La vida en el pequeño pueblo de Epuyén, en la Patagonia argentina, cambió radicalmente tras un cumpleaños multitudinario el 3 de noviembre de 2018. Tras esa feliz celebración se firmó uno de los capítulos más oscuros de la historia de aquel enclave aislado entre montañas en el que apenas viven 3.000 personas. El hantavirus, un viejo conocido de la zona que se transmite por la orina, excrementos y saliva de los ratones colilargos que allí moran, infectó a Víctor Díaz. De él, la enfermedad saltó de una a otra persona, hasta alcanzar a una treintena, entre ellas ‘supercontagiadores’, que ampliaron el rango de infección. El brote se saldó con once muertos, incluyendo a su propia mujer.El caso del buque MV Hondius , que de momento ha causado tres víctimas y varios contagios, ha reavivado los viejos demonios de aquel suceso, que aún hoy se deja sentir entre los locales. «Perder a mi papá y a mis dos hermanas en menos de un mes…», cuenta en declaraciones a la agencia AFP Mailén, de 33 años, que no puede terminar la frase. Su padre estaba sentado en la mesa con Díaz, el que fue considerado el ‘paciente cero’ de hantavirus tipo Andes en el conocido como episodio de Epuyén. En aquella mesa hubo varios contagios y fallecidos, por lo que a Díaz se le señaló como el ‘superpropagador’ de aquel brote; pero lo cierto es que el estudio publicado en el ‘ The New England Journal of Medicine ‘, en el que por primera vez se señala la posibilidad de que existen personas que pueden contagiar el virus con mayor viralidad, señaló que no existió uno, sino tres potenciales supercontagiadores. «La transmisión se originó a partir de tres personas sintomáticas que asistieron a eventos sociales concurridos», señalan los autores, quienes indican que muy posiblemente el aislamiento de los primeros 18 contagiados fue clave para que el brote no fuera a más. Entre cumpleaños y velatorios, el hantavirus se propagó, lo que provocó que se confinaran más de 140 personas de forma simultánea en el pico de la infección. Familias enteras, negocios y escuelas se confinaron de forma estricta durante 45 días. Hubo hasta cuatro oleadas, pero en marzo de 2019 se dio por controlado el brote. Ninguno de los sanitarios que participó en el operativo se contagió, demostrando la efectividad de las medidas. Noticia relacionada general No No La OMS espera más casos de hantavirus porque hubo «muchas interacciones» en el barco Isabel MirandaDe forma paralela, el Laboratorio Nacional de Referencia para Hantavirus de la ANLIS Malbrán confirmó mediante secuenciación genética que el enemigo invisible fue causado por la cepa Andes, con características que sugerían una «potencial de dispersión superior al registrado en brotes anteriores». Un miedo que también ha planeado en el caso del MV Hondius, hasta que se ha confirmado que se trata del mismo virus, sin mutaciones importantes que puedan hacer temer por una mayor virulencia o tasa de mortalidad, que no obstante ya es alta: el 40% de los afectados con este hantavirus fallecen. También está abierta la teoría del supercontagiador. No obstante, los expertos señalan que no es un suceso frecuente y que aún se deben realizar más análisis para corroborar esta hipótesis, que no se podrá comprobar hasta que no termine el brote. El hantavirus tipo Andes se detectó por primera vez en 1996, y en 1998 se demostró que podía contagiarse de persona a personaLa tragedia personal de un puebloEn la comarca conviven con el virus, al que llaman «el hanta». El Andes se descubrió por primera vez en un brote en 1996 en un pueblo vecino de Epuyén, llamado El Bolsón, al que se llega en media hora larga en coche. Las investigadoras Paula Padula y Nora López publicaron en ‘ Virology ‘ un estudio que analizaba el caso de un paciente fallecido por un hantavirus de «un linaje único», nunca visto. Tan solo dos años más tarde, en otro trabajo recogido por la misma revista, las autoras confirmaron las peores sospechas: era el primer hantavirus con capacidad para transmitirse de persona a persona. Ya no era solo el ratón de cola larga ( Oligoryzomys longicaudatus ) portador del virus el que les podía infectar a través de sus fluidos. También sus vecinos. Noticia relacionada general No No Los detectives del hantavirus en Sudáfrica que dieron la voz de alarma: «Fue como buscar una aguja en un pajar» Patricia BioscaY cuando hay un brote como el que asoló Epuyén, el estigma social también se deja sentir: allí cuentan que otros pueblos no les permitían entrar en las tiendas o negocios por el miedo a que les contagiaran. A eso se le suma ser familia del paciente cero, como Isabel, hija de Víctor Díaz. «A mi papá lo miraban mal. No tiene culpa de haberse enfermado. Porque sos de Epuyén, porque sos el caso cero, o porque sos la ‘hija de’», cuenta Isabel a AFP. «Uno no busca enfermarse y mucho menos contagiar, mucho menos perder a una madre». Porque Isabel enfermó y, poco después, también lo hizo su madre, que no logró superarlo. Fue la sexta víctima de los once muertos de Epuyén. Víctor Díaz sigue viviendo en el mismo pueblo, que después tuvo que soportar la pandemia y dos incendios forestales (uno el pasado año y otro este) que arrasaron la zona. Ambos relatan que el hantavirus empezó como «un decaimiento», después pérdida del apetito y una especie de mancha morada. «Ese mismo día perdí el conocimiento», cuenta. Él y su hija sobrevivieron, aunque la huella de aquel suceso aún perdura. Y el MV Hondius ha reavivado aquel capítulo que volvió negro un cumpleaños feliz en un pueblo de apenas 3.000 habitantes al que todo el mundo ahora vuelve a mirar. La vida en el pequeño pueblo de Epuyén, en la Patagonia argentina, cambió radicalmente tras un cumpleaños multitudinario el 3 de noviembre de 2018. Tras esa feliz celebración se firmó uno de los capítulos más oscuros de la historia de aquel enclave aislado entre montañas en el que apenas viven 3.000 personas. El hantavirus, un viejo conocido de la zona que se transmite por la orina, excrementos y saliva de los ratones colilargos que allí moran, infectó a Víctor Díaz. De él, la enfermedad saltó de una a otra persona, hasta alcanzar a una treintena, entre ellas ‘supercontagiadores’, que ampliaron el rango de infección. El brote se saldó con once muertos, incluyendo a su propia mujer.El caso del buque MV Hondius , que de momento ha causado tres víctimas y varios contagios, ha reavivado los viejos demonios de aquel suceso, que aún hoy se deja sentir entre los locales. «Perder a mi papá y a mis dos hermanas en menos de un mes…», cuenta en declaraciones a la agencia AFP Mailén, de 33 años, que no puede terminar la frase. Su padre estaba sentado en la mesa con Díaz, el que fue considerado el ‘paciente cero’ de hantavirus tipo Andes en el conocido como episodio de Epuyén. En aquella mesa hubo varios contagios y fallecidos, por lo que a Díaz se le señaló como el ‘superpropagador’ de aquel brote; pero lo cierto es que el estudio publicado en el ‘ The New England Journal of Medicine ‘, en el que por primera vez se señala la posibilidad de que existen personas que pueden contagiar el virus con mayor viralidad, señaló que no existió uno, sino tres potenciales supercontagiadores. «La transmisión se originó a partir de tres personas sintomáticas que asistieron a eventos sociales concurridos», señalan los autores, quienes indican que muy posiblemente el aislamiento de los primeros 18 contagiados fue clave para que el brote no fuera a más. Entre cumpleaños y velatorios, el hantavirus se propagó, lo que provocó que se confinaran más de 140 personas de forma simultánea en el pico de la infección. Familias enteras, negocios y escuelas se confinaron de forma estricta durante 45 días. Hubo hasta cuatro oleadas, pero en marzo de 2019 se dio por controlado el brote. Ninguno de los sanitarios que participó en el operativo se contagió, demostrando la efectividad de las medidas. Noticia relacionada general No No La OMS espera más casos de hantavirus porque hubo «muchas interacciones» en el barco Isabel MirandaDe forma paralela, el Laboratorio Nacional de Referencia para Hantavirus de la ANLIS Malbrán confirmó mediante secuenciación genética que el enemigo invisible fue causado por la cepa Andes, con características que sugerían una «potencial de dispersión superior al registrado en brotes anteriores». Un miedo que también ha planeado en el caso del MV Hondius, hasta que se ha confirmado que se trata del mismo virus, sin mutaciones importantes que puedan hacer temer por una mayor virulencia o tasa de mortalidad, que no obstante ya es alta: el 40% de los afectados con este hantavirus fallecen. También está abierta la teoría del supercontagiador. No obstante, los expertos señalan que no es un suceso frecuente y que aún se deben realizar más análisis para corroborar esta hipótesis, que no se podrá comprobar hasta que no termine el brote. El hantavirus tipo Andes se detectó por primera vez en 1996, y en 1998 se demostró que podía contagiarse de persona a personaLa tragedia personal de un puebloEn la comarca conviven con el virus, al que llaman «el hanta». El Andes se descubrió por primera vez en un brote en 1996 en un pueblo vecino de Epuyén, llamado El Bolsón, al que se llega en media hora larga en coche. Las investigadoras Paula Padula y Nora López publicaron en ‘ Virology ‘ un estudio que analizaba el caso de un paciente fallecido por un hantavirus de «un linaje único», nunca visto. Tan solo dos años más tarde, en otro trabajo recogido por la misma revista, las autoras confirmaron las peores sospechas: era el primer hantavirus con capacidad para transmitirse de persona a persona. Ya no era solo el ratón de cola larga ( Oligoryzomys longicaudatus ) portador del virus el que les podía infectar a través de sus fluidos. También sus vecinos. Noticia relacionada general No No Los detectives del hantavirus en Sudáfrica que dieron la voz de alarma: «Fue como buscar una aguja en un pajar» Patricia BioscaY cuando hay un brote como el que asoló Epuyén, el estigma social también se deja sentir: allí cuentan que otros pueblos no les permitían entrar en las tiendas o negocios por el miedo a que les contagiaran. A eso se le suma ser familia del paciente cero, como Isabel, hija de Víctor Díaz. «A mi papá lo miraban mal. No tiene culpa de haberse enfermado. Porque sos de Epuyén, porque sos el caso cero, o porque sos la ‘hija de’», cuenta Isabel a AFP. «Uno no busca enfermarse y mucho menos contagiar, mucho menos perder a una madre». Porque Isabel enfermó y, poco después, también lo hizo su madre, que no logró superarlo. Fue la sexta víctima de los once muertos de Epuyén. Víctor Díaz sigue viviendo en el mismo pueblo, que después tuvo que soportar la pandemia y dos incendios forestales (uno el pasado año y otro este) que arrasaron la zona. Ambos relatan que el hantavirus empezó como «un decaimiento», después pérdida del apetito y una especie de mancha morada. «Ese mismo día perdí el conocimiento», cuenta. Él y su hija sobrevivieron, aunque la huella de aquel suceso aún perdura. Y el MV Hondius ha reavivado aquel capítulo que volvió negro un cumpleaños feliz en un pueblo de apenas 3.000 habitantes al que todo el mundo ahora vuelve a mirar.
La vida en el pequeño pueblo de Epuyén, en la Patagonia argentina, cambió radicalmente tras un cumpleaños multitudinario el 3 de noviembre de 2018. Tras esa feliz celebración se firmó uno de los capítulos más oscuros de la historia de aquel enclave aislado entre … montañas en el que apenas viven 3.000 personas. El hantavirus, un viejo conocido de la zona que se transmite por la orina, excrementos y saliva de los ratones colilargos que allí moran, infectó a Víctor Díaz. De él, la enfermedad saltó de una a otra persona, hasta alcanzar a una treintena, entre ellas ‘supercontagiadores’, que ampliaron el rango de infección. El brote se saldó con once muertos, incluyendo a su propia mujer.
El caso del buque MV Hondius, que de momento ha causado tres víctimas y varios contagios, ha reavivado los viejos demonios de aquel suceso, que aún hoy se deja sentir entre los locales. «Perder a mi papá y a mis dos hermanas en menos de un mes…», cuenta en declaraciones a la agencia AFP Mailén, de 33 años, que no puede terminar la frase. Su padre estaba sentado en la mesa con Díaz, el que fue considerado el ‘paciente cero’ de hantavirus tipo Andes en el conocido como episodio de Epuyén. En aquella mesa hubo varios contagios y fallecidos, por lo que a Díaz se le señaló como el ‘superpropagador’ de aquel brote; pero lo cierto es que el estudio publicado en el ‘The New England Journal of Medicine‘, en el que por primera vez se señala la posibilidad de que existen personas que pueden contagiar el virus con mayor viralidad, señaló que no existió uno, sino tres potenciales supercontagiadores.
«La transmisión se originó a partir de tres personas sintomáticas que asistieron a eventos sociales concurridos», señalan los autores, quienes indican que muy posiblemente el aislamiento de los primeros 18 contagiados fue clave para que el brote no fuera a más. Entre cumpleaños y velatorios, el hantavirus se propagó, lo que provocó que se confinaran más de 140 personas de forma simultánea en el pico de la infección. Familias enteras, negocios y escuelas se confinaron de forma estricta durante 45 días. Hubo hasta cuatro oleadas, pero en marzo de 2019 se dio por controlado el brote. Ninguno de los sanitarios que participó en el operativo se contagió, demostrando la efectividad de las medidas.
Noticia relacionada
De forma paralela, el Laboratorio Nacional de Referencia para Hantavirus de la ANLIS Malbrán confirmó mediante secuenciación genética que el enemigo invisible fue causado por la cepa Andes, con características que sugerían una «potencial de dispersión superior al registrado en brotes anteriores». Un miedo que también ha planeado en el caso del MV Hondius, hasta que se ha confirmado que se trata del mismo virus, sin mutaciones importantes que puedan hacer temer por una mayor virulencia o tasa de mortalidad, que no obstante ya es alta: el 40% de los afectados con este hantavirus fallecen.
También está abierta la teoría del supercontagiador. No obstante, los expertos señalan que no es un suceso frecuente y que aún se deben realizar más análisis para corroborar esta hipótesis, que no se podrá comprobar hasta que no termine el brote.
El hantavirus tipo Andes se detectó por primera vez en 1996, y en 1998 se demostró que podía contagiarse de persona a persona
La tragedia personal de un pueblo
En la comarca conviven con el virus, al que llaman «el hanta». El Andes se descubrió por primera vez en un brote en 1996 en un pueblo vecino de Epuyén, llamado El Bolsón, al que se llega en media hora larga en coche. Las investigadoras Paula Padula y Nora López publicaron en ‘Virology‘ un estudio que analizaba el caso de un paciente fallecido por un hantavirus de «un linaje único», nunca visto. Tan solo dos años más tarde, en otro trabajo recogido por la misma revista, las autoras confirmaron las peores sospechas: era el primer hantavirus con capacidad para transmitirse de persona a persona. Ya no era solo el ratón de cola larga (Oligoryzomys longicaudatus) portador del virus el que les podía infectar a través de sus fluidos. También sus vecinos.
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Y cuando hay un brote como el que asoló Epuyén, el estigma social también se deja sentir: allí cuentan que otros pueblos no les permitían entrar en las tiendas o negocios por el miedo a que les contagiaran. A eso se le suma ser familia del paciente cero, como Isabel, hija de Víctor Díaz. «A mi papá lo miraban mal. No tiene culpa de haberse enfermado. Porque sos de Epuyén, porque sos el caso cero, o porque sos la ‘hija de’», cuenta Isabel a AFP. «Uno no busca enfermarse y mucho menos contagiar, mucho menos perder a una madre». Porque Isabel enfermó y, poco después, también lo hizo su madre, que no logró superarlo. Fue la sexta víctima de los once muertos de Epuyén.
Víctor Díaz sigue viviendo en el mismo pueblo, que después tuvo que soportar la pandemia y dos incendios forestales (uno el pasado año y otro este) que arrasaron la zona. Ambos relatan que el hantavirus empezó como «un decaimiento», después pérdida del apetito y una especie de mancha morada. «Ese mismo día perdí el conocimiento», cuenta. Él y su hija sobrevivieron, aunque la huella de aquel suceso aún perdura. Y el MV Hondius ha reavivado aquel capítulo que volvió negro un cumpleaños feliz en un pueblo de apenas 3.000 habitantes al que todo el mundo ahora vuelve a mirar.
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