Todas las sociedades, desgrana el economista británico Tim Jackson (1957), se aferran a un mito, por el cual viven. El de nuestra sociedad es el del crecimiento. Un crecimiento eterno que un día solucionará todos nuestros problemas. Es útil, admite, cuando se tiene poco. Pero en exceso comienza a causar desequilibrios. “La prosperidad humana tiene que ver sobre todo con la salud”, señala. Y cree que el mito del crecimiento, impulsado por economistas hombres que se han dedicado a la productividad, la eficiencia y la mano invisible del mercado, y que han dejado de lado el “corazón invisible de la sociedad”, el trabajo mal remunerado de las mujeres, ha fallado. Jackson, autor de Postcrecimiento y emérito de la Universidad de Surrey, piensa que es hora de cambiarlo. Publica L’economia de la cura (Arcàdia), que aparecerá en castellano en Paidós en octubre.
El economista británico denuncia el mito del crecimiento eterno en ‘La economía del cuidado’
Todas las sociedades, desgrana el economista británico Tim Jackson (1957), se aferran a un mito, por el cual viven. El de nuestra sociedad es el del crecimiento. Un crecimiento eterno que un día solucionará todos nuestros problemas. Es útil, admite, cuando se tiene poco. Pero en exceso comienza a causar desequilibrios. “La prosperidad humana tiene que ver sobre todo con la salud”, señala. Y cree que el mito del crecimiento, impulsado por economistas hombres que se han dedicado a la productividad, la eficiencia y la mano invisible del mercado, y que han dejado de lado el “corazón invisible de la sociedad”, el trabajo mal remunerado de las mujeres, ha fallado. Jackson, autor de Postcrecimiento y emérito de la Universidad de Surrey, piensa que es hora de cambiarlo. Publica L’economia de la cura (Arcàdia), que aparecerá en castellano en Paidós en octubre.
El mito del crecimiento continuo es hoy más fuerte, no sabemos vivir sin él”
Afirma que el mito del crecimiento reina en nuestra sociedad. ¿Qué significa?
Es incluso más fuerte que antes. Lo vemos en los discursos políticos, las actitudes militares, las demandas territoriales. Hoy nos aferramos desesperadamente a un credo, es una idea sin la que no sabemos cómo vivir. El crecimiento que queremos sigue siendo esquivo, pero así damos sentido a nuestro mundo y articulamos el poder.
¿Las guerras, el regreso de la extrema derecha, están relacionadas con eso?
Sí. Parte de la responsabilidad recae en los ideales neoliberales de los sectores poderosos de la sociedad, a quienes ahora se les llama la clase Epstein, un grupo de personas que controlan el poder y la riqueza, incluido el gobierno. Y lo utilizan para perseguir su propio poder y riqueza. El problema con el mito del crecimiento es que se legitima por la idea de que el crecimiento es el foco de nuestra prosperidad. Y, si das eso por sentado, puedes legitimar toda esta codicia, esta ambición de poder y territorial, es lo que lo hace parecer respetable, porque afirma ser progreso. El populismo es el síntoma de una sed de poder de otro sector de la sociedad, de una élite que ha capturado los procesos de gobernanza y de las instituciones económicas para su beneficio.
Tras la crisis de 2008 y la pandemia, al final, ¿cambió algo?
En la crisis de 2008, hasta cierto punto, sí. Fue el comienzo de la ruptura de la idea neoliberal. Primero con el movimiento Occupy, los indignados: este sistema ha destruido el planeta, empobrecido a la gente y creado su propia inestabilidad financiera y ahora los Estados rescatan a los bancos. Pero la oposición al sistema se agotó por la austeridad, por la retirada del bienestar a los más pobres, por el creciente desempleo juvenil, por distraer a la gente. No teníamos pan, pero teníamos circo. Redes sociales, Netflix, maratones de series, la interminable parafernalia de las celebridades. Lo irónico es que ese proceso de vaciar la oposición al neoliberalismo generó el populismo. Y ahora cosas que estaban ocultas, como muestra el movimiento MAGA, son explícitas: la defensa de un poder territorial y una codicia desenfrenados como bien supremo.
Pide cambiar el mito del crecimiento por una economía del cuidado. ¿Qué es?
Cuando escribía sobre el postcrecimiento y la prosperidad sin crecimiento surgió una pregunta: ¿Qué significa realmente la prosperidad? El mito del crecimiento concibe la prosperidad como riqueza y acumulación. Y si la estrella Polar de nuestra sociedad es la riqueza, entonces la acumulación, el crecimiento, el progreso, es la forma de llegar a ella. Pero si acumulas y acumulas al final dañas el planeta, y eso lo socava todo. La idea de que la prosperidad trata solo de la acumulación de riqueza es errónea. En realidad el mejor modelo de prosperidad es la idea de salud. Si tomas esa idea en sentido amplio, salud física, mental, comunitaria, ecológica. Porque la salud nunca opera simplemente a través de la acumulación: su guía es el equilibrio. Y una vez que has cambiado de la riqueza a la salud, del crecimiento al equilibrio, ¿cuál es el papel de la economía? Ayudarnos a lograr ese equilibrio. La idea clave de la economía del cuidado es que nuestra prosperidad no siempre significa tener más y más. La idea de tener cada vez más es peligrosa. Cuando no tenemos suficiente, tener más es algo bueno. Pero si estamos obsesionados con tener más y más, perdemos ese punto de equilibrio. De lo suficiente. La economía del cuidado es una forma de decir que hemos construido instituciones alrededor de un mito falso. La salud funciona a través del equilibrio. Y el equilibrio requiere restauración. El cuidado es esa fuerza restauradora. La economía tiene que ser una fuerza de cuidado. La fuerza del cuidado es tan fundamental que es un principio organizador de la vida orgánica. A veces es el cuidado de un organismo por otro, pero muy a menudo el propio organismo, dentro, está constantemente devolviéndonos al equilibrio. Y eso creo que es lo que se ha perdido en nuestra economía y necesita ser reinstaurado.
Afirma que nuestros sistemas neurolímbicos no fueron diseñados para el capitalismo.
No lo fueron, pero el capitalismo ha hecho un muy buen trabajo explotándolos, porque buscamos el placer y evitamos el dolor. Es muy fácil monetizar eso. La industria alimentaria, de forma deliberada creó una ciencia del deseo, empleó a neurocientíficos para buscar el factor de placer en los alimentos procesados, lo que activaría nuestros circuitos de dopamina y nos daría sensación de placer. Y comenzó a diseñar nuestras dietas en torno a ese tipo de alimentos. Tenemos ese circuito de dopamina porque evolucionamos en una época en la que el azúcar era muy escaso. Cada vez que encontrabas una fuente de azúcar concentrada en una fruta pequeña, obtenías una pequeña dosis de dopamina. Y eso te animaba a buscar la siguiente. Pero había una gran distancia entre la una y otra. Si te bombardean con productos de una industria diseñados para hackear tus circuitos de recompensa y esos productos resultan ser malos para ti, tienes la receta para el desastre. Una epidemia de enfermedades crónicas que va más allá de todo lo que hemos visto con productos que generan ganancias para la industria y socavan la salud pública. Pero los legitimamos porque prometen generar crecimiento. También la sobremedicalización de la salud se basó en la idea de que esta era una fuente de lucro.
Remarca que el género es la división clave al hablar de cuidado.
Más del 70% del trabajo de cuidado remunerado en todo el mundo y un porcentaje mayor del no remunerado lo realizan las mujeres. Ha sido relegado a un sector de la sociedad que se ha considerado menos importante, mujeres, minorías, trabajadores inmigrantes. Pero el cuidado es tan fundamental para nuestras vidas que siempre deberíamos haberlo recompensado adecuadamente. Como hombres, hemos vivido en una sociedad que ha privilegiado los valores masculinos sobre los femeninos. Y eso nos perjudica tanto a nosotros como a las mujeres. Hoy las fuerzas de una sociedad masculinizada, patriarcal, impulsada por el crecimiento y territorial, la sociedad del capitalismo del siglo XXI, nos lleva al desastre. Necesitamos políticas que inviertan en cuidados, que paguen adecuadamente a los trabajadores de los cuidados, que permitan a las personas organizar sus vidas de maneras que no las estresen y socaven su salud. Una reforma de la industria alimentaria porque nos enferma. Una reforma de la industria farmacéutica porque se lucra con nuestra enfermedad. La salud es nuestro activo más importante. Vimos el surgimiento del cuidado como algo con valor social durante la pandemia y luego desapareció y en su lugar, como un péndulo, está la violencia. El trabajo como individuos, como sociedades, como gobiernos, como políticos, es proporcionar esa contrafuerza al péndulo nuevamente, porque el impulso hacia la violencia es abrumador en el momento. Y aterrador.
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