Sin apenas tiempo para reaccionar puesto que el coche de caballos tirado por Minicus jr. está a punto de colisionar con un camión tráiler de 18 ruedas en la Ronda Litoral, Andrew Smith III y Lucas Johnson IV añaden aceleradamente unos pocos años a la fecha preexistente para evitar un final trágico de su experimento. Se lo están pasando en grande a costa de su conejillo de indias y no es cuestión de parar. Del 1992 pasamos al 2026, una fecha elegida al tuntún que zarandea de nuevo física y mentalmente a nuestro protagonista, cada vez más triturado por un destino azaroso que no controla. El proceso se repite: de pronto se convierte en invisible para reaparecer a los pocos segundos en otra época de la que no sabe nada. Recordemos que nació en Barcino hace unos 2000 años.
“Un estudio matemático indica que hay un 47% de posibilidades de que seamos una simulación hecha por la inteligencia artificial de otra civilización”, según Hervé le Tellier, matemático y escritor, premio Goncourt 2020
En el capítulo anterior…
Minicius júnior, ataviado con ropa del siglo XIV en pleno año 1992, es instado a practicar sexo en vivo
en la sala Bagdad con una señora llamada Tania que va vestida de Cleopatra. Minicius supera la prueba ante la mirada de Magic Johnson, que se encuentra entre el público, y logra huir en un coche de caballos para turistas.
Consulta los capítulos anteriores de Experimento Cronos:
1. Barcelona, 2091: Andrew Smith III & Lucas Johnson IV se aburren
2. Barcino, 130 d.C: Minicius júnior es abducido
3. Barcelona, 1391: hambre, violencia y peste para empezar
4. Barcelona, 1992: sexo en el Bagdad y otras aventuras
Sin apenas tiempo para reaccionar puesto que el coche de caballos tirado por Minicus jr. está a punto de colisionar con un camión tráiler de 18 ruedas en la Ronda Litoral, Andrew Smith III y Lucas Johnson IV añaden aceleradamente unos pocos años a la fecha preexistente para evitar un final trágico de su experimento. Se lo están pasando en grande a costa de su conejillo de indias y no es cuestión de parar. Del 1992 pasamos al 2026, una fecha elegida al tuntún que zarandea de nuevo física y mentalmente a nuestro protagonista, cada vez más triturado por un destino azaroso que no controla. El proceso se repite: de pronto se convierte en invisible para reaparecer a los pocos segundos en otra época de la que no sabe nada. Recordemos que nació en Barcino hace unos 2000 años.
2026. De nuevo el caos. A su alrededor cientos de personas, vestidas uniformemente y todos con una cartulina plastificada colgada del cuello, se mueven arriba y abajo como hormigas nerviosas. Minicius jr. llora en una esquina, superado por todo lo que le está sucediendo. Añora su tiempo, su familia, sus esclavos y sus carreras de cuadrigas. Su estampa ahora mismo es de difícil descripción. Ha aterrizado en las instalaciones del Mobile World Congress y sigue vestido con ropas correspondientes al siglo XIV. Nadie se acerca a ayudarle.
Le ofrecen un brunch y huye hasta dar con otro sitio en el que le den de comer de verdad
Después de un par de horas de hundimiento personal, Minicius jr. reemplaza paulatinamente la tristeza por un colosal cabreo, así que pasa a la acción. Descubre un lavabo y, tras media hora de infructuosa lucha para saber por donde diantre sale el agua, se asea y busca una víctima. La encuentra en un hombre de ojos rasgados (léase coreano del sur), al que conduce hacia una especie de cagadero privado. Allí le deja inconsciente de un hostión muy de la época romana (puedes pasar de Sagitario a Capricornio sin comerlo ni beberlo), se agencia su ropa, se viste con ella y hasta se regala y cuelga su extraño collar plastificado y una pulsera de tela. A continuación, entra en un pabellón atestado de gente.
Comunicarse con estos tipos y tipas es un imposible. Nadie habla catalán pese a estar en Barcelona y todos y todas mantienen la mirada hacia abajo fijada en un aparatito rectangular que les aliena. Aún así, poseen la habilidad de no tropezarse los unos contra los otros. Qué tendrán estas maquinitas. Desde el 2091, Andrew y Lucas, que temen un episodio de poco entretenimiento en este 2026, deciden incorporar el coreano, el inglés y el castellano en el historial de Minicius jr. para que pase algo.
Finalmente conecta con una indígena llamada Jennifer con la que mantiene una breve y confusa conversación. “Pero tú no eres coreano”, le dice ella a él, después de observar la acreditación que le cuelga del cuello.
“Me la agarras con la mano”, contesta él sin saber que Andrew y Lucas han incluido en su sistema cognitivo la aplicación “chascarrillos y rimas”.
Jennifer, realmente atractiva, se indigna y desaparece de escena.
Minicius no da importancia al episodio, escapa del recinto y se adentra en el Paral·lel. Tiene hambre y entra en un local con comida. Le ofrecen un brunch y, desubicado en el tiempo pero no imbécil, huye hasta dar con otro sitio en el que le den de comer de verdad. Lo encuentra. Se zampa una ensaladilla rusa, unas albóndigas con calamares y unos callos con garbanzos que le devuelven la sonrisa. Riega todo con dos botellas enteras de tinto de la casa y cuatro chupitos de ratafía. Se va sin pagar, un camarero le llama la atención y le propina un puñetazo letal. A este paso a Minicius deberíamos llamarle Charles Bronson.
Aturdido por el alcohol, se cuela en un autobús rojo de dos pisos por hacer algo, y disfruta de una ruta por la ciudad. Pasa por un Camp Nou en obras, por la Sagrada Familia (edificio onírico) y por la Barceloneta, donde cae dormido a la hora de la siesta. Despierta a las siete de la tarde, se baja del vehículo y se deja arrastrar por una corriente de personas que visten de manera muy diferente a los individuos con los que se topó por la mañana. Advierte que para entrar se necesita una pulsera, la misma que le birló al coreano por la mañana. Miel sobre hojuelas.
El sitio en cuestión es una explanada infinita repleta de gente que avanza desordenadamente hacia distintos escenarios a los que nunca te puedes acercar debido precisamente a la multitud. La música apenas se distingue y los individuos esta vez alzan hacia el cielo el aparato diminuto rectangular en una coreografía gregaria incomprensible a ojos de un tipo nacido en Barcino. A todo el tinglado le llaman Primavera Sound. Cuando decide marcharse, un sujeto a la salida le entrega un papel rectangular y le propone ir al Bagdad para acabar la noche. Su mirada contiene tanto odio que le rompe un brazo sin siquiera tocarle.
Definitivamente 2026 es un año poco productivo para Andrew y Lucas, a los que entre saltos temporales se les ha hecho tarde sin darse cuenta. Devuelven a Lucius Minicius Natalis Quadronius Verus a su época barcinonesa a la espera de debatir qué hacen mañana con él. Minicius jr se acuesta y se ata a su propia cama, cruzando los dedos para que nadie le mueva de su sitio nunca más. Sueña, eso sí, con el platazo de albóndigas con calamares ingerido al mediodía. Y también con Jennifer.
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