Una incursión en la intimidad ajena

Vivimos tiempos de gran transparencia personal. A través de las redes sociales, los ciudadanos y ciudadanas -por no hablar de los llamados creadores de contenido- exhiben cada vez más su vida privada a los cuatro vientos, obteniendo un amplio seguimiento. El sentido del pudor y el secretismo son valores en retroceso.

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 ‘Mujeres elegantes’, de Milena Busquets, y ‘Días que cuentan’, de Carles Bru de Sala, dos buenas propuestas dietarísticas para fechas estivales  

Vivimos tiempos de gran transparencia personal. A través de las redes sociales, los ciudadanos y ciudadanas -por no hablar de los llamados creadores de contenido- exhiben cada vez más su vida privada a los cuatro vientos, obteniendo un amplio seguimiento. El sentido del pudor y el secretismo son valores en retroceso.

Sería hipócrita, sin embargo, escandalizarse en exceso por esta tendencia, dado que el interés por la intimidad ajena representa una constante en la historia. Hay numerosa gente respetable que no lo ha desarrollado, cierto. Pero también son muchos quienes creen que para conocer a los humanos hay que indagar en sus aspectos menos sabidos, y se muestran muy atentos a quienes se deciden a exponerlos.

⁄ Con la nueva cultura democrática el género de los diarios se disparó, con numerosos representantes de alto nivel

La literatura ha brindado una ventana permanente a la privacidad de los otros, con los relatos de personajes reales o inspirados en gente que lo fue. Un género especialmente volcado en este empeño son los diarios. Frente a su presencia en tradiciones como la inglesa o la británica, la literatura española contaba con ejemplos escasos hasta la muerte de Franco. Con la nueva cultura de la democracia el género dietarístico se disparó, dando en las últimas décadas representantes de nivel como Valentí Puig, Andrés Trapiello, José Luis García Martín, José Carlos Llop, Àlex Susanna, Antoni Puigverd, Iñaki Uriarte o Laura Freixas, por citar solo a unos pocos.

Quien firma estas líneas es un consumidor regular del género. Del buen dietario esperamos que sea variado, ameno, inteligente, analíticamente agudo; que se pueda leer de forma fragmentada -dejar la lectura un tiempo y recuperarla después-, y que brinde una plataforma de aterrizaje en el ser más íntimo de sus autores. 

El hecho de escribirlos, pues, requiere la valentía del autor para abrirse a los demás y auto analizarse. Y si están bien redactados, como toca, sumar el placer de su prosa.

Con el inicio del verano leo el último libro de Milena Busquets, Mujeres elegantes (editorial Lumen). No es un diario estricto sino un conjunto de textos de distintos tipos, pero el espíritu es dietarístico. Conozco a Milena desde hace años, cuando Ana María Moix la trajo a La Vanguardia para presentarla como joven editora de Plaza &Janés. Tras un periplo exitoso en ese campo -publicó por ejemplo a Bridget Jones – se ha hecho un nombre como escritora, habitualmente con tonos autobiográficos. 

Milena es desacomplejada en sus juicios, contradictoria, a veces rozando o incurriendo en la frivolidad. Pero siempre simpática y con un aire refrescante. Habla de sus amores, de sus hijos, Cadaqués, sus viajes, sus gustos de vestuario -como las sandalias Birkenstock- y cosméticos, incluido el esmalte de uñas; sus modelos literarios -siempre Proust en primer lugar-, sus variadas listas de lo in y lo out. Pero también del peso de la vida y el inesquivable paso del tiempo. 

Su escritura constituye un modelo de ligereza bien entendida y buen humor, que hace estas Mujeres elegantes idóneas para la temporada estival.

Carles Bru de Sala
Carles Bru de SalaEDITORIAL SR. SCOTT

A través de amigos comunes me llega otro título de un autor que debuta ya bien cumplidos los sesenta: Días que cuentan, de Carles Bru de Sala -entiendo que primo de Xavier- editado por Sr. Scott con prólogo de Pere Gimferrer, que es paciente suyo. 

Y es que Bru de Sala es odontólogo, y vive en Barcelona, con regulares visitas a la Garrotxa y el Empordà. Camina por el Eixample, entra en el Dry Martini, en la Bodega de la calle Buenavista o la terraza del Andreu. Recuerda a María Luz Uribe y Fernando Krahn, disfruta de la gastronomía. 

Habla de su pareja y de sus hijos aunque manteniendo un cierto tono de misterio. Relata una cotidianeidad culta, acomodada y apetecible. Y cita mucho a Salvador Pániker, maestro entre otras cosas de la escritura dietarística, a quien traté a menudo. 

Se trata de un buen libro que se lee con facilidad, como quien habla con un amigo inteligente, y del que piensas: leeré también el siguiente que publique.

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