El pan continúa siendo, incluso en aquel recordado estado de confinamiento a causa de la pandemia del Coronavirus, el alimento por excelencia en nuestra cultura, y uno de los pilares básico de la dieta mediterránea, pese a algunos detractores. Y es que se antoja difícil imaginar cualquier comida, ya sea en casa o en un restaurante, sin un trozo de esta fuente de hidratos de carbono sobre la mesa.Los consumidores buscan a diario panes de mayor calidad, y los panaderos responden a esta demanda a través de harinas, y aportando toda la información nutricional adicional. Cualquier innovación es clave para mantener el interés por un sector que hace que alcanzó una facturación de más de 1.939 millones de euros en 2024, según las últimas estadísticas publicadas. A casi todo el mundo le encanta el pan – se consumen alrededor de 30 kilos por persona al año – y una de las explicaciones puede estar en su alto contenido en carbohidratos, que hace que se libere dopamina, la hormona del bienestar. Por esta razón, son muchos los que se llevarían las manos a la cabeza con el mero pensamiento de eliminarlo de su dieta.«Hay una subida, después un bajón y luego aparece el antojo»En este contexto se ha pronunciado el nutricionista y divulgador Pablo Ojeda en una de sus últimas publicaciones en las plataformas digitales, en donde ha querido desmontar uno de los grandes mitos de la alimentación y el pan. «¿Te da más hambre?» El experto explica que la clave no está tanto en el alimento en sí, sino en lo que ocurre en el organismo después de ingerirlo.Según el influencer de la salud, tras consumir alimentos de digestión rápida puede producirse una subida de energía seguida de un descenso progresivo que favorece la aparición de hambre al poco tiempo. «Hay una subida, después un bajón y luego aparece el antojo», resume, describiendo lo que muchos especialistas denominan el ciclo del antojo.Este patrón no es exclusivo del pan ni afecta a todas las personas por igual, pero sí combina factores fisiológicos y hábitos alimentarios. Cuando se consume solo o sin acompañamiento, el pan puede facilitar que la saciedad dure menos y que el organismo entre antes en ese ciclo repetitivo.Insiste el especialista en que este proceso no depende únicamente de la cantidad ingerida, sino de la respuesta del cuerpo ante determinados alimentos que generan picos rápidos de energía. Esos picos, seguidos de caídas, pueden provocar una sensación de hambre recurrente incluso cuando la ingesta ha sido suficiente.Comprender cómo funciona este circuito es, según Ojeda, el primer paso para cambiarlo y mejorar la relación con la comida. Por ello, no propone eliminar el pan, sino analizar en qué contexto se consume y con qué alimentos se combina. No eres tú, es tu cerebro. Así que más que un antojo, es ciencia. El pan continúa siendo, incluso en aquel recordado estado de confinamiento a causa de la pandemia del Coronavirus, el alimento por excelencia en nuestra cultura, y uno de los pilares básico de la dieta mediterránea, pese a algunos detractores. Y es que se antoja difícil imaginar cualquier comida, ya sea en casa o en un restaurante, sin un trozo de esta fuente de hidratos de carbono sobre la mesa.Los consumidores buscan a diario panes de mayor calidad, y los panaderos responden a esta demanda a través de harinas, y aportando toda la información nutricional adicional. Cualquier innovación es clave para mantener el interés por un sector que hace que alcanzó una facturación de más de 1.939 millones de euros en 2024, según las últimas estadísticas publicadas. A casi todo el mundo le encanta el pan – se consumen alrededor de 30 kilos por persona al año – y una de las explicaciones puede estar en su alto contenido en carbohidratos, que hace que se libere dopamina, la hormona del bienestar. Por esta razón, son muchos los que se llevarían las manos a la cabeza con el mero pensamiento de eliminarlo de su dieta.«Hay una subida, después un bajón y luego aparece el antojo»En este contexto se ha pronunciado el nutricionista y divulgador Pablo Ojeda en una de sus últimas publicaciones en las plataformas digitales, en donde ha querido desmontar uno de los grandes mitos de la alimentación y el pan. «¿Te da más hambre?» El experto explica que la clave no está tanto en el alimento en sí, sino en lo que ocurre en el organismo después de ingerirlo.Según el influencer de la salud, tras consumir alimentos de digestión rápida puede producirse una subida de energía seguida de un descenso progresivo que favorece la aparición de hambre al poco tiempo. «Hay una subida, después un bajón y luego aparece el antojo», resume, describiendo lo que muchos especialistas denominan el ciclo del antojo.Este patrón no es exclusivo del pan ni afecta a todas las personas por igual, pero sí combina factores fisiológicos y hábitos alimentarios. Cuando se consume solo o sin acompañamiento, el pan puede facilitar que la saciedad dure menos y que el organismo entre antes en ese ciclo repetitivo.Insiste el especialista en que este proceso no depende únicamente de la cantidad ingerida, sino de la respuesta del cuerpo ante determinados alimentos que generan picos rápidos de energía. Esos picos, seguidos de caídas, pueden provocar una sensación de hambre recurrente incluso cuando la ingesta ha sido suficiente.Comprender cómo funciona este circuito es, según Ojeda, el primer paso para cambiarlo y mejorar la relación con la comida. Por ello, no propone eliminar el pan, sino analizar en qué contexto se consume y con qué alimentos se combina. No eres tú, es tu cerebro. Así que más que un antojo, es ciencia.
El pan continúa siendo, incluso en aquel recordado estado de confinamiento a causa de la pandemia del Coronavirus, el alimento por excelencia en nuestra cultura, y uno de los pilares básico de la dieta mediterránea, pese a algunos detractores. Y es que se antoja difícil … imaginar cualquier comida, ya sea en casa o en un restaurante, sin un trozo de esta fuente de hidratos de carbono sobre la mesa.
Los consumidores buscan a diario panes de mayor calidad, y los panaderos responden a esta demanda a través de harinas, y aportando toda la información nutricional adicional. Cualquier innovación es clave para mantener el interés por un sector que hace que alcanzó una facturación de más de 1.939 millones de euros en 2024, según las últimas estadísticas publicadas.
A casi todo el mundo le encanta el pan – se consumen alrededor de 30 kilos por persona al año – y una de las explicaciones puede estar en su alto contenido en carbohidratos, que hace que se libere dopamina, la hormona del bienestar. Por esta razón, son muchos los que se llevarían las manos a la cabeza con el mero pensamiento de eliminarlo de su dieta.
«Hay una subida, después un bajón y luego aparece el antojo»
En este contexto se ha pronunciado el nutricionista y divulgador Pablo Ojeda en una de sus últimas publicaciones en las plataformas digitales, en donde ha querido desmontar uno de los grandes mitos de la alimentación y el pan. «¿Te da más hambre?» El experto explica que la clave no está tanto en el alimento en sí, sino en lo que ocurre en el organismo después de ingerirlo.
Según el influencer de la salud, tras consumir alimentos de digestión rápida puede producirse una subida de energía seguida de un descenso progresivo que favorece la aparición de hambre al poco tiempo. «Hay una subida, después un bajón y luego aparece el antojo», resume, describiendo lo que muchos especialistas denominan el ciclo del antojo.
Este patrón no es exclusivo del pan ni afecta a todas las personas por igual, pero sí combina factores fisiológicos y hábitos alimentarios. Cuando se consume solo o sin acompañamiento, el pan puede facilitar que la saciedad dure menos y que el organismo entre antes en ese ciclo repetitivo.
Insiste el especialista en que este proceso no depende únicamente de la cantidad ingerida, sino de la respuesta del cuerpo ante determinados alimentos que generan picos rápidos de energía. Esos picos, seguidos de caídas, pueden provocar una sensación de hambre recurrente incluso cuando la ingesta ha sido suficiente.
Comprender cómo funciona este circuito es, según Ojeda, el primer paso para cambiarlo y mejorar la relación con la comida. Por ello, no propone eliminar el pan, sino analizar en qué contexto se consume y con qué alimentos se combina. No eres tú, es tu cerebro. Así que más que un antojo, es ciencia.
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