Amitav Ghosh, escritor: “En EE UU se ha expandido mucho la industria de los refugios para el fin del mundo”

Amitav Ghosh, en el CaixaForum de Madrid, la semana pasada.

Cuenta el escritor bengalí Amitav Ghosh (69 años, Calcuta, India) que la ética del bote salvavidas es una teoría racista que señala que alguien que está en una barca de salvamento tiene derecho a impedir que otros se suban para evitar hundirse. Sin embargo, el autor de El palacio de cristal o La maldición de la nuez moscada, que vive en Nueva York y participó el día 24 en un acto en el CaixaForum de Madrid sobre la emergencia climática, considera que los países ricos cometerían un gran error si creen que pueden ponerse a resguardo del calentamiento del planeta y la actual policrisis dejando de lado al resto. En su nuevo ensayo, El gran delirio (Capitán Swing), Ghosh reflexiona sobre la actual falta de reacción ante el desastre y aporta un enfoque del cambio climático diferente al habitual, más allá de la visión de Occidente.

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El escritor bengalí, en un momento de la entrevista en Madrid. El autor bengalí afirma que el cambio climático es un problema que hay que abordar de forma colectiva, cuando vivimos en un mundo cada vez más individualista  

Cuenta el escritor bengalí Amitav Ghosh (69 años, Calcuta, India) que la ética del bote salvavidas es una teoría racista que señala que alguien que está en una barca de salvamento tiene derecho a impedir que otros se suban para evitar hundirse. Sin embargo, el autor de El palacio de cristal o La maldición de la nuez moscada, que vive en Nueva York y participó el día 24 en un acto en el CaixaForum de Madrid sobre la emergencia climática, considera que los países ricos cometerían un gran error si creen que pueden ponerse a resguardo del calentamiento del planeta y la actual policrisis dejando de lado al resto. En su nuevo ensayo, El gran delirio (Capitán Swing), Ghosh reflexiona sobre la actual falta de reacción ante el desastre y aporta un enfoque del cambio climático diferente al habitual, más allá de la visión de Occidente.

Pregunta. ¿Las futuras generaciones se preguntarán si estábamos locos?

Respuesta. Sí, absolutamente. Estoy seguro de que lo harán. Después de la Segunda Guerra Mundial, los hijos solían preguntar a sus padres qué habían hecho ellos durante el conflicto. De la misma manera, nuestros hijos y nietos nos preguntarán qué hicimos nosotros mientras el mundo se derrumbaba. Hemos perdido muchísimo y vamos camino de perder mucho más.

P. ¿Por qué piensa que los escritores y artistas son cómplices de lo que denomina el gran delirio?

R. Todos somos cómplices de diversas maneras. Como artistas y escritores, un aspecto de nuestra complicidad es que no hemos reflejado la grave realidad en nuestro trabajo, en especial en los últimos 30 años, cuando se han emitido la mayor parte de los gases de efecto invernadero a la atmósfera.

P. ¿No hay ningún libro bueno que trate del cambio climático?

R. No todos los problemas ambientales se reducen al cambio climático, también están la extinción de especies y más cosas. Dicho esto, sí que los hay. Uno de los libros más destacados que refleja esta crisis multidimensional es Flight Behavior [Conducta migratoria], de Barbara Kingsolver. Otro libro excelente es The Overstory [El clamor de los bosques], de Richard Powers. Hay más.

P. ¿El cada vez mayor individualismo del mundo moderno es una barrera para abordar el cambio climático?

R. El cambio climático es un problema colectivo, hay que abordarlo colectivamente a todos los niveles, pero vivimos en un mundo cada vez más individualista. Si nos fijamos en los jóvenes de hoy, muchos apenas pueden relacionarse entre sí. Se han acostumbrado tanto a estar pendientes de sus móviles, que les resulta difícil incluso comunicarse.

P. ¿Por qué asegura que el discurso del cambio climático es eurocéntrico?

R. Es eurocéntrico en varios niveles. Casi todo el trabajo científico sobre el cambio climático proviene del mundo occidental, de Estados Unidos y de Europa. Debido a esto, la atención tiende a centrarse en los problemas occidentales. Gran parte de los datos recopilados sobre el cambio climático distorsionan la realidad de diversas maneras. Por ejemplo, los estudios sobre las respuestas al calor se realizan a partir de datos de personas occidentales.

P. Sin embargo, afirma que la mayoría de las víctimas potenciales del cambio climático están en Asia. ¿No es así?

R. Sí, porque Asia tiene enormes concentraciones de habitantes. La población de Tuvalu, una pequeña isla del Pacífico que está desapareciendo poco a poco, ronda las 10.000 personas. En cambio, la inundación de una sola isla en Bangladés, Bhola, afectó a más de medio millón de personas. Por las enormes concentraciones de población en Asia, también existe una enorme concentración de riesgo.

P. ¿Qué es la ética del bote salvavidas?

R. Esa idea la propuso el teórico Garrett Hardin, un pensador racista de extrema derecha con tendencias eugenistas. Según él, si alguien está en un bote salvavidas y otros intentan subir, tiene todo el derecho a impedírselo. Comparaba esto con lo que Estados Unidos y otros países ricos deberían hacer con los migrantes. Es un enfoque racista y de extrema derecha ante la crisis que enfrentamos. Básicamente, propone condenar a muerte a un gran número de personas.

P. ¿No es esto mismo lo que defienden ahora algunos políticos de los países occidentales?

R. Se trata de un enfoque muy excluyente, casi genocida, para esta policrisis. Y no funcionará porque la población de Occidente también se verá gravemente afectada, un mayor PIB no la protegerá. El mejor ejemplo de ello fue la covid. Teóricamente, los países más preparados para la pandemia eran los que tenían más recursos, pero no fue así. Países como Italia, Reino Unido, Estados Unidos se vieron muy afectados. En cambio, comparativamente, algunos países africanos como Ghana gestionaron la pandemia bastante mejor. Creo que es una ilusión pensar que Occidente estará protegido de estos problemas ambientales. El PIB es un indicador engañoso, no dice nada sobre la resiliencia.

P. ¿Quiénes están menos preparados para una crisis de grandes dimensiones?

R. Es algo contradictorio, porque las personas más ricas de Occidente podrían preservar su riqueza. Ya vemos a Mark Zuckerberg, Peter Thiel y otros grandes empresarios tecnológicos construyendo refugios para sobrevivir al fin del mundo. Están diseñados para ser completamente autosuficientes durante cuatro o cinco años. Así que ya se están preparando para un desastre. En Estados Unidos se ha expandido mucho la industria de los refugios para el fin del mundo, ahora se puede comprar uno por tan solo 35.000 dólares. Pero creo que las personas más vulnerables serán, en realidad, las de clase media, tanto en Occidente como en el Sur global, porque no se adaptan como lo hacen las de clase trabajadora. Al menos, las de clase trabajadora suelen adaptarse a las circunstancias difíciles.

P. ¿A qué se refiere?

R. Daré un ejemplo: en los últimos años, en Estados Unidos ha habido tormentas muy peligrosas. Se emiten advertencias con mucha antelación y la gente se marcha a otros lugares, pero muchos no se van. ¿Por qué? Porque son personas de clase media. Toda su vida está invertida en bienes inmuebles, que los atan al lugar. Si se van, corren el riesgo de caer en la pobreza. Lo mismo ocurrirá en la India, en sitios como Bombay. Esas son las personas más vulnerables. Quizás sepan usar un ordenador, pero aparte de eso, tienen muy pocas habilidades para la vida.

P. Los países asiáticos son potenciales víctimas, pero también responsables de la crisis. Hoy en día, China es el mayor emisor del mundo de gases de efecto invernadero e India, el tercero.

R. Sí, pero eso son cifras absolutas. Per cápita, tanto China como India tienen emisiones mucho menores que Estados Unidos y otros países. Arabia Saudí y las demás potencias petroleras son los países con una huella de carbono más alta per cápita. En términos generales, es cierto que Asia, en particular China e India, son grandes emisores. Pero cuando yo mismo he preguntado a personas muy afectadas por el cambio climático en India, Indonesia y otros lugares si no creen que deberían intentar reducir su huella de carbono, la respuesta siempre es: “¿Por qué? Otros con una huella mucho mayor se enriquecieron cuando nosotros éramos débiles y pobres, ahora nos toca a nosotros”.

P. ¿Es posible que todos los habitantes del planeta vivan como los estadounidenses o los europeos?

R. No. Pero no podemos olvidar que, durante décadas, estadounidenses y europeos les decían a los asiáticos que vivieran como ellos. El concepto de pobreza y riqueza en el Banco Mundial está totalmente ligado a los combustibles fósiles y su consumo. El objetivo principal tras la disolución de la Unión Soviética, a comienzos de los años noventa, era que todo el mundo viviera como los occidentales. La realidad es que, si cada persona en India tuviera dos coches, el mundo ardería. Mahatma Gandhi lo comprendió y advirtió sobre el capitalismo industrial. También hubo pensadores chinos que lo comprendieron. Pero fue Occidente quien impuso el criterio de la opulencia, ese estilo de vida ostentoso. Y ahora, les dicen a los asiáticos: “No, no deben hacer lo que hicimos nosotros, deben hacerlo de otra manera”.

P. ¿Qué alternativa hay?

R. Hay que decir que China es muy diferente de India, porque ha sido pionera en energías renovables. Y ahora instala más centrales de energías alternativas que el resto del mundo junto. En cuanto al efecto imitación de los occidentales, esto abre una esperanza: si Occidente cambiara su forma de vida, si adoptara alternativas como las que defienden jóvenes como Greta Thunberg, entonces la gente de otras partes del mundo también querría ese estilo de vida.

P. ¿Tiene entonces esperanzas?

R. Como dijo Gramsci, debemos tener pesimismo del intelecto y optimismo de la voluntad. Creo que es lo único que podemos decir en este momento, porque todo va en la dirección equivocada. Estados Unidos se encuentra inmersa en una crisis sin precedentes, nadie había visto una polarización como la que existe hoy en el país. Creo que lo que realmente amenaza a los estadounidenses ahora mismo son los problemas relacionados con el nivel de vida. Hoy en día, la edad promedio de quienes compran su primera vivienda en ciudades como Nueva York, Chicago o San Francisco ronda los 50 años. Y en Europa, donde hasta ahora era muy importante la cuestión climática, ahora solo hablan de rearme.

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