Un poema

Medellín es una ciudad de bibliotecas, librerías y grandes festivales de la cultura, que no aparecen en la película Un poeta porque son ajenos al universo de Óscar Restrepo, desempleado y autor de dos poemarios mediocres que casi nadie recuerda. En su comedia dramática, Simón Mesa Soto enfoca sobre todo los sectores sociales con más hambre y sed. El protagonista y su pupila, la quinceañera Yurlady ingieren y devoran durante todo el largometraje. En una de las escenas finales, en cambio, la hija de Óscar, instalada en la clase media, se va del café de una librería dejando un caro smoothie casi intacto.

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 Medellín es una ciudad de bibliotecas, librerías y grandes festivales de la cultura, que no aparecen en la película Un poeta porque son ajenos al universo de Óscar Restrepo, desempleado y autor de dos poemarios mediocres que casi nadie recuerda. En su comedia dramática, Simón Mesa Soto enfoca sobre todo los sectores sociales con más hambre y sed. El protagonista y su pupila, la quinceañera Yurlady ingieren y devoran durante todo el largometraje. En una de las escenas finales, en cambio, la hija de Óscar, instalada en la clase media, se va del café de una librería dejando un caro smoothie casi intacto.Seguir leyendo…  

Medellín es una ciudad de bibliotecas, librerías y grandes festivales de la cultura, que no aparecen en la película Un poeta porque son ajenos al universo de Óscar Restrepo, desempleado y autor de dos poemarios mediocres que casi nadie recuerda. En su comedia dramática, Simón Mesa Soto enfoca sobre todo los sectores sociales con más hambre y sed. El protagonista y su pupila, la quinceañera Yurlady ingieren y devoran durante todo el largometraje. En una de las escenas finales, en cambio, la hija de Óscar, instalada en la clase media, se va del café de una librería dejando un caro smoothie casi intacto.

Hay realismo reconcentrado y poesía triste en ese detalle. También la hay en los planos del cuerpo del poeta empequeñecido por el feísmo gigantesco, por las geometrías descascaradas de algunas fachadas. Y en las uñas, el cuaderno, la luz del sol: esos brillos en las manos de la adolescente. Y en algunos chistes más o menos autoconscientes en una ficción paródica sobre la miseria: “Usted lo que tiene es que escribir poemas sobre la guerra, la violencia, la pobreza, los indígenas, el Amazonas, los maricas… Todas esas cosas que le gustan a los europeos de nosotros”. La estructura narrativa, sin embargo, con su intento patético de redención del antihéroe, neutraliza esa fuerza. Así, Un poeta se aleja de la posibilidad de ser un poema.

La pregunta por la poesía es crucial en un momento en el que la IA escribe mejor cada día

Lo mismo ocurre en otra notable radiografía reciente de la crisis de hombres de mediana edad –mis semejantes, mis hermanos–: DTF St. Louis . Las conversaciones entre esos dos amigos inesperados, que se encuentran íntimamente durante el verano más raro de sus vidas, a veces orales, a veces en lengua de signos, vestidos o casi desnudos, son profundamente poéticas. También lo son algunos paisajes boscosos, algunas opciones de montaje, el doblaje sordomudo de un concierto, los aparatosos trajes de árbitro de beisbol. La miniserie de Steven Conrad, sin embargo, recurre para el relato a los códigos policiales. Investigación, interrogatorios, cámaras de seguridad, misterios, dosis perfectas de sorpresa.

La pregunta por la poesía es crucial en estos momentos. Cualquiera puede escribir una trama con introducción, nudo y desenlace; con ascensos y caídas; con sospechosos, pistas, culpables. La IA ya lo hace y mejora cada día. Casi nadie, en cambio, accede a ese núcleo doloroso en el centro del discurso, a esa capa aérea y nubosa que lo cubre sutilmente todo, hecha de correlaciones, metáforas, ambigüedad, hilos neuronales. Leyendo a las mejores poetas de nuestra época, leyendo a Sharon Olds o a Inger Christensen, entiendes que ahí está el camino principal para seguir contando historias. Dice esta: “en otra / clase de idioma / que es el propio / de los signos”. Dice aquella: “Al amanecer las migraciones acabaron. La última / orilla de la sangre se había secado, / y como un animal recién nacido a punto de recibir / su primera impresión / abrí los ojos y te vi”.

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