Rusia despliega 10 nuevas bases y 59 rampas de lanzamiento con Varsovia en su rango de acción mientras la OTAN abate aparatos no tripulados casi a diario Leer Rusia despliega 10 nuevas bases y 59 rampas de lanzamiento con Varsovia en su rango de acción mientras la OTAN abate aparatos no tripulados casi a diario Leer
La guerra de los drones no termina en la frontera de Ucrania, por eso incluso dentro de países de la OTAN se mira al cielo con preocupación. Este fin de semana un caza español derribó un dron -aparentemente ruso- sobre cielo rumano mientras participaba en una misión de vigilancia de la OTAN. Días antes otro caza de la OTAN derribó un dron sobre Letonia: el aparato entró durante una ofensiva ucraniana contra Ust-Luga y otros puertos rusos próximos a San Petersburgo.
Rusia ha comprendido que los drones serán claves en el desenlace de la guerra y ha levantado al menos 10 bases de lanzamiento cerca de Ucrania y Bielorrusia, una red que sitúa a varios países de la OTAN al alcance de sus aparatos no tripulados más avanzados.
Una investigación de The Telegraph basada en documentos e imágenes de satélite analizadas por DroneSec, ha localizado 59 rampas nuevas. Estos raíles permiten lanzar drones de ala fija sin una pista. Algunas instalaciones ocupan bases militares o aeródromos civiles; otras se abrieron desde cero. Unas 20 rampas son más largas y podrían servir para los nuevos Geran rusos (la versión del dron Shahed iraní) propulsados a reacción. Siete de las 10 bases fueron utilizadas en bombardeos recientes contra Kiev.
Una dispone de almacenes para más de 1.000 aparatos y varios emplazamientos siguen creciendo. Los drones llegan desde fábricas repartidas por Rusia como Alabuga, el complejo de Tartaristán donde Moscú convirtió el Shahed iraní en un arma de producción industrial.
Desde algunos de los nuevos puntos, los rusos tendrían Varsovia dentro de su radio de acción. No existe indicio de que Moscú prepare un ataque contra Polonia, pero el país ya ha recibido en su extremo este varios impactos de drones rusos que se desviaron de sus objetivos en el oeste de Ucrania.
En el flanco oriental, las defensas europeas ya saben lo que es abrir fuego contra una guerra que unas veces llega desde Rusia y otras es desviada por ella. Polonia es el laboratorio más visible de esa respuesta. Cuando Rusia lanzó esta semana un ataque masivo con drones contra el oeste de Ucrania, muy cerca del territorio OTAN, Varsovia volvió a desplegar cazas de forma preventiva por si alguno cruzaba la frontera. Es ya una rutina: si Rusia golpea el oeste ucraniano, Polonia activa su escudo aéreo por si algún aparato cruza, cae o se desvía.
El problema para Varsovia es que no basta con aviones de combate. Por eso el Gobierno de Donald Tusk anunció en Rzeszów una «armada dronowa», una armada de drones polaca apoyada en dinero europeo, empresas polacas y experiencia ucraniana de combate. La idea es aprender de Ucrania no sólo a derribar drones, sino a producirlos, detectarlos, interferirlos y usarlos a escala industrial.
«Estamos a 14 kilómetros de la frontera. La agresión rusa contra Ucrania despertó al Gobierno y a las administraciones locales. Demostró que la seguridad en la que hemos vivido durante tantos años, desde 1989, no es algo que dure para siempre», explica Marta Majewska, alcaldesa de Hrubieszów. «En las zonas fronterizas hay presencia de todos los servicios uniformados y existía la percepción de que vivíamos seguros, de que el Artículo 5 garantizaba la ayuda de nuestros aliados si era necesaria. Pero la situación en Ucrania ha despertado también a Europa: hay que armarse y hay que centrarse en desarrollar la resiliencia de las ciudades».
En la cooperación con los vecinos «nos centramos sobre todo en la formación: que sean conscientes de que pueden y deben cuidar de sí mismos no sólo durante 10 días, sino durante más tiempo», explica la alcaldesa. Pero de momento les falta financiación para construir refugios: «No contamos con refugios como tales, pero estamos acondicionando instalaciones públicas de la ciudad para adaptarlas como lugares de protección».
La guerra de drones expone una vulnerabilidad difícil de resolver: derribar aparatos baratos con cazas y misiles aire-aire resulta desproporcionadamente costoso. La experiencia ucraniana está empujando a la OTAN hacia una defensa combinada de radares, inhibidores e interceptores no tripulados. La superioridad aérea tradicional ya no garantiza el control de un cielo saturado de objetivos pequeños y relativamente baratos.
Este año Finlandia, Estonia, Letonia y Lituania han registrado una sucesión de incidentes. Dos drones entraron el 25 de marzo en Estonia y Letonia después de atravesar Rusia. Uno impactó contra la chimenea de una central eléctrica estonia y el otro aterrizó de emergencia en territorio letón. Lituania había localizado poco antes otro aparato dentro de un lago.
La prueba más reciente de este resurgir de los drones en cielo europeo apareció el domingo sobre el condado rumano de Galati. Los radares moldavos detectaron un Shahed, identificado como Geran-2, procedente de la zona ucraniana de Reni. Atravesó Moldavia durante 18 minutos. Dos F-18 españoles destacados en la base de Mihail Koglniceanu salieron a interceptarlo. Uno recibió autorización y lo derribó a las 05.01 de la mañana. Rumanía recuperó restos del dron y del misil interceptor; no hubo víctimas ni daños. La procedencia sigue bajo investigación, pero la OTAN considera que «parece ser ruso» y Chisináu vinculó su vuelo con los ataques rusos de aquella madrugada sobre Ucrania.
La situación ya alcanzó un momento delicado el pasado mayo. Dos drones explotaron en Letonia y uno dañó cuatro depósitos vacíos de una instalación petrolera en Rezekne. El gobierno de Ucrania reconoció que eran suyos y sostuvo que habían sido desviados por la guerra electrónica rusa, pero la incapacidad de interceptarlos provocó la dimisión del ministro de Defensa y terminó precipitando la caída del Gobierno letón. «La gente está verdaderamente preocupada», resume el analista letón Maris Andans: «Se ha demostrado que el emperador está desnudo».
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