El tour inmobiliario de Llucia Ramis: reformado para entrar a vivir (o no)

“Defensaré/ la casa del pare./ Contra els llops, /contra la sequera,/ contra la usura,/ contra la justícia,/ defensaré/ la casa del pare.” Veo a Salvador Espriu, hierático, en la tele de los años setenta, recitando el poema de Gabriel Aresti. No habla de una casa en concreto, claro: habla de un país, de una manera de ser y de ver el mundo. ¿Qué ha quedado de todo aquello? Alquileres que no puedes pagar, pisos vacíos, vas a un hotel y resulta que es un bloque del que han expulsado a los vecinos. Querías que te arreglaran el barrio y cuando estuvo arreglado te obligaron a largarte. Igual no defendimos suficientemente la casa del padre. Nos pareció que la Constitución Española –que abre de manera algo sorprendente Un metre quadrat de Llucia Ramis (Palma, 1977)–, protegería el derecho a la vivienda, a los ciudadanos y al país. Como un torbellino han pasado la precariedad, la crisis, la burbuja inmobiliaria, la insolvencia, la desaparición de las viviendas sociales, los pisos de Airbnb, los expats y los cruceros. Vas de viaje y entonces eres tu el turista o te vas a pasar una temporada en el extranjero y eres el expat.

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 La periodista Llucia Ramis examina el desbarajuste inmobiliario, desde la economía y la sensibilidad, en el marco de la España democrática, desde los años setenta hasta hoy  

“Defensaré/ la casa del pare./ Contra els llops, /contra la sequera,/ contra la usura,/ contra la justícia,/ defensaré/ la casa del pare.” Veo a Salvador Espriu, hierático, en la tele de los años setenta, recitando el poema de Gabriel Aresti. No habla de una casa en concreto, claro: habla de un país, de una manera de ser y de ver el mundo. ¿Qué ha quedado de todo aquello? Alquileres que no puedes pagar, pisos vacíos, vas a un hotel y resulta que es un bloque del que han expulsado a los vecinos. Querías que te arreglaran el barrio y cuando estuvo arreglado te obligaron a largarte. Igual no defendimos suficientemente la casa del padre. Nos pareció que la Constitución Española –que abre de manera algo sorprendente Un metre quadrat de Llucia Ramis (Palma, 1977)–, protegería el derecho a la vivienda, a los ciudadanos y al país. Como un torbellino han pasado la precariedad, la crisis, la burbuja inmobiliaria, la insolvencia, la desaparición de las viviendas sociales, los pisos de Airbnb, los expats y los cruceros. Vas de viaje y entonces eres tu el turista o te vas a pasar una temporada en el extranjero y eres el expat.

Difícil de deshacer el nudo e incluso explicar la situación con coherencia. El libro de Llucia Ramis levanta el plano a partir de dos elementos básicos: la experiencia vivida, que sirve de base a su mejor libro, Tot allò que una tarda morí amb les bicicletes (2013), y la encuesta periodística: dos estilos y dos texturas literarias que combina muy bien: a veces para fundirlas en un coulant y otras para presentarlas en un mismo plato, cada una con un sabor y una consistencia propios. La vida que vivimos atropelladamente, a veces despreocupadamente, o arrastrados por unas fuerzas que no sabemos reconocer, responde a tendencias generales estudiadísimas. Las experiencias no son una ilustración de la teoría ni los estudios invalidan la manera de ver las cosas, los sentimientos y aprensiones. En esta dualidad constructiva, Un metre quadrat encuentra su espacio. Los lectores de La Vanguardia ya han leído artículos de Llucia Ramis en los que utiliza el mismo método –para hablar del turismo en Mallorca, por ejemplo– y saben que atina.

⁄ Una de les paradojas de esta época es la fractura entre los problemas colectivos y las soluciones individuales

Desde 1996, Ramis ha vivido en las calles Villarroel, Sant Gabriel, Sant Pere Màrtir, Alfons XII, Martí Molins, Sardenya, Vic, Verdi, Consell de Cent y El Putxet. Antes había vivido en Palma, con sus padres. Pasó dos años en Marratxí, una temporada en Sant Martí Vell, el pueblo de Elsa Peretti, y otra, fugaz, en Buenos Aires. Cada una de estas experiencias da pie a hablar sobre de qué manera la vivienda y los tejemanejes en torno a ella, condicionan la vida de la gente: desde el piso de estudiantes divertidos e inocentes, al refugio del profesional freelance, bien situado en su oficio, que sigue con una vida provisional, en parte también porque es lo que quiere.

Es un libro sin nostalgia ni blandenguería, franco y directo. La perspectiva teórica no permite grandes divagaciones literarias. Ramis muestra lo que quiere mostrar y esconde discretamente lo que no le interesa que se vea. Se sirve de un tipo de pregunta retórica –“Què queda de nosaltres a les ciutats, en els llocs i les cases on vivim?”, “En quin moment ca teva deixa de ser-ho i esdevé la casa dels teus pares?”– que, según como, carga un poco. Y mejora el tono cuando habla con el economista José García Montalvo, que tiene argumentos de peso, cuando pilla al vuelo una buena historia (las colombianas que hablan del peligro de los “que no son de aquí”) o cuando analiza los eufemismos de la crisis: “desacceleració transitòria, condicions adverses, deteriorament del context econòmic, ajustament, període de dificultats serioses.”

Una de las paradojas de esta época que Llucia Ramis retrata en su libro es la fractura entre los problemas colectivos y las soluciones individuales. Lo sabe contar con economía y sensibilidad.

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Llucia RamisUn metre quadrat/Un metro cuadradoAnagrama/Libros del Asteroide. 248/256 páginas. 19,95 euros

 Cultura

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