No creas que me pongo en el peor de los casos, Josefina: nunca me ha faltado la esperanza de que se me hará verdadera justicia y que no tardará en hacérseme. No te olvides nunca de mí. Recuérdale a mi hijo siempre el nombre de su padre”. Miguel Hernández ocultó a su familia su condena a muerte, antes de que la conmutaran, y lo mal que lo estaba pasando en prisión: “Nena, lo paso muy bien. No siento las caenas , tengo muchos amigos dentro y fuera y no me dan tiempo para aburrirme. A veces como hasta tortilla, recuerdo de la familia de alguno de mis amigos, que la recibe”.
Una nueva biografía publicada por el historiador Mario Amorós refleja cómo el diplomático chileno Germán Vergara Donoso ayudó al poeta en prisión
No creas que me pongo en el peor de los casos, Josefina: nunca me ha faltado la esperanza de que se me hará verdadera justicia y que no tardará en hacérseme. No te olvides nunca de mí. Recuérdale a mi hijo siempre el nombre de su padre”. Miguel Hernández ocultó a su familia su condena a muerte, antes de que la conmutaran, y lo mal que lo estaba pasando en prisión: “Nena, lo paso muy bien. No siento las caenas , tengo muchos amigos dentro y fuera y no me dan tiempo para aburrirme. A veces como hasta tortilla, recuerdo de la familia de alguno de mis amigos, que la recibe”.
Mario Amorós, que acaba de publicar Un poeta en la Historia (Akal), la primera biografía de Miguel Hernández escrita por un historiador, cuenta por teléfono que estas misivas no tenían otro objetivo que el de “ahorrar una angustia mayor a los suyos, especialmente a su madre, Concepción Gilabert, y a su esposa, Josefina Manresa, pues sabía lo mucho que sufrían”.
Nena, lo paso muy bien. No siento las ‘caenas’, tengo muchos amigos dentro y fuera y no me dan tiempo para aburrirme.
El propio Amorós, autor de otras biografías, como las de Salvador Allende, la de Dolores Ibárruri o la de Pablo Neruda, se preguntó qué podía aportar de nuevo sobre la vida y obra de uno de los poetas más estudiados y más presentes en el imaginario colectivo, “genial epígono” de la Generación del 27, en palabras de Dámaso Alonso. Él mismo destaca tres estudios anteriores sobre su figura, los de Agustín Sánchez Vidal (1992), José Luis Ferris (2002, actualizada en 2022) y Eutimio Martín (2010), pues “lograron desterrar una amplia colección de mitos y leyendas que distorsionaban su figura y oscurecían el valor de su producción literaria). ¿Entonces? ¿Qué hay de nuevo en sus páginas? Por ejemplo, un acervo imprescindible para relatar sus tres últimos años: el Fondo Documental Germán Vergara Donoso del Archivo Nacional de Chile, cuyo contenido no se había incorporado nunca antes en una biografía de Hernández.

Allí constan, entre otras cosas, las cartas que Hernández dirigió entre junio de 1939 y enero de 1942 a este diplomático chileno, que ejercería posteriormente de ministro de Asuntos Exteriores de su país; así como cartas que le envió el premio Nobel Vicente Aleixandre en relación al poeta, también desconocidas; o una desgarradora carta que Josefina Manresa mandó al chileno después de que su marido muriera de tuberculosis en prisión a los 31 años: “Lo que hicieron con él fue asesinarlo. Le dieron una muerte lenta y dolorosa, sistema muy peculiar en esta gente sin entrañas e inhumana”.
“Lo que hicieron con él fue asesinarlo. Le dieron una muerte lenta y dolorosa”, denunció su esposa al diplomático chileno
El fondo conserva asimismo un intercambio epistolar, hasta ahora inédito, entre el diplomático chileno y el escritor falangista Rafael Sánchez Mazas a finales de mayo del 40, cuando este era ministro sin cartera, que cruzado con otra documentación desconocida procedente del Archivo General Militar de Ávila, que admite “la escasa trascendencia de los hechos que se imputan” al poeta de Nanas de la cebolla , ayuda a explicar mejor la decisión de la dictadura de conmutar su pena de muerte y condenarlo a treinta años y un día de reclusión. Una información que también se incluye por primera vez en una biografía.
“Es importante reconocer las gestiones de Vergara Donoso para librar a Hernández de la ejecución. Fue una decisión personal”, remarca Amorós. Si bien el propio Vergara Donoso se calificaba a sí mismo como “derechista”, en una carta a su amigo Gastón Wilson Brown especificó que era un “derechista de Chile, con atenuaciones por el lado social” y aseguró que “el falangismo o fascismo español es todavía agresivo e italianizante, y esto no lo puedo tragar”. De ahí que decidiera interceder por el autor, y más en vista del revuelo que originó en su momento el asesinato de Federico García Lorca.

Fue el propio Miguel Hernández quien le pidió ayuda: “Sr. Embajador: Nuestro común amigo Carlos Morla [Lynch] –que ocupaba con anterioridad su puesto– me ofreció su ayuda para marchar a su país a fines de febrero de este mismo año. Imposibilitado para aceptarla desde entonces, me atrevo a requerirla de Vd., ya que me encuentro bien necesitado de ella”. Junto con esta misiva, adjuntó otra dirigida a Pablo Neruda, quien se encontraba en París como Cónsul Especial preparando la expedición del Winnipeg, que zarparía rumbo a Chile con más de 2.000 refugiados a bordo: “Te necesito como nunca”, le escribió.
“Me atrevo a requerir ayuda, ya que me encuentro bien necesitado de ella”, suplicó al diplomático
Si bien las palabras de Neruda y otros muchos ayudaron a que se conociera el encarcelamiento de Hernández, especialmente en el extranjero, fueron los trámites realizados por Vergara Donoso los realmente efectivos, tanto para que se aceptara la conmutación de pena de muerte, como para los sucesivos traslados de cárceles: “Logra que lo manden de Palencia a Ocaña, y de ahí, a finales de junio de 1941, al Reformatorio de Adultos de Alicante –donde pasó el final de sus días–, para que estuviera más cerca de los suyos”, a los que llevaba año y medio sin ver. “También moviliza el envío de dinero a Josefina Manresa y de comida al poeta”.
El autor de Perito en lunas pudo agradecerle la ayuda de forma personal cuando le dejaron salir de prisión por error aquel 15 de septiembre de 1939. Fue la primera y la última vez que se vieron, pues, de nuevo, lo detuvieron y ya no volvió a ser un hombre libre, a excepción de en sus escritos.
Gestiones “en favor” del poeta
Mi distinguido amigo:
Recibo su carta del 25 corriente y agradezco a Vd. mucho, como español, el interés que demuestra por el poeta Miguel Hernández. Como Vd. ya sabrá y a instancias, efectivamente, de Eugenio Montes, hice una gestión en su favor, que reiteraré. Tan pronto sepa algo concreto escribiré al citado Miguel Hernández.
Aprovecho esta oportunidad para saludarle muy afectuosamente brazo en alto.
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La misiva, escrita por Rafael Sánchez Mazas y dirigida a Germán Vergara Donoso, con fecha del 29 de mayo de 1940, no se había tenido en cuenta hasta la fecha en biografía alguna.
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