Un paseo por Thames, la calle de Buenos Aires que conquista el mundo

En su día, formó parte de lo que Borges llamaba “las orillas de la ciudad”, esas zonas de suelo de tierra, casas bajas y patios a cielo abierto donde el urbanismo moderno se diluía en los campos marginales de Buenos Aires. Thames fue aquella callecita de arrabal, atravesada por el arroyo Maldonado, en lo que a finales del siglo XIX era un suburbio llamado Palermo. Hoy es el eje gastronómico del barrio porteño más vibrante. Una calle que, por su conjugación de la cultura local con la vanguardia culinaria, fue elegida en 2021 por la revista Time Out “entre las 10 más cool del planeta”.

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 Gracias a su inagotable oferta de bares, restaurantes y espacios culturales, esta avenida en la zona de Palermo de la capital argentina se ha convertido en un vibrante polo de la movida porteña  

En su día, formó parte de lo que Borges llamaba “las orillas de la ciudad”, esas zonas de suelo de tierra, casas bajas y patios a cielo abierto donde el urbanismo moderno se diluía en los campos marginales de Buenos Aires. Thames fue aquella callecita de arrabal, atravesada por el arroyo Maldonado, en lo que a finales del siglo XIX era un suburbio llamado Palermo. Hoy es el eje gastronómico del barrio porteño más vibrante. Una calle que, por su conjugación de la cultura local con la vanguardia culinaria, fue elegida en 2021 por la revista Time Out “entre las 10 más cool del planeta”.

“El bum se da a mediados de los años noventa, especialmente en Palermo Viejo, que sufre una transformación gradual con la llegada de artistas que compran viejas casas y comienzan a reformarlas”, explica Ricardo Watson, uno de los directores de Eternautas, empresa que ofrece rutas guiadas de contenido histórico. “El barrio adopta otro perfil, y como parte de este impulso inmobiliario las zonas circundantes se rebautizan”, añade. Es así como nace Palermo Hollywood, en un área en la que proliferan las productoras, y Palermo Soho, allí donde los negocios adoptan un aire neoyorquino. Y es así como Thames, poco a poco, se perfiló como una calle de moda.

Meca para carnívoros

Thames es una mezcla de restaurantes de cocinas dispares, bares de autor y cafés de especialidad, muchos en antiguas casonas. Un corredor gastronómico que viene a demostrar que los horizontes culinarios de la capital argentina se encuentran en continua expansión.

La Carnicería (Thames, 2316) es una prueba de esto último. Donde hubo una parrilla de las de toda la vida, ahora hay un restaurante que recoge este mismo concepto. “La idea era conservar la esencia del asado argentino, pero al mismo tiempo salirse de los cánones y agregar una vuelta de autor”, señala Germán Sitz, artífice junto a Pedro Peña de lo que dio el pistoletazo de salida al esplendor de la avenida. Su éxito, avalado por la calidad de sus carnes, se complementó más tarde con el del local José El Carnicero, justo enfrente, con el que se recuperó la clásica cocción a la cruz. Juntos conforman la meca del comensal carnívoro. “En este caso apostamos por el modo de asar criollo, utilizado en el interior del país”, añade Sitz, quien presume de una tradición familiar ganadera en los parajes de La Pampa.

Beber y bailar

Enérgica y bulliciosa, Thames es mucho más que esa carne que en este país se consume unas cinco veces a la semana como un hábito cultural. Dispuestos a hacer de la calle el gran hito de la mesa contemporánea, Sitz y Peña abrieron otros cuatro restaurantes de muy diversa condición. Chori reinventa el emblemático choripán; Paquito profundiza en la cocina española; Juan Pedro Caballero está especializado en tacos, y destaca Niño Gordo, que fusiona sabores asiáticos y argentinos en un concepto en el que entran en juego el diseño y la teatralidad. Con una propuesta tan deliciosa como divertida, no solo ha ido escalando puestos en el Latin America’s 50 Best, también ha sido reconocido por la Guía Michelin, que destacó su atmósfera atrevida y su aire de izakaya moderna.

Más allá del buen comer, los bares animan la avenida con ese ambiente palpitante que distingue a la noche porteña. En Tres Monos, en el puesto 21 de la lista de los mejores bares del mundo, se sirven tragos de autor bajo una estética punk. En 878 se explota la filosofía clandestina del speakeasy con una gran colección de maltas y destilados. Y en Víctor Audio Bar (en el número 31 de la citada lista) desfilan los martinis, acompañados de una carta de comfort food, al ritmo de la buena música de sus DJ o la banda sonora que uno elija en una rocola que hay en el local.

La nota de color

Luego está el arte urbano que pone la nota de color. El que se renueva constantemente en los viejos muros de los locales y el que descansa en los pasajes aledaños que atraviesan Thames como un soplo de creatividad. Dos opciones son el Pasaje Russel, con obras que destacan la identidad porteña y la pasión futbolera, o el Pasaje Santa Rosa, que funciona como una galería a cielo abierto con grafitis de firmas muy activas.

Para quien se quede corto de arte, el Centro Cultural Thames fusiona bajo un mismo techo teatro, música, literatura, cine y dibujo, a través de una programación independiente y multidisciplinaria.

Ecos literarios

Esta calle que una vez tuvo un tono gris propiciado por las fábricas instaladas a la vera del río (hoy está soterrado), que más tarde se convirtió en una especie de zona roja sórdida, e incluso peligrosa, fue la que conoció Borges en sus años infantiles y a los que canta en sus primeros poemarios. Esos rincones que, como escribió, “son querida devoción de mi tiempo”. Es, precisamente, en una escuela de la calle de Thames donde el autor de Ficciones cursó los estudios primarios, según recogen sus textos autobiográficos. Y es en las proximidades donde viviría con su familia hasta su traslado a Europa en una casa que ya no existe. Eso sí, esa calle, antiguamente llamada Serrano, fue rebautizada en agosto de 1996, el día en que el autor habría cumplido 97 años, como calle de Jorge Luis Borges, en una suerte de tributo a la memoria de quien supo mirar con ternura a las barriadas modestas y, en sus palabras, “a lo que en ellas supe de amor, de dudas y de pena”.

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