La visita de Morrissey siempre es un acontecimiento, más aún si actúa como hizo este sábado en el Poble Espanyol dentro del festival Barts, que se regaló la visita del inglés como cierre de una primera edición en la que ha reunido a 68.000 personas a lo largo del pasado mes. Tras cancelar dos de sus últimos cuatro conciertos en territorio español, el fundador de The Smiths desempató el marcador presentándose ante un público deseoso de encontrarse con el personaje histriónico que continúa siendo a sus 67 años, inclasificable como su voz de barítono o las misteriosas melodías sobre las que construye su música desde que hiciera pareja con Johnny Marr.
El inglés demostró buena forma física y vocal repasando sus éxitos desde la época de The Smiths
La visita de Morrissey siempre es un acontecimiento, más aún si actúa como hizo este sábado en el Poble Espanyol dentro del festival Barts, que se regaló la visita del inglés como cierre de una primera edición en la que ha reunido a 68.000 personas a lo largo del pasado mes. Tras cancelar dos de sus últimos cuatro conciertos en territorio español, el fundador de The Smiths desempató el marcador presentándose ante un público deseoso de encontrarse con el personaje histriónico que continúa siendo a sus 67 años, inclasificable como su voz de barítono o las misteriosas melodías sobre las que construye su música desde que hiciera pareja con Johnny Marr.
Precedido por una carta a Pedro Sánchez en la que le pedía la prohibición de los toros (cuestión que recuperó interpretando The bullfighter dies ), el músico que veta la venta de carne en sus conciertos (así sucedió ayer en el espacio del festival, aunque la norma no aplicaba al resto de bares del Poble Espanyol donde había embutido como siempre) se presentó ante su público como si acabara de salir del suburbio de Manchester donde todo comenzó: camisa negra desabotonada, cinturón floral y cercanía con el público, al que saludó bajando respetuosamente la cabeza antes de la inicial Billy Budd .
La actuación cerró el festival Barts, que ha reunido a 68.000 espectadores en su primera edición
La respuesta de sus fans –algunos de los cuales pasaron la noche a las puertas del Poble Espanyol– fue entusiasta, ni siquiera la lluvia les arredró en una velada generosamente retrospectiva, donde su último disco, Make-up is a lie , fue artista secundario. Acompañado por un quinteto de jóvenes músicos, Morrissey se mostró expresivo, lanzando las maracas por el aire o apretándose el pecho mientras interpretaba I’m throwing my arms in Paris . No tardó mucho en disparar balas de plata; la trotona A rush and a push and the land is ours , seguida de First of the gang to die y su alegre guitarreo entre huesos humanos aplastados, coreada de principio a fin por la muchedumbre.
Now my heart is full , lenta y creciente, echó la vista atrás a los inicios en solitario del protagonista, que jugueteaba con un pañuelo rojo utilizado también para secarse el sudor. También jugaba a iniciar discursos entre canción y canción donde se lamentaba del estado del mundo sin llegar a conclusión alguna, más allá de dar tiempo a Carmen Vandenberg para cambiar de guitarra, cosa que hizo constantemente.
La naif Zoom zoom the little boy profundizó a continuación la negrura postpunk de How soon is now , que, como si se tratara de un conjuro, sonó en el mismo instante que comenzó a llover sobre la ciudad por primera vez tras 52 días de sequía.
Lejos de suspender la actuación (todo cambio es temible con este artista) bajo la lluvia sonó lo más recogido de la velada, con la emotiva I know it’s over , mientras la pantalla mostraba una imagen de su madre, Elizabeth Dwyer, fallecida en el 2020. Le siguió Notre-Dame , del nuevo disco, y Everyday is like sunday , iniciada con un solo de piano justo cuando, como por arte de magia, remitía la lluvia.
Todo se conjugó para un final de fiesta a cuenta de Suedehead , Irish blood, English head y la inevitable There is a light that never goes . Tampoco faltó el espontáneo que abrazó a Morrissey para agradecer al histrión que anoche hiciera de chamán jugando con la lluvia y la música.
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