Tremendo el poder de convocatoria del escritor Julià Guillamon y su más reciente obra, Nonell, Vallmitjana i els gitanos (Edicions de 1984), una biografía cruzada cuya urdimbre desteje en un diálogo con el historiador del arte y curador Eduard Vallès. El miércoles, cuando los bomberos acudimos al reclamo, ya no cabe ni un suspiro en el auditorio del Museo Picasso; entre el público se encuentra el publicista Víctor Sagi, bisnieto de Juli Vallmitjana, aquel artista que colgó los pinceles para consagrarse a la escritura y la dignificación de los gitanos a través de obras como Els zin–calós (su estreno, en el teatro Principal, en enero de 1911, fue un exitazo).
Tremendo el poder de convocatoria del escritor Julià Guillamon y su más reciente obra, Nonell, Vallmitjana i els gitanos (Edicions de 1984), una biografía cruzada cuya urdimbre desteje en un diálogo con el historiador del arte y curador Eduard Vallès. El miércoles, cuando los bomberos acudimos al reclamo, ya no cabe ni un suspiro en el auditorio del Museo Picasso; entre el público se encuentra el publicista Víctor Sagi, bisnieto de Juli Vallmitjana, aquel artista que colgó los pinceles para consagrarse a la escritura y la dignificación de los gitanos a través de obras como Els zin–calós (su estreno, en el teatro Principal, en enero de 1911, fue un exitazo).Seguir leyendo…
Tremendo el poder de convocatoria del escritor Julià Guillamon y su más reciente obra, Nonell, Vallmitjana i els gitanos (Edicions de 1984), una biografía cruzada cuya urdimbre desteje en un diálogo con el historiador del arte y curador Eduard Vallès. El miércoles, cuando los bomberos acudimos al reclamo, ya no cabe ni un suspiro en el auditorio del Museo Picasso; entre el público se encuentra el publicista Víctor Sagi, bisnieto de Juli Vallmitjana, aquel artista que colgó los pinceles para consagrarse a la escritura y la dignificación de los gitanos a través de obras como Els zin–calós (su estreno, en el teatro Principal, en enero de 1911, fue un exitazo).

Arborescente y magnético, como los buenos narradores orales, Guillamon enlaza una anécdota con otra sobre el tapiz de la Barcelona de principios del siglo XX, donde se entremezclan la bohemia artística, el modernismo, la burguesía rampante y los arrabales, como las chabolas que se hacinaban en torno a la montaña de Montjuïc. ¿De dónde surge la idea? En sus visitas a las librerías de lance, mientras buscaba alimento para su mundo, el Poblenou de las fábricas, el barrio de la Plata, se tropezaba una y otra vez con libros de Vallmitjana a cuatro pesetas. Ahí nació una obsesión y una pregunta: ¿cómo es posible que el autor de La Xava (1910) partiera peras con el pintor Isidre Nonell? Habían sido grandes amigos, con similar fascinación por el mundo caló, y sin embargo su intimidad se hunde en un cenagal de silencio.
Julià Guillamon presenta el tesoro de la amistad truncada entre Vallmitjana y Nonell
Guillamon comienza a escarbar entre los «restos de un naufragio», como un detective del fragmento: prensa de la época, cartas, conversaciones con descendientes, dibujos, textos literarios, intuiciones. Es en este punto donde se cruza con el trompetista de jazz Joan Mar Sauqué, también presente entre el auditorio, otro abducido por la figura de Vallmitjana, con quien ha compartido pesquisas durante más de un año y medio, como en un largo partido de tenis, con wasaps a las dos de la mañana: “Oye, que he leído en La Renaixensa un fragmento donde…”.
Nonell, el pintor de los gitanos –una compresión del asunto a mata caballo– falleció de tifus en 1911, apenas dos años después de la Setmana Tràgica, el crisol donde ardieron las tensiones de la Barcelona pobre, tras la llamada a filas de los reservistas, hombres ya curtidos y con familia, para combatir en la campaña del Rif. Y hete aquí que el escritor Lorenzo Silva, parafraseando al protagonista de Conversación en La Catedral, de Mario Vargas Llosa, se responde a la eterna pregunta: “¿Cuándo se jodió el Perú / España?”. Pues en aquella guerra colonial: unos ocho mil muertos solo en el desastre de Annual (1921).

Lo hace el martes, en la +Bernat, durante un diálogo con la biógrafa Anna Caballé. Ambos conversan sobre Con nadie (Destino), la novela donde Silva rescata, también con técnicas detectivescas, la figura del general Miguel Campins, un militar íntegro, veterano de las guerras de Marruecos, fusilado en Sevilla en el tórrido verano de 1936. Se mantuvo fiel a la República aun rodeado de africanistas (Queipo de Llano, Sanjurjo, Mola, Goded, Franco). Un solitario en medio de la sinrazón. Entre el público, su nieto Miguel.
Como colofón, un aplauso para la escritora y editora Antònia Carré-Pons y la medievalista Lola Badia por la traducción al catalán de L’aventura de Tristany & Isolda, la primera desde la de Carles Riba. Feliz semana y cuidado con los vinos embrujados, los bebedizos y filtros de amor, que luego pasa lo que pasa.
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