Dibujos del estudio Disney protagonizados por los jazzísticos Aristogatos o por el muy avaro Tío Gilito y obras de dibujantes, pintores y escultores inspiradas en personajes como Mickey Mouse, el pato Donald o Los Tres Caballeros constituyen la tercera exposición de Premium Art. Esta nueva galería barcelonesa inició su programación con Perico Pastor y Xano Armenter. La muestra actual (hasta el 29 de agosto) resulta divertida y chocante. Incluye una escultura de un pato Donald daliniano, un tríptico a lo Francis Bacon protagonizado por Mickey y sus sombras, dibujos de falsos carteles de cine realizados por Jaume Esteve, con Mickey en modo Titanic o Blade Runner, o incluso una broma extrema: esa versión del Guernica del barcelonés Tony Fernández, protagonizada por la vaca Clarabella, el perro Pluto, el torpe Goofy, un pato Donald espasmódico y la ruina del ratón Mickey.
Las obras de Disney y Homero inspiran a los creadores contemporáneos
Dibujos del estudio Disney protagonizados por los jazzísticos Aristogatos o por el muy avaro Tío Gilito y obras de dibujantes, pintores y escultores inspiradas en personajes como Mickey Mouse, el pato Donald o Los Tres Caballeros constituyen la tercera exposición de Premium Art. Esta nueva galería barcelonesa inició su programación con Perico Pastor y Xano Armenter. La muestra actual (hasta el 29 de agosto) resulta divertida y chocante. Incluye una escultura de un pato Donald daliniano, un tríptico a lo Francis Bacon protagonizado por Mickey y sus sombras, dibujos de falsos carteles de cine realizados por Jaume Esteve, con Mickey en modo Titanic o Blade Runner, o incluso una broma extrema: esa versión del Guernica del barcelonés Tony Fernández, protagonizada por la vaca Clarabella, el perro Pluto, el torpe Goofy, un pato Donald espasmódico y la ruina del ratón Mickey.
La aparición de galerías como Premium Art se agradece, pues en los últimos años hemos asistido al cierre de algunas galerías de arte barcelonesas que habían tenido un papel relevante. Los motivos de cierre ha sido en algunos casos la falta de relevo generacional tras la muerte de sus impulsores (Eude, N 2). En otros (Sala Dalmau, Àmbit, Esther Montoriol), se puede considerar que el cierre se ha producido por final de fase: por “misión cumplida”. Sin embargo, han influido también la falta de una buena ley de mecenazgo y de una política fiscal digna de un país europeo, es decir, no hostil. El ámbito artístico no ha tenido suficiente conexión cooperativa con el poder económico: de ahí la escasez de coleccionistas. También se echa en falta alguna iniciativa de carácter ejemplar, equivalente a lo que significó hace años la iniciativa de la Fundació la Caixa de crear dos colecciones de arte contemporáneo, una de alto presupuesto (con Anish Kapoor, Gerhard Richter, etc.) y otra dedicada a un arte más asequible, la Col·lecció Testimoni. Esperemos que algún día se exponga este valioso material con la plenitud y el buen criterio selectivo que merece.
La aparición de Premium Art se agradece, pues hemos asistido al cierre de galerías que habían tenido un papel relevante
La Odisea es el relato fundacional de la civilización europea y, por ello –y por el marketing–, el esperado estreno de la versión cinematográfica firmada por Christopher Nolan está siendo un tema de debate en un verano de incendios, guerras y naufragios. Como era previsible, el director de El caballero oscuro (un film demasiado oscuro y éticamente discutible, pues puede parecer un elogio del mal y una burla de la bondad), ha filmado una Odisea donde predominan la oscuridad anímica y exterior, el fuego, la violencia y la culpa. En ella los dioses y las diosas se han desdibujado y Atenea, la de los ojos verdes, apenas ilumina. Odiseo no aparece como narrador sugestivo y el país más amable y luminoso también desaparece, y con él la bella Nausicaa, princesa de los feacios. Tampoco la isla de la ninfa Calipso parece un paraíso atrapador, más allá de la belleza de la actriz Charlize Theron, con medio siglo y buena edad. Lo más sorprendente es que el Mediterráneo brilla por su ausencia. Lo que vemos son aguas atlánticas y una ruina medieval en vez de una arquitectura helénica. La luz mediterránea no le interesa a Nolan. Pero la broma imperdonable es que Helena de Troya sea negra y que también lo sea un terrateniente de Ítaca, que pretende a Penélope. Si es broma no tiene gracia, si es provocación es facilona y lo que parece es, más bien, una lamentable concesión a la muy subvencionada doctrina de lo políticamente correcto.
Dicho esto, lo asombroso es que la película –en la pantalla del cine Phenomena, de Barcelona– es, sin embargo, disfrutable y recomendable. Nolan es un excelente director de cine, como pudimos constatar en Dunkerque y en Interstellar , y su Odisea ofrece muy buenos momentos. En cualquier caso, creo que el director ideal para el relato de Homero sería Ang Lee (La vida de Pi ) o también David Fincher (El curioso caso de Benjamin Button). ¡Y qué espléndido Odiseo habría sido Sean Connery!
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