¿Qué tendrán que ver dos mujeres que viven en una punta diferente del mundo? ¿Puede haber conexión alguna? “Siempre puede, pero no es algo fácil”, reflexiona Laia Jufresa (Ciudad de México, 1983) mientras se sienta en uno de los sofás de su editorial, en Barcelona. La escritora ha viajado hasta la capital catalana para presentar su nueva novela, Wishbone (Random House), que llega once años después de la laureadísima Umami. El título hace referencia en inglés al popularmente conocido como hueso de la suerte, esa estructura en forma de Y formada por la fusión de las clavículas del pollo que de niños muchos se empeñan en romper. O, si se quiere ver de una forma más metafórica esos dos caminos que terminan fusionados en uno (siempre que nadie los quiebre).
Once años después de ‘Umami’, su primera novela, la escritora mexicana regresa a la ficción con ‘Wishbone’
¿Qué tendrán que ver dos mujeres que viven en una punta diferente del mundo? ¿Puede haber conexión alguna? “Siempre puede, pero no es algo fácil”, reflexiona Laia Jufresa (Ciudad de México, 1983) mientras se sienta en uno de los sofás de su editorial, en Barcelona. La escritora ha viajado hasta la capital catalana para presentar su nueva novela, Wishbone (Random House), que llega once años después de la laureadísima Umami. El título hace referencia en inglés al popularmente conocido como hueso de la suerte, esa estructura en forma de Y formada por la fusión de las clavículas del pollo que de niños muchos se empeñan en romper. O, si se quiere ver de una forma más metafórica esos dos caminos que terminan fusionados en uno (siempre que nadie los quiebre).
Las protagonistas de esta historia, de esas dos veredas aparentemente distanciadas, son dos mujeres: Tor Sima y Vica Luft. “Una cree que tiene suerte para ser una persona con poca suerte; la otra piensa que no tiene suerte para ser una persona con tanta en principio”, razona Jufresa. La primera vive en Oaxaca y es una artista plástica que ha creado un museo dedicado al color; y la otra es una inmigrante mexicana que cría sola a su hija en Edimburgo y que trabaja como secretaria de una escritora. Lo que las une –y esto no pretende ser un gran spoiler, pues está así planteado desde las primeras páginas – es una pérdida compartida, un antiguo amante y una extraña fascinación por los pulpos (a la que también se une Jufresa).
Como persona con TDAH que soy, siempre ando buscando historias que me atrapen”
El lector sigue a ambas durante veinte años por siete ciudades distintas (en todas, menos en Londres, ha vivido la escritora) y lo hace de forma no lineal pues, en lugar de avanzar cronológicamente, retrocede en el tiempo para ir revelando las causas de los acontecimientos y las conexiones que se producen. La estructura se asemeja a un juego literario y, como advierte la autora, “demanda un poco de atención, pues yo sé que es atípica. Mi idea no era otra que involucrar al lector como cocreador, aunque no sepa hacia dónde le estoy llevando, especialmente al principio”.
Lo que les pide, en realidad, es confianza, aunque sea a ciegas. “Como persona con TDAH que soy, siempre ando buscando historias que me atrapen y que se formulen de forma diferente a lo que estoy acostumbrada. Tal vez por eso como escritora siempre ando detrás de un andamio al que agarrarme o, lo que es lo mismo, una estructura que me permita ir conociendo a mis personajes y las verdades y claroscuros que estos esconden”. Y la encontró, casualmente, el día que se hizo su primera prueba de embarazo. “Como decía, siempre he creído en las conexiones y que no hay casualidades”.

Tal vez por esta anécdota, Jufresa creyó que el libro trataría sobre cómo es ser madre, aunque eso terminó solo siendo uno de los muchos temas que sus páginas enfocarían, pues también se debate sobre duelo, arte y supervivencia cotidian. “Cuando tienes un bebé te parece bien e interesante hablar de puré de zanahoria, pero es lo más aburrido del mundo y no te das cuenta hasta que el niño ha cumplido ya dos años”, asegura. Con el tiempo, aunque esto parece haberlo visto una vez terminada su obra, lo que más comparte con ambas protagonistas es “el darse cuenta de lo complicado de enfrentarse a la hora de crear” y, en este sentido, “cómo aprendes con los años, aunque no del todo, a esquivar la autocensura”.
Una vez convencida de la estructura, “apareció la sombra de las desapariciones. Lo que ello supone. Una realidad que lamentablemente está muy presente en México y que no tenía sentido no mencionarla, pero… ¿cómo hablar de ello sin que se vaya el foco a esto tan grande?”, se preguntaba. Terminó llegando a la conclusión de que “no quería escribir una novela sobre los desaparecidos, sino sobre quienes siguen viviendo después de una desaparición. La idea del duelo suspendido que tantos sufren y la imposibilidad de cerrar una pérdida cuando no hay certezas. Estamos normalizando la sensación de que en la oscuridad no hay forma de avanzar, y eso es terrible”.
Wishbone fue escrita en inglés y posteriormente traducida al español por la propia autora. “Siempre escribo un primer borrador en inglés y voy traduciendo al español y esta versión inglesa nadie la ve, es solo para mí. Pero este libro era tan grande que dije no, se tiene que quedar en inglés hasta el final, así que seguí para adelante. Y luego pensé en traducirlo, aunque en realidad es una reescritura. Me llevó un tiempo encontrar el tono y luego cambios en casi cada párrafo pues, si no me funciona bien la broma que hice en inglés, la adapto a otra e español totalmente distinta. No he sido tan pulcra”.
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