El Barcelona Supercomputing Center se activa para convertir el arte en motor de la ciencia

Barcelona cuenta con un superordenador que no solo procesa billones de números, hace simulaciones del clima o analiza secuencias de ADN. También pone todo su potencial a disposición de los artistas para que traduzcan toda esa amalgama de datos y códigos fríos obtenidos en obras tangibles, que puedan sentirse, ver, escuchar. Pero también, y a diferencia de otros centros tecnológicos, para que los artistas humanicen la tecnología y aporten ,ediante su trabajo a la ciencia. Esto es posible gracias al Creative Intelligence Lab, un espacio creado por el Barcelona Supercomputing Center (BSC), donde se encuentra el Marenostrum 5, uno de los ordenadores más potentes del mundo.

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 El Creative Intelligence Lab del BSC se marca como objetivo crear ciencia y tecnología a través de la inclusión de prácticas artísticas en la investigación científica  

Barcelona cuenta con un superordenador que no solo procesa billones de números, hace simulaciones del clima o analiza secuencias de ADN. También pone todo su potencial a disposición de los artistas para que traduzcan toda esa amalgama de datos y códigos fríos obtenidos en obras tangibles, que puedan sentirse, ver, escuchar. Pero también, y a diferencia de otros centros tecnológicos, para que los artistas humanicen la tecnología y aporten ,ediante su trabajo a la ciencia. Esto es posible gracias al Creative Intelligence Lab, un espacio creado por el Barcelona Supercomputing Center (BSC), donde se encuentra el Marenostrum 5, uno de los ordenadores más potentes del mundo.

Convertir la creación artística en motor de la ciencia. Esto dice la teoría. Pero para muestra basta un botón: la cantante badalonesa Maria Arnal ha trabajado codo con codo durante tres años con el Barcelona Supercomputing Center. La colaboración cristalizó, entre otras cosas, en instalaciones artísticas y en un álbum, Ama, en el que experimenta con la polifonía de su voz. 

Es un proceso, el del uso de la tecnología y la IA para fines artísticos, que hoy en día ya no se sale de lo normal. Lo que sí ya no es corriente es que el beneficio sea recíproco y que de este trabajo en equipo también se beneficie la ciencia: el trabajo de Arnal ha generado una investigación científica sobre la voz con aplicaciones potenciales en la industria musical y escénica, pero también en la salud y la educación de la voz. Arna ha asegurado que se ha sentido muy cómoda en el BSC. Le ha resultado fácil: “Mi madre es científica”.

Se trata, por tanto, de desarrollar experimentos, programas y proyectos colaborativos con el objetivo de “traducir la investigación en herramientas, productos y servicios tangibles para la industria y la sociedad”, según expresa el BSC. Temas como el cambio climático, la medicina personalizada, las energías renovable, pero también la música, el diseño o el cine. Así, el proyecto pretende ser útil tanto para la industria creativa.

El Creative Intelligence Lab tiene previsto crear su primera residencia artística en la segunda mitad del 2026

La idea será innovadora, porque es la primera vez en Europa que un centro computacional se pone al servicio del arte y la ciencia al mismo nivel. El laboratorio, el Creative Intelligence Lab, se ha presentado este martes por la tarde en el Centre de Cultura Contemporània de Barcelona (CCCB) con las intervenciones de Cristian Canton (director asociado del BSC), Fernando Cucchietti (director del laboratorio), José María Cela (director del departamento CASE del BSC), Andre Faroppa (directora del Sónar+D) y José Luis de Vicente (fundador de FAST y primer comisario asociado del laboratorio. Cucchietti, ha incidido en la idea principal del proyecto: ”El objetivo es crear ciencia y tecnología a través de la inclusión de prácticas artísticas en la investigación científica”.  

El Creative Intelligence Lab se organiza en tres ámbitos y etapas: arts, donde los artistas se integran en los equipos de investigación; studio, donde la información científica y las ideas del artista cristalizan en alguna obra tangible, y solutions, donde esta creación se convierte en productos útiles (aplicaciones, patentes o herramientas tecnológicas) para la sociedad o servicios reales de los que puedan beneficiarse las empresas y el sector industrial. Los beneficios, además, servirán para financiar nuevas investigaciones.

Cucchietti, Faroppa, Cela y Vicente, durante la presentación del laboratorio. 
Cucchietti, Faroppa, Cela y Vicente, durante la presentación del laboratorio. Joan Mateu Parra / Shooting / Colaboradores

Esta sinergia entre el Barcelona Supercomputing Center y la creación artística se traducirá en la puesta en marcha de residencias para artistas. La primera residencia está prevista para la segunda mitad del 2026. Una práctica que también llevan a cabo otros proyectos como Platform Dalí, dirigido por la historiadora del arte Mónica bello, que se presentó en diciembre en la Pedrera y que igualmente tiene como objetivo fomentar la actividad artística a través de la experiencia científica. 

Mónica Bello es, precisamente, uno de los miembros del consejo asesor del Creative Intelligence Lab, junto a Ricard Roble (fundador de Sonar), Francesca Bria (New European Bauhaus), Nils Gilman (Berggruen Institute) y el artista Enrique Rosas.  

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