Granados, una vida de pálpito

Las mejores biografías son a menudo fruto de una obsesión. Y luego están las que llegan impulsadas por el amor al arte, lo que añade un plus en toda radiografía de un artista. La escritora Marta San Miguel (Santander, 1981), periodista y premio José Hierro de Poesía, ha novelizado la vida de Enric Granados (1867-1916) alternando la no tan conocida historia del compositor leridano con una narración que sigue sus huellas desde la contemporaneidad.

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 Centrada a menudo en la tragedia de su muerte, la biografía del compositor que presagiaba “el mar me matará” sigue revelando enigmas  

Las mejores biografías son a menudo fruto de una obsesión. Y luego están las que llegan impulsadas por el amor al arte, lo que añade un plus en toda radiografía de un artista. La escritora Marta San Miguel (Santander, 1981), periodista y premio José Hierro de Poesía, ha novelizado la vida de Enric Granados (1867-1916) alternando la no tan conocida historia del compositor leridano con una narración que sigue sus huellas desde la contemporaneidad.

La autora se enamoró de la clásica escuchando de niña una pieza de Granados. En su casa se oía mucha música de fondo. Ella la oía como oía las voces de sus padres o el del motor del ascensor. De repente, un día sonó la Danza Oriental , que le hizo levantar la cabeza.

Granados soñó con que inventaran un teleférico para no tener que navegar hasta Mallorca

“Tenía 13 o 14 años y tomé conciencia de estar escuchando música. Me levanté, abrí la carátula del CD, un recopilatorio de compositores, y saqué el libreto. Enrique Granados. Entonces leí su biografía que, por desgracia, hemos contenido en la tragedia de su muerte. Me conmocionó. Es tan trágico y doloroso y tan bello lo que le pasó, que, oyendo esa pieza, epítome de una belleza que me sobrepasó, la historia se me quedó dentro”.

Enric Granados al piano y rodeado de colegas en una sala previa a su academia de la Av. del Tibidabo, de la que ya solo se conserva la fachada
Enric Granados al piano y rodeado de colegas en una sala previa a su academia de la Av. del Tibidabo, de la que ya solo se conserva la fachadaARCHIVO / LA VANGUARDIA

San Miguel tardó años en escribirla. Si hubiera publicado Última escala (Libros de Asteroide) diez años antes, por el centenario de la trágica muerte de Granados, habría tenido más sentido comercial. Pero con esta enésima aproximación al renovador de la música española en el cambio de siglo busca otra cosa: “No soy historiadora ni biógrafa, pero burlemos un poco la mala suerte que tuvo y démosle al play . Porque fuera del ámbito de la música hemos perdido a Granados. Apenas se programa. Y no pretendo rescatarlo, sino responder a la pregunta de qué nos hace la música por dentro”.

Burlemos un poco la mala suerte que tuvo Granados y démosle al ‘play’”

El libro arranca con la dramática muerte del músico y su esposa, Amparo Gal, en 1916. Volvían de estrenar Goyescas en Nueva York cuando el buque Sussex en el que viajaban fue torpedeado en el Canal de la Mancha. Hay miles de versiones de lo que pasó: iban en bote salvavidas; él remaba; ella cayó al agua y él se lanzó a salvarla siendo pésimo nadador. O es él quien cae y ella se tira… La muerte de Granados ha eclipsado su vida y San Miguel quiere reconstruirla trenzando su propia experiencia con la trayectoria vital del compositor y su música. Y sin caer en esoterismos, indaga en ese pálpito que el maestro tiene toda su vida: “El mar me matará”, decía.

Cuando tuvo que viajar a Mallorca con el Cuarteto Crickboom, Granados soñó con que inventaran un teleférico para no tener que navegar hasta la isla. “Pero maestro, si algún día ha de dar un concierto en EE.UU., ¿qué hará?”. “Por supuesto, no ir”, respondía.

Entic Granados (Lleida,1867-Canal de la Mancha 1916). 
Entic Granados (Lleida,1867-Canal de la Mancha 1916). Otras Agencias

En sus pesquisas por Barcelona o París, o por la hemeroteca de La Vanguardia , San Miguel ha confirmado un detalle revelador: Granados salía a pasear por el Bois de Boulogne, en París, hasta que un día, como cuenta su colega Ricard Viñas, se subió a un bote y aprendió a remar. “Era un aventurero, no es descartable que remara en el naufragio del Sussex , por mucho que le temiera al agua –apunta la biógrafa–. Y he encontrado fotos de cuando acudía a las tertulias en casa de Rusiñol en las que va en barquito”.

De niño, los padres de Granados pensaban que era lelo porque hacía payasadas e imitaciones, era muy artistoide e intenso. Un día colocó por orden las escupideras de la casa y con dos cucharas de palo reprodujo la marcha militar. Ahí los padres ven que hay algo.

“Ahora nos hemos pasado de vueltas y todo niño es listísimo, pero ¿cómo podía diferenciar la gente que había una maestría? ¿Habría llegado Granados tan lejos si no se hubiera cruzado con Eduardo Conde, que le sufraga el viaje a París?”, pregunta la autora.

Marta San MIguel
Marta San MIguelJorge Díez

Hombre inquieto, en París pintó. Suyos son los bellos bocetos de Goyescas. Por unos meses vivió en Montmartre. “Todos sus cuadros tenían motivos de agua. El presagio va más allá”, añade San Miguel, que interrogó a Valentina Granados, la bisnieta, que creció con las historias que contaba la tía Natalia. “Me contó que él tenía terror al agua, lo que le hacía pensar que moriría en ella. Pero hay demasiadas coincidencias en la vida de Granados que hacen que esté en ese barco en ese momento. Hechos en cadena desde su niñez”.

¿Qué tipo de hombre tenía que ser para criar un hijo, Enrique Granados Gal, al que le encantaba el agua y estudiaba para marino? ¿Y al que tras la tragedia sus tutores le prohíben seguir y se hace entrenador de natación e introduce el estilo crol en España?

Lo que más sorprendió a la biógrafa es “cómo un artista tan consagrado puede dudar tanto de sí mismo. Al tiempo que era capaz de identificar con cuatro acordes la calidad de un pianista, era incapaz de ver su propia calidad”. “Tenía tanto miedo, era tan nervioso y dudaba tanto, que luchaba contra sí mismo. Se perdió en esas luchas de hacerse un nombre, componer, ser pianista, montar la escuela… Él daba muchísimos conciertos solidarios: a favor de los hijos de los reservistas, en la Setmana Tràgica, por la educación musical… Y Amparo Gal, la heroína, siempre está detrás de todo. En el montaje de Goyescas en el Metropolitan la acabaron llamando Amparo del Maestro, cuenta Pau Casals. Fue su ancla y su timón”.

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