Schubertíada “¡fantástica!” con Matilda Sterby

Bello debut el de la soprano Matilda Sterby en la inauguración de la Schubertíada de Vilabertran tras una tarde lluviosa en el Empordà. Si hace ocho años, el público de la canónica de Santa Maria descubría a la que sería la gran soprano dramática de la década, la noruega Lise Davidsen, ayer hacía otro hallazgo, una soprano lírica, también nórdica y de voz de amplias cualidades físicas y potencia notable que seguro dará que hablar en los grandes teatros de ópera.

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 El público de Vilabertran, fascinado con la voz de la soprano sueca en la inauguración de una edición especial  

Bello debut el de la soprano Matilda Sterby en la inauguración de la Schubertíada de Vilabertran tras una tarde lluviosa en el Empordà. Si hace ocho años, el público de la canónica de Santa Maria descubría a la que sería la gran soprano dramática de la década, la noruega Lise Davidsen, ayer hacía otro hallazgo, una soprano lírica, también nórdica y de voz de amplias cualidades físicas y potencia notable que seguro dará que hablar en los grandes teatros de ópera.

La cantante sueca llegaba exultante a la que ya es una plaza de prestigio internacional. Con el pianista Matti Hirvonen, su profesor en la academia de Oslo, se empleó a fondo en lieder de Schubert dejando ver su credenciales: capacidad de matiz y control emocional del idioma, aunque la suya es una expresión vocal por momentos demasiado operática.

Un memorial recuerda en la canónica a Jordi Roch a través de sus frases entusiastas: “Fantàstic!”

Abrió con un mensaje de esperanza: ese despertar a la primavera que es Frühlingsglaube, con poemas de Johann Ludwig Uhland. Y en el famoso y sensible Auf dem Wasser zu singen ( Para cantar sobre el agua ), su voz invitó a ese paseo en barca al atardecer del que hablan los versos de Friedrich Leopold zu Stolberg. Con un elegante control del vibrato –a veces frívolo en ese tipo de repertorio–, Sterby se metió también en la piel de la novicia que ha de ingresar en el convento en una tarde de tormenta en el lied Die junge Nonne. Y siguió la luz y la trascendencia hasta llegar al descanso.

En la segunda parte escogería los mismos autores que Davidsen en su sonado debut en Vilabertran: Edvard Grieg y Jean Sibelius, aunque añadiendo una bella y enigmática selección del sueco Gösta Nystroem. Y en esas lides encontró su cáliz expresivo la hermosa Sterby: del primero cantó Haugtussa (1895), el ciclo sobre la muchacha capaz de ver el mundo sobrenatural de la montaña; de Nystroem abordó la relación con el mar, y antes de la ovación final sonaría Säf, säf, susa ( Susurrad, juncos, susurrad ) y otros tres temas de Sibelius.

Un momento de la inauguración de la Schubertiada
Un momento de la inauguración de la SchubertiadaDavid Borrat

Sterby debutaba en una edición especial de la Schubertíada, dedicada a su fundador, el doctor melómano Jordi Roch, fallecido en diciembre tras una vida dedicada a contagiar el entusiasmo con el que vivía la música y la gestión musical. Sterby oía hablar sin parar del añorado personaje y quiso dedicarle un bis de Grieg, recordando que “plantó una semilla de la que ahora todos disfrutamos”.

Antes del concierto era Joan Cavallé, presidente de la Fundació Franz Schubert, quien recordaba a Roch “no solo desde la nostalgia sino desde el compromiso para mantener su legado”. Un enorme “Fantàstic!” preside un memorial que se le dedica en el refectorio de Santa Maria de Vilabertran, recordando sus frases lapidarias. Roch decidió dotar a Catalunya de un festival de canción poética. Semejante rareza –usual en tierras germánicas con tradición liederista– fue posible por el ímpetu que mantuvo hasta el último momento, cuando ya con 94 seguía bebiendo de los lieder.

La organización dejó una silla vacía presidiendo el concierto, en recuerdo de Jordi Roch
La organización dejó una silla vacía presidiendo el concierto, en recuerdo de Jordi RochDavid Borrat

“Yo crearé una Schubertíada para ti”, se puede leer en una de las frases de la emotiva muestra. Es lo que Roch le dijo a una jovencísima Juliane Banse cuando la descubrió cantando en Alemania. Roch siempre explicaba así los orígenes del festival. Y la artista no faltará en esta edición de homenaje, actuando junto al Quartet Casals, a los que también aupó en sus inicios desde la Schubertíada. “Cada festival tiene el público que se merece”, es otro de los axiomas recurrentes con los que Roch ponía en valor la escucha atenta y respetuosa que siempre ha registrado la Schubertíada y que hace de su audiencia una de las más apreciadas por los intérpretes de lied.

Juanjo Llopis, director de Caixa d’Enginyers; Ramon Agenjo, director de la Fundació Damm; Xavier Cester, director de l’Àrea de Música de l’ICEC, o Isabel Bernal, directora dels Serveis Territorials del Cultura, asistieron a este primer concierto de la 34.ª edición de un festival que es una historia de éxito. Incluso el recital del viernes en Sant Pere de Pals registró un sold out, el primero en los conciertos organizados junto al Festival Clàssic Pals. Era un Winterreise , el Viaje de invierno de Schubert, en el que la Schubertíada dio a conocer al barítono ruso Mijaíl Timoshenko –“una voz grandiosa que sabe dosificar”, comentaba la directora del festival, Sílvia Pujalte– y la extraordinaria pianista búlgara Elitsa Desseva.

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