En las últimas décadas, Tom Jones no era el único merecedor del sobrenombre el tigre de Gales . El rey del soul podía ser un icono de la música popular, pero su paisano Bryn Terfel era un gigante de la clásica. Su fabulosa carrera no ha tenido, sin embargo, el merecido eco en los coliseos operísticos del territorio español. De hecho, nunca ha hecho una ópera en el Liceu, solo un par de conciertos en el cambio de siglo. Y en el Palau debutó hace apenas seis años. Aun así, Terfel ha tenido pocos rivales en tanto que barítono de gran voz.
El público de Peralada descubre el cancionero galés de la mano del bajo-barítono de poderosa voz
En las últimas décadas, Tom Jones no era el único merecedor del sobrenombre el tigre de Gales . El rey del soul podía ser un icono de la música popular, pero su paisano Bryn Terfel era un gigante de la clásica. Su fabulosa carrera no ha tenido, sin embargo, el merecido eco en los coliseos operísticos del territorio español. De hecho, nunca ha hecho una ópera en el Liceu, solo un par de conciertos en el cambio de siglo. Y en el Palau debutó hace apenas seis años. Aun así, Terfel ha tenido pocos rivales en tanto que barítono de gran voz.
Comenzó siendo asociado a personajes mozartiano, como Figaro, Leporello y Don Giovanni –histórico es su dúo de Papageno y Papagena con Cecilia Bartoli–, pero no tardó en hacer papeles más pesado para su voz de bajo-barítono. Ahora, a sus 60 años, su musicalidad sigue en pie pero adolecen las apoyaturas y la voz recurre en ocasiones a empujones. No importa. El charme de Terfel no caduca.
De la mano de compositores galeses de hace un siglo, el cantante viajó por las profundidades agrestes de su país
Acompañado de su esposa, la arpista también galesa Hannah Stone y de la pianista Annabel Thwaite, una artista nacional que para la BBC grabó por ejemplo la banda sonora de la serie Emma , sobre el clásico de Jane Austin, el barítono regresó ayer al Festival de Peralada, una plaza en la que debutó en 1990 con una Sansón y Dalila que le unió a Josep Carreras, tal como recordó en sus comentarios al público, cuando conoció también a Montserrat Caballé y Joan Pons que en aquel momento hacían Viva la mamma! Y llegaba con un pan bajo el brazo: un programa de canciones galesas de las que cabía esperar bravuconería y melancolía por igual.

A Peralada le encanta propiciar experiencias musicales insólitas, y este programa era en sí un insólito atrevimiento a la par que una oportunidad para normalizar la cultura de los pueblos de Europa, pues ahí estaban los autores galeses del siglo XX y finales del XIX, como Idris Lewis, que abría el recital, o Owen Williams. Este compositor autodidacta llegó a convertirse en reputado profesor de música atrayendo a alumnos de todo el valle de Nantlle a su casa en Nant y Glyn. De él cantó Terfel la tierna melodía Sul y Blodau , con letra del poeta Eifion Wyn, que a modo de canción de cuna entonaba la gente el día de Ramos.
Con su talante de hombre tranquilo que gusta vestir con camisa de leñador –en Peralada la cambió por chaleco y americana de terciopelo–, Terfel desgranó un repertorio basado en la tradición. En una velada ampurdanesa con tormenta, el deje galés –lengua celta que se creció en la Gran Bretaña a partir de las britónicas que ya se hablaban antes de que llegaran los romanos y los anglosajones– acompañaba un viaje por la profundidades de Gales, sus recodos agrestes y sus florecillas.
Sonaron canciones de anónimos de evocadora belleza, y también de Ivor Novello, un famoso showman de inicios del siglo XX, de quien Terfel les propuso a Meghan y Harry cantar un tema en su boda…, “pero no les gustó”, dijo.
El primer éxito fueron las Salt water ballads de Frederick Keel. Y luego la arpista se confesó instrumentista del príncipe Charles, “al igual que John Thomas lo fue de la reina Victoria”, dijo, antes de seguir entregada al folclore galés.
Terfel se reservaba para la segunda parte los Schubert, Schumann y Wagner, que resultaron desarmantes
Terfel se reservaba para la segunda parte los Schubert, Schumann y Wagner, que resultaron desarmantes, especialmente en los pianissimi de Litanei auf das Fest Aller Seelen. La excusa eran las estrellas de la noche, y así llegaron Wie Todesahnung… O du mein holder Abendstern de Tannhaüser y el Stars de Les misérables de Jean-Michel Schönberg. El público disfrutó aún más con los bises: If I were a rich man, de El violinista en el tejado , donde sacó su bis teatral y estuvo especialmente desacompasado. Y para sorpresa… la gran dicción castellana en un inesperado Concierto de Aranjuez . Sí, sí…
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