Carles Rebasa y su palimpsesto de Palma

Hace más de 25 años que Carles Rebassa (Palma, 1977) llevaba dentro Prometeu de mil maneres (Univers), la novela con la que ha ganado el premio Sant Jordi, y que narra la vida de un chico, Prometeu, que trabaja de camarero en Palma, ciudad cuyas diferencias sociales retrata, pero también la fuerza del deseo cuando se enamora del hijo de la propietaria de un pequeño imperio empresarial, en un estilo muy marcado que va cambiando y transformándose.

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 El escritor mallorquín narra una pasión incendiaria en ‘Prometeu de mil maneres’, premio Sant Jordi  

Hace más de 25 años que Carles Rebassa (Palma, 1977) llevaba dentro Prometeu de mil maneres (Univers), la novela con la que ha ganado el premio Sant Jordi, y que narra la vida de un chico, Prometeu, que trabaja de camarero en Palma, ciudad cuyas diferencias sociales retrata, pero también la fuerza del deseo cuando se enamora del hijo de la propietaria de un pequeño imperio empresarial, en un estilo muy marcado que va cambiando y transformándose.

“La escritura dura toda la vida, siempre estás tomando notas mentales o físicas que te acompañan durante muchos años y que no sabes nunca cuándo usarás”, señala el escritor para justificar que durante más de media vida haya estado trabajando en esta novela. “La chispa fue a partir de El Prometeu mal encadenat de André Gide, en la versión de Bartomeu Rosselló-Pòrcel, cuando se me ocurrió el personaje centrado en un ambiente laboral determinado, porque yo también fui un chico de 24 años que vivía en Palma y trabajaba de camarero en una cafetería del mismo estilo, y a partir de ahí fue apareciendo el ambiente, y poco a poco fui pensando cómo plasmar aquella sensación”.

Para conseguirlo, mezcla de manera calidoscópica estilos y géneros, y opta por la lírica desatada o por el policiaco cuando parece que todo girará en torno a un asesinato, pero las mil formas de contar lo que pasa llevan al escritor a jugar con el lector: “Tenía la idea de que fuera como varias novelas al mismo tiempo, con estilos diferentes y cosas que no necesariamente ligaban entre una parte y otra. También buscaba que fuera como un auca, porque uno de los textos transversales del libro es el poema Auca, de Rosselló-Pòrcel”, explica.

Hay más referentes literarios, con citas ocultas para quien las sepa encontrar, construyendo un palimpsesto de lectura: “Es tu patrimonio y te acompaña en el día a día en el análisis del presente, la configuración del pensamiento y necesariamente en la escritura. Es como una cartografía de referentes, espacios comunes que escribo para que los encuentres y remitan a un autor o a una idea”, aclara, e incluso los títulos de los capítulos tienen ecos de Joan Alcover, Boris Vian, Gil de Biedma, Narcís Oller, Bernat Metge, Ausiàs Marc o incluso la película de los hermanos Coen O brother.

Carles Rebassa, en la Casa Abacus, sede de la editorial Univers
Carles Rebassa, en la Casa Abacus, sede de la editorial UniversÀlex Garcia

Sobre el juego de estilos, también asegura que, aunque empieza hablando de un asesinato, “no se explicita si es una muerte física o de otra naturaleza hasta un momento determinado, cuando se entra en un registro de novela negra, pero tampoco toma la centralidad del texto, sino que es uno de sus riachuelos. Para mí el tema principal es esta lucha por el dominio, tanto si es personal como si es económico o de relación, una lucha que en este libro siempre tiene un fin catastrófico”. Un deseo que quema: “Es como si Prometeu fuera por el mundo con una bengala de fiesta y pareciera que podría crear un gran incendio”. En todo caso, también señala que “la coherencia es como un virus intelectual de nuestro tiempo, pero, cuando entras en una sociedad gobernada y establecida de manera vertical, la traición a uno mismo es una cosa constante, nos pasa a todos”.

“Quería hacer una descripción vertical, un poco dantesca incluso, de estas estructuras de poder pequeño que ahora están siendo absorbidas, porque estas familias de toda la vida se van a la mierda porque ha llegado gente con más dinero y con otros proyectos”, dice. Porque así fue Palma, ciudad a la que la novela también homenajea con el espejo del poema de Rosselló-Pòrcel, también “en un sentido irónico, crítico, nostálgico, mirando hacia atrás y mirando un poco hacia adelante, y con casi cien años de diferencia. Es un homenaje y también una reivindicación de la ciudad que hay tras el turismo, la especulación, el PP. Es una mirada proustiana de Palma, un espacio al cual puedes volver siempre desde la memoria o con la escritura, pero no física o vivencialmente”.

Carles Rebassa, en la Casa Abacus, sede de la editorial Univers
Carles Rebassa, en la Casa Abacus, sede de la editorial UniversÀlex Garcia

“Es una mirada proustiana de Palma, un espacio donde solo puedes volver desde la memoria o la escritura”

Otro de los elementos importantes en la obra es la lengua, que intenta ser naturalista porque rehúye “de una representación fotocopiada de la lengua de la calle, utilizo una lengua que no es esencialmente de Palma ni de Mallorca, sino catalana. Además, como hay mucha oralidad, diálogo y lenguaje espontáneo, a veces hay que inventar expresiones”, una expresividad que se desarrolla, por ejemplo en la manera de insultar: “El insulto es una de las expresiones más limpias del ánimo y del alma, y tiene mucha fuerza”.

Todo con unos personajes que el narrador no juzga: “Todo el mundo ama y es amado, y no me gusta la literatura moralizante, porque como dice Prometeu, todo el mundo es un hijo de puta cuando se encuentra en un momento determinado”.

Sin ser un manifiesto contra la homofobia, también es uno de los temas que aparecen: “ Prometeu lo vive como si estuviera en el eje del peligro, pero la novela muestra la homofobia connatural de estas organizaciones de trabajo salvajes. La homofobia aún continúa, a veces por un dedo que señala o por la vergüenza profunda que uno siente porque lo han educado dentro de esta vergüenza, aunque hayas llevado a cabo todos los procesos políticos posibles para liberarte, siempre la tendrás”.

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