que hace poco me azotó desde el centro de Málaga hasta las afueras de la ciudad. Siete kilómetros. Peregrinaba aquella siesta en busca del paseo de los Canadienses, el vial urbano de la costa malacitana que recorrieron los malagueños 90 años atrás al huir de las bombas fascistas hacia Almería. Pensé que el viacrucis térmico bien valía el destino, pero me encontré con un malherido lugar de memoria histórica: una placa erosionada y un oxidado cartel de la Junta de Andalucía que rezaba: lugar de -oria histórica. ¿Memoria? ¿Noria, victoria, euforia, escoria, gloria?

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 En algún momento mi piel debió olvidar que se curtió durante dos décadas bajo el recio sol de Jaén. Ya no tolera el calor. Recuerdo con amargura el lorenzo primaveral que hace poco me azotó desde el centro de Málaga hasta las afueras de la ciudad. Siete kilómetros. Peregrinaba aquella siesta en busca del paseo de los Canadienses, el vial urbano de la costa malacitana que recorrieron los malagueños 90 años atrás al huir de las bombas fascistas hacia Almería. Pensé que el viacrucis térmico bien valía el destino, pero me encontré con un malherido lugar de memoria histórica: una placa erosionada y un oxidado cartel de la Junta de Andalucía que rezaba: lugar de -oria histórica. ¿Memoria? ¿Noria, victoria, euforia, escoria, gloria?Seguir leyendo…  

En algún momento mi piel debió olvidar que se curtió durante dos décadas bajo el recio sol de Jaén. Ya no tolera el calor. Recuerdo con amargura el lorenzo primaveral que hace poco me azotó desde el centro de Málaga hasta las afueras de la ciudad. Siete kilómetros. Peregrinaba aquella siesta en busca del paseo de los Canadienses, el vial urbano de la costa malacitana que recorrieron los malagueños 90 años atrás al huir de las bombas fascistas hacia Almería. Pensé que el viacrucis térmico bien valía el destino, pero me encontré con un malherido lugar de memoria histórica: una placa erosionada y un oxidado cartel de la Junta de Andalucía que rezaba: lugar de -oria histórica. ¿Memoria? ¿Noria, victoria, euforia, escoria, gloria?

Esta estatua de Francisco Franco estaba en la Capitanía General de Valencia y fue retirada en 2016 
Esta estatua de Francisco Franco estaba en la Capitanía General de Valencia y fue retirada en 2016 Propias

Durante un año, gracias a una beca Leonardo de la Fundación BBVA, robustecí el andamiaje de mis casas vacías: viajé por todo el país para identificar y poner rostro a los lugares en los que acontecieron los hitos de la Guerra Civil. Constaté que el mal de memoria y la demencia no son solo enfermedades que nos afectan espiritualmente como pueblo. También se manifiestan de forma física cuando olvidamos señalar el daño que sufrimos, o cuando dedicamos espacios públicos y honores a quienes provocaron la agonía. Se cumplen este verano 90 años del golpe de Estado que provocó aquella guerra; no es de extrañar que al país le afecte una dolencia senil , pero hay que combatirla.

Todavía dedicamos espacios públicos y honores a quienes provocaron la agonía de la Guerra Civil

Del viaje por España volví con mucha tristeza. Además de la placa rota de La Desbandá descubrí otras chapuzas memorísticas, como la ausencia de la plaza de toros de Badajoz, derribada bajo el gobierno socialista de Ibarra, memoricidio perpetrado con la excusa de que hacía de “recuerdo siniestro”. O la estatua ingente con la cara de Franco que cada día recibe a miles de conductores en Santa Cruz de Tenerife, no muy lejos de la cruz de los caídos de 25 metros que corona el ágora de la ciudad. O el polideportivo de Logroño que sigue llamándose Juan Yagüe, así como el barrio en el que se ubica y la línea de bus que lo conecta. A Yagüe se le conoce como “el carnicero de Badajoz” por la masacre de la ciudad. En Burgos existía otro barrio con este nombre, pero fue cambiado gracias a la ley de Memoria Histórica, que no ha sido aplicada a la avenida Carlos Haya en Málaga, el diseñador aéreo del bombardeo de La Desbandá, ni a las calles de las provincias de Cuenca, Cáceres, Murcia… llamadas Generalísimo.

Me pregunto si los cambios por una memoria democrática, justa y reparadora sirven ahora que Vox y PP están tumbando la ley de Memoria Democrática donde pueden, como en las Baleares, Aragón y la Comunidad Valenciana. Temo que “la concordia” consista en volver a sembrar el territorio de honores a asesinos. Termino con unas palabras del falangista Agustín de Foxá, quien da nombre a una de las salidas de la estación ferroviaria de Chamartín: hagamos de España un país fascista y vayámonos a vivir al extranjero.

 Cultura

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