Tuve un pariente de infausta memoria que, entre otras virtudes, tenía la de saber apreciar un buen champán. Mientras en la mesa hacía que su mujer sirviera una marca barata, él se descorchaba una botella de marca superior, que dejaba en el suelo, al lado de su silla: “Es que a mí ese otro me produce acidez”, decía a modo de excusa. No era tonto, no.
Tuve un pariente de infausta memoria que, entre otras virtudes, tenía la de saber apreciar un buen champán. Mientras en la mesa hacía que su mujer sirviera una marca barata, él se descorchaba una botella de marca superior, que dejaba en el suelo, al lado de su silla: “Es que a mí ese otro me produce acidez”, decía a modo de excusa. No era tonto, no.Seguir leyendo…
Tuve un pariente de infausta memoria que, entre otras virtudes, tenía la de saber apreciar un buen champán. Mientras en la mesa hacía que su mujer sirviera una marca barata, él se descorchaba una botella de marca superior, que dejaba en el suelo, al lado de su silla: “Es que a mí ese otro me produce acidez”, decía a modo de excusa. No era tonto, no.
Con los años, las bodegas catalanas que elaboraban lo que llamábamos champán tuvieron que cambiar de nombre porque los de la Champaña francesa les persiguieron judicialmente hasta que consiguieron que no utilizaran la palabra champán o champaña, ni tampoco lo del méthode champenoise, que evidentemente recordaba la denominación de origen de los vinos espumosos de la zona del nordeste de Francia.
Entonces se ingeniaron la denominación Cava, que triunfó porque la conciencia identitaria de los catalanes es muy alta. Pero con el tiempo se ha demostrado que esta fidelidad nominal ha caído en saco roto porque, dentro de Cava, se han metido demasiadas bodegas, y no solo de la zona histórica del Penedès, sino de toda la Península.
Sea de donde sea, el “vino espumoso elaborado por el método de fermentación en botella” se llama ‘champán’
Para diferenciar el vino espumoso que servían en la mesa de mi pariente del que él dejaba en el suelo, al lado de su silla, en el 2018 nació un sello para identificar los espumosos que siguen unos patrones de calidad más estrictos que los de la denominación Cava. Es el Corpinnat, que usa las palabras cor (corazón) y pinnat (forma latina del Penedès), por lo tanto, del corazón del Penedès.
Y aquí viene la pregunta: ¿si brindamos con Corpinnat, tenemos que llamarlo así? Francamente, sería muy extraño. La solución es fácil, aunque la dejamos de utilizar hace mucho tiempo. Tal como dice el DIEC, el “vino espumoso elaborado por el método de fermentación en botella”, sea de la denominación que sea, se llama xampany. Esta palabra también hace referencia a la denominación de la Champaña, claro, pero como genérico se puede utilizar sin problema. Legalmente, no, pero coloquialmente nadie nos lo puede impedir, del mismo modo que decimos coñac, y legalmente es brandy.
Así pues, brindemos con champán en nuestras celebraciones, especialmente ahora que viene Sant Jordi, la fiesta nacional de Catalunya. Y brindemos también por los libros y la cultura. Y si alguien sale con el debate de qué fue primero, si el huevo o la gallina, recuérdenle que en este caso fue primero Sant Jordi. El día internacional del Libro, que se celebra en un centenar de países promovido por la Unesco, solo tiene una magnitud estratosférica en Catalunya, y es porque va de la mano con Sant Jordi. Que no intenten descatalanizarnos la fiesta, que se les ve el plumero.
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