Stefanie Kremser, la alemana que se volvió autora catalana

Cuando la lingüista Carme Junyent invitó a Stefanie Kremser (Düsseldorf, 1967) a participar en un encuentro de autoras catalanas, algo cambió en la vida de la escritora alemana. Así lo hace saber ella misma a La Vanguardia mientras se toma un café en la terraza de un bar cercano a Francesc Macià, huyendo de cualquier aire acondicionado que se precie. “Hace tiempo que siento que estoy integrada o, al menos, hago lo posible para estarlo. Pero aquello fue dar un paso más. Como desbloquear un nuevo nivel. Alguien me consideraba una autora catalana, pese a no haber nacido aquí. Una más del grupo”. Sus razones tenía Junyent, más allá de la amistad, para animarla a acudir a la reunión. Y es que Kremser concibió su último libro, Acció de gràcies per una casa (Edicions de 1984), en catalán. “Lo escribí directamente en esta lengua. Previamente me había atrevido con dos cuentos en una antología”.

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 Algo cambió en su vida cuando la lingüista Carme Junyent la invitó a participar en un encuentro de escritoras del país  

Stefanie Kremser

Vino de Múnich, Alemania
​Vive en Barcelona
​Desde hace 23 años

Cuando la lingüista Carme Junyent invitó a Stefanie Kremser (Düsseldorf, 1967) a participar en un encuentro de autoras catalanas, algo cambió en la vida de la escritora alemana. Así lo hace saber ella misma a La Vanguardia mientras se toma un café en la terraza de un bar cercano a Francesc Macià, huyendo de cualquier aire acondicionado que se precie. “Hace tiempo que siento que estoy integrada o, al menos, hago lo posible para estarlo. Pero aquello fue dar un paso más. Como desbloquear un nuevo nivel. Alguien me consideraba una autora catalana, pese a no haber nacido aquí. Una más del grupo”. Sus razones tenía Junyent, más allá de la amistad, para animarla a acudir a la reunión. Y es que Kremser concibió su último libro, Acció de gràcies per una casa (Edicions de 1984), en catalán. “Lo escribí directamente en esta lengua. Previamente me había atrevido con dos cuentos en una antología”.

A Kremser esa decisión le surgió de forma natural. “De hecho, me atrevo a decir que he tardado un poco, teniendo en cuenta que hace más de veinte años que vivo aquí”, dice humilde, recordando que no es la primera escritora que se enfrenta a un reto así. Pero la lengua en la que habla en su día a día en estas últimas décadas era la idónea para narrar un ensayo autobiográfico que, tirando del hilo del anterior Si aquest carrer fos meu, explora la relación entre mujer y hogar buscando respuestas en su propia experiencia tras encadenar más de veinte mudanzas.

“Cuando la gente ve que soy de fuera rápidamente cambia al inglés o al castellano”

Más allá de haber sido acogida en foros en los que participaban otros literatos catalanes, escribir en la lengua que lleva hablando en las últimas décadas le ha brindado otro regalo: “Que mi pareja pueda leer lo que escribo directamente. Es algo que me parece mágico. Antes, tenía que explicárselo y era todo un poco abstracto, ya que él no entiende el alemán. Tenía que esperar a que hubiera una traducción para poder adentrarse en la historia. Esta vez, en cambio, ha podido seguir el proceso muy de cerca, a cada paso”, cuenta satisfecha.

Su marido es el escritor Jordi Puntí y que ambos sean del mismo gremio siempre es una ventaja. Fue precisamente el amor el que la trajo a Barcelona. “Nos conocimos en una residencia literaria a las afueras de Nueva York”. Y, a partir de aquí, la pareja empezó a viajar. Él iba a verla a Múnich y ella a Barcelona. “Finalmente, decidimos que yo vendría a Catalunya por varios motivos, como mi facilidad por los idiomas, pues crecí en Brasil. De hecho, empecé mis primeros pasos literarios escribiendo en portugués y volver ahora a escribir de nuevo en una lengua románica es algo que me motiva especialmente. Además era autónoma y, por entonces, Jordi tenía un trabajo fijo, así que era más fácil que me moviera yo”, confiesa.

Pronto supo que la decisión era acertada, pues se sentía “cómoda” en el Mediterráneo, “ya que era una mezcla de las dos culturas en las que había residido, la del trópico y la alemana”, puntualiza. No tardó, por tanto, en imaginar una vida en la capital catalana y quién sabe si algún día escribir en catalán. Un sueño que ha cumplido con creces.

Eso sí, para poder llegar a este punto –avanza– “he tenido que leer mucho en catalán. Creo que vivir en el lugar es clave porque te permite hacerlo y, además, puedes conversar con la gente. Eso sí, no sé que pasa que cuando la gente ve que soy de fuera rápidamente cambian al inglés o al castellano. Lo hacen para facilitar, como gesto, pero yo sigo conversando en catalán, no quiero que tengan que cambiar de idioma. Además, si lo hacen, yo no puedo practicar y entonces nunca habría aprendido”, reflexiona la autora de Postal de Copacabana, que durante muchas tardes practicó la gramática con el traductor Marc Rubió. “Durante media hora hablábamos inglés, y la siguiente media, en catalán. Ganamos los dos”.

¿Y el futuro? Kremser prefiere pensar en el día a día, sin dar nada por hecho, aunque no oculta que un nuevo reto interesante podría ser escribir un guion en catalán. La materia no es nueva, pues lleva años redactando guiones para largometrajes en alemán.

Solo queda, de nuevo, cambiar la lengua, algo que sabe que también hará en esta disciplina. “Es natural. Catalunya me ha dado todo, incluido el amor y el poder tener una casa con mi compañero. Yo quiero devolver este afecto. Es algo que me nace. La esencia de la migración, más allá de las cuestiones económicas, solo tiene sentido si te integras. En tu casa puedes hablar el idioma que quieras y rezar al Dios que consideres, pero en la calle está bien tener un denominador común, basado en la conversación. Si no hablara catalán, me perdería la mitad de historias y vivencias que pasan a mi alrededor, y como escritora no es algo a lo que esté dispuesta”.

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