Brel (★★★★✩), un compromiso con el mundo

Sensible, juguetona, íntima, payasa, melancólica, cuando la melancolía no es nostalgia, sino conciencia del tiempo. El jueves, Rosas puso a los intérpretes ante el espejo del amor concebido al estilo de Brel, como un compromiso con el mundo. Sudados por el bochorno y con la humedad impregnándolo todo, el Grec regaló a Brel fragilidad: Keersmaekeer y Mariotte semejaban niños sabios, precisos como un metrónomo, pero también vulnerables y con ganas de juego. A ratos, el tono era de peli de cine mudo y de cabaret, fieles a Brel, pero también crónica de sí mismos, con su parte de retrato colectivo.

Seguir leyendo…

 Rosas puso el jueves pasado a los intérpretes ante el espejo del amor concebido al estilo del cantautor francés  

Brel 

Concepto, coreografía y danza: Anne Teresa de Keersmaeker, Solal Mariotte.
Chansons: Jacques Brel
Rosas
​Teatre Grec (16-VII-2026)

Sensible, juguetona, íntima, payasa, melancólica, cuando la melancolía no es nostalgia, sino conciencia del tiempo. El jueves, Rosas puso a los intérpretes ante el espejo del amor concebido al estilo de Brel, como un compromiso con el mundo. Sudados por el bochorno y con la humedad impregnándolo todo, el Grec regaló a Brel fragilidad: Keersmaekeer y Mariotte semejaban niños sabios, precisos como un metrónomo, pero también vulnerables y con ganas de juego. A ratos, el tono era de peli de cine mudo y de cabaret, fieles a Brel, pero también crónica de sí mismos, con su parte de retrato colectivo.

La pared de roca servía de pantalla. Garabateada por la iluminación con las sombras de los bailarines, las rugosidades insinuaban pinturas rupestres sobre la piedra, por momentos iluminada con grabaciones del cantante o de ese país suyo que también es el de Keersmaeker y, por vía de la escuela PARTS y la compañía Rosas, el de adopción del bailarín y breakdancer Solal Mariotte. El acento belga se ha desangrado siempre en las esquinas del silencio. Lo prueban Simenon y Magritte, el escultor y performer Jan Fabre y el coreógrafo Wim Vandekeybus. En ellos, la pulcritud formal no ha ocultado nunca los temblores del alma.

En el transcurso de una escena, el foco circular de luz orbitaba sobre el escenario convertido en la música de las esferas de una temporalidad fugitiva. El ritual intergeneracional ficha aquí: el cuerpo conciso de Keersmaeker contrasta con el dinámico de Mariotte, pero ambos son expresivos. Algunos de sus pasos ya son canon. Si el martes reconocíamos en la koreana Sung Im Her el minimalismo serial de los giros con alzado de brazo de Fase , de Keersmaeker, aquí estos pasos de hace 44 años arrancaban de una fotografía de Brel con el brazo en parecida pose. ¿Unos y otros son canon sacralizado? Más bien, presentan idénticas rebeldía y búsqueda.

Brel, Keersmaeker o Mariotte no son sólo canon, sino, todavía, cañón que dispara contra el cliché establecido, igual que las canciones arremetían contra la violencia institucional con imágenes tan tiernas como explosivas. Son canto, amor, alegato. Un grito contenido y fiero.

Etiquetas

 Cultura

Te Puede Interesar

  • Belle and Sebastian (★★★★✩), clase y euforia

  • Pablo La Parra: “Sin una Filmoteca fuerte, nuestra memoria visual se borraría”

  • Correctores incorregibles

  • La poesia elegíaca sense drama de Jordi Llavina