Y con Monet nació el arte borroso

A medida que el ejército alemán avanzaba hacia París, en agosto de 1914, Claude Monet podía oír los cañones de la Primera Guerra Mundial mientras daba las primeras pinceladas de sus Grandes Decorations , una serie de lienzos monumentales inspirados en el jardín de nenúfares que había construido en Giverny. Su familia había huido a territorio seguro y el viejo pintor, prácticamente solo, se empeña en seguir pintando para exorcizar el horror. “Ayer retomé el trabajo –escribió en diciembre–. Es la mejor manera de evitar pensar en estos momentos tristes”. Siempre había pintado lo que veía, pero en las pinturas que realizará a partir de entonces la naturaleza se hará cada vez más y más irreal. El nacimiento del arte abstracto se localiza en las aguas de un estanque de nenúfares y un puente japonés.

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 Una exposición en CaixaForum explora la estética de lo desenfocado en la creación  

A medida que el ejército alemán avanzaba hacia París, en agosto de 1914, Claude Monet podía oír los cañones de la Primera Guerra Mundial mientras daba las primeras pinceladas de sus Grandes Decorations , una serie de lienzos monumentales inspirados en el jardín de nenúfares que había construido en Giverny. Su familia había huido a territorio seguro y el viejo pintor, prácticamente solo, se empeña en seguir pintando para exorcizar el horror. “Ayer retomé el trabajo –escribió en diciembre–. Es la mejor manera de evitar pensar en estos momentos tristes”. Siempre había pintado lo que veía, pero en las pinturas que realizará a partir de entonces la naturaleza se hará cada vez más y más irreal. El nacimiento del arte abstracto se localiza en las aguas de un estanque de nenúfares y un puente japonés.

Claude Monet, «Le bassin aux nymphéas, harmonie rose» [El estanque de los nenúfares, armonía rosa], 1900. Musée d’Orsay
Claude Monet, «Le bassin aux nymphéas, harmonie rose» [El estanque de los nenúfares, armonía rosa], 1900. Musée d’OrsayMusée d’Orsay, Dist. GrandPalaisRmn / Patrice Schmidt

Cierto es que tenía problemas de visión –una catarata le impedía ver con nitidez– y pintaba casi de memoria, pero el desenfoque de los Nenúfares “ fue fruto de una firme intención artística más que la consecuencia fortuita de un ojo enfermo”, defienden Claire Bernardi y Émilia Philippot, comisarías de una exposición en CaixaForum que explora ahora justamente cómo, después de Monet, innumerables artistas han perseguido la estética de lo borroso, lo desenfocado, lo nebuloso, lo inacabado o tembloroso. Desenfocado. Otras visión del arte , que ha sido realizada en colaboración con el Museo de l’Orangerie, se presenta en Barcelona hasta el 27 de septiembre en versión ampliada tras pasar por París y Madrid.

Una visitante contempla 'El bello azul', de Miriam Cahn
Una visitante contempla ‘El bello azul’, de Miriam CahnTate London

La muestra reúne obras de Giacometti, Turner, Rothko, Boltanski, Nan Goldin o Pipilotti Rist

Antes de empezar el recorrido, las comisarias advierten: hay obras en verdad extraordinarias –desde un Turner procedente de la Tate que, en su intento por reflejar la luz sobre el agua del puerto, se asoma a la abstracción, a una imagen desenfocada del ataque a las Torres Gemelas de Thomas Ruff–, pero el viaje por ellas puede generar por momentos una molesta sensación de inestabilidad. Ese malestar que surge cuando la mente trata de “evitar incesantemente lo vago por su necesidad fundamental de claridad”.

'Seis segundos”. de Alfredo Jaar 
‘Seis segundos”. de Alfredo Jaar EFE/Enric Fontcuberta

Así que recomiendan “dar un paso a la izquierda y mirar sin intentar distinguir o diferenciar los objetos. Simplemente hay que tomarse tiempo y mirar sin apriorismos”. La muestra, dividida en tres secciones (las fronteras de lo visible, la erosión de las certezas y el elogio de la indefinición) cuenta con un preámbulo y un epilogo, y despliega 77 obras de 58 artistas, entre los figuran grandes estrellas como Giacometti, Rothko, Bol–tanski, Nan Goldin, Pipilotti Rist o Bill Viola. También hay españoles como José Val del Omar, Pedro G Romero, Perejaume o Eulàlia Valldosera.

Aunque todo empieza con Monet, 400 años antes Leonardo da Vinci ya práctica ese arte que se esfuma utilizando la técnica del sfumato , que difuminaba el contorno de las pinturas para darles un aire borroso y enigmático. Pero es después de la Segunda Guerra Mundial cuando esta visión del mundo adquiere una nueva significación política o filosófica que sirve a los artistas para hablar de temas dolorosos como la soledad (Giacometti) o el horror del Holocausto (Boltanski, Richter). Más recientemente, Alfredo Jaar desenfoca el retrato de una joven de Ruanda para denunciar el racismo y Antoine d’Agata vuelve, como si no quisiera enfocar del todo, a los tiempos de la pandemia de la covid y el confinamiento, con supervivientes vagando sin rumbo fijo.

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