Con 65 años de carrera sobre su espalda, que se dice pronto, Miguel Ríos (Granada, 1944) se subirá mañana al escenario de Cap Roig para presentar algunas de las canciones de su último álbum, El último vals, y revisitar grandes clásicos como Himno a la alegría, Santa Lucía o Bienvenidos, que harán vibrar a los hijos ¡y nietos! del rock and roll.
Con 65 años de carrera sobre su espalda, el cantante se subirá mañana al escenario de Cap Roig para presentar algunas de las canciones de su último álbum, ‘El último vals’
Con 65 años de carrera sobre su espalda, que se dice pronto, Miguel Ríos (Granada, 1944) se subirá mañana al escenario de Cap Roig para presentar algunas de las canciones de su último álbum, El último vals, y revisitar grandes clásicos como Himno a la alegría, Santa Lucía o Bienvenidos, que harán vibrar a los hijos ¡y nietos! del rock and roll.
A sus 82 años sigue al pie del cañón y sacando discos. En este último, hay canciones de amor, cómo no, pero también otras de contenido político. ¿Cómo fue su gestación?
Yo trabajo con el productor José Nortes. Tengo una banda con él que es la que me acompaña, The Black Betty Boys, y, bueno, cuando acabamos el concierto del 40.º aniversario del disco Rock and Ríos, empezamos a escribir canciones con un método muy operativo, que es que yo le decía un poco de lo que quería hablar en un tema, él me mandaba una melodía, yo le iba poniendo las letras y así. Fue muy fructífero porque lo hicimos en relativamente poco tiempo.
En algunas letras, como en la de El oro irlandés , sobre un amor de juventud, o Si pudiera parar el tiempo , donde habla de sus “ochenta tacos”, se ve el poso de la melancolía.
Es que está escrito desde los 80 años. Sí, sí. Y existe esa distancia. Yo sigo siendo fiel a mi máxima, que era contar la realidad que me rodeaba y algunas cosas personales que van haciendo que la gente me conozca un poco más íntimamente, ¿no? Y en realidad, todo el repertorio gira alrededor de diferentes etapas de mi vida, de diferentes recuerdos. Y hay algunas canciones, por ejemplo El último vals, que está un poco inspirada en la forma de piano y voz como hacía Ray Charles, ¿no?
“Tengo un público ya de tres generaciones: es muy bonito ver que saben mis canciones”
Claro, es un blues…
Sí, y la verdad es que yo me lo paso muy bien escribiendo canciones ahora, porque tengo la libertad enorme del independiente. Sacas un disco y ya no existe la presión de las compañías de “si no vendes un millón, no nos interesa”. Afortunadamente, yo he tenido una carrera discográfica muy exitosa y ahora estoy en la mejor situación de poder expresarme, porque no tengo directores que estén diciendo por dónde deben ir las cosas y tal. Entonces, estoy más libre que nunca y eso me gusta.
Ya no tiene que rendir cuentas, porque si tenía que demostrar algo, está más que demostrado ya, ¿no es así?
Claro. Y sobre todo que no me digan que una canción no se puede hacer o que no es conveniente o que no tiene… La verdad es que en este tiempo, como el negocio del disco físico ya no existe prácticamente… Ahora son las redes, donde yo tengo suficientes seguidores para seguir escribiendo música, sobre todo porque no son canciones para cantar tú en la ducha, ¿no?, sino que tienes gente ahí que va a cantar el estribillo contigo.
¿También de las nuevas?
Sí, está pasando en la gira. Canto cinco canciones del nuevo álbum, que voy intercalando con los grandes éxitos y tienen muy buena acogida, porque la gente que me viene a ver ahora es que me viene a ver porque les recuerdo algo, porque les gusto. Quiero decir que tengo ya un público de tres generaciones, entonces es muy bonito ver ahí a la gente y que la réplica venga magnificada por mil, dos mil, tres mil personas.
Una característica de su trayectoria es el compromiso político, que en este disco se expresa en canciones como No es la tierra, estúpido, ¡eres tú! , en la que critica a los negacionistas del cambio climático, y La buena orilla , donde habla de las crisis migratorias.
Sí, sí, es que es terrible lo que ha pasado en Ceuta. Y lo que está pasando en el planeta, ¿no? En realidad lo que se está intentando es que la gente deje de emigrar. Y es imposible, porque el ser humano está hecho de las características inalienables de buscarse la vida. La gente ve lo que nosotros derrochamos y quiere venir aquí a toda costa. En mi juventud, muchísimos hermanos mayores de mi placeta, de mi barrio, se iban y emigraban a Alemania, a Barcelona… El sur siempre ha sido migrante y no se le pueden poner puertas al campo. La actualidad se conoce en todo el planeta y se sabe dónde es posible ir y que te den cobijo. Las políticas ultramontanas entienden de las barreras, pero no de la solidaridad. Y en cuanto al calentamiento global, se me ocurrió insultar a Trump sin nombrarlo, porque me podía caer una… Bueno, con lo que tiene ese hombre encima, es el ser más odiado de una parte del planeta. Quise escribir una canción contra los negacionistas, que hay muchos y están muy presentes. Es increíble, con las evidencias que estamos viendo ahora, estamos en un punto de no retorno. El otro día estaba oyendo a un científico, creo que era catalán, que dijo una frase que me dejó aterrado. Dijo: “Este es el verano más fresco que vamos a tener en nuestras vidas”.
¿Y qué se puede hacer?
Se necesita una revolución para cambiar el sistema. Estamos en la cuenta atrás. Pero es que la ultraderecha lo que está haciendo es convencer a la gente de que lo que menos le conviene es lo que le conviene. Es alucinante. Como esos chicanos que votaron a Trump y al día siguiente corrían delante del ICE. No podían creer que los estaban echando de su casa, que los estaban persiguiendo. Eso es lo que pasa cuando no eres firme en tus convicciones y no tienes información suficiente o no quieres buscarla: corres el grave riesgo de caer en una trampa que no es reversible.
Cultura
