Josep Vallverdú (1923-2026) no se consideraba un especialista en la literatura infantil y juvenil (LIJ) gracias a la cual fue tan reconocido, sino que prefería hablar de “novelas de aventuras”. Y aunque en muchos casos fue así, lo que fue una aventura fue su vida, que se acabó el martes y a la cual no es fácil acercarse con mucha perspectiva vista la relevancia que su figura ganó durante los últimos años.
El escritor deja dos libros inéditos y uno inacabado, según su albacea
Josep Vallverdú (1923-2026) no se consideraba un especialista en la literatura infantil y juvenil (LIJ) gracias a la cual fue tan reconocido, sino que prefería hablar de “novelas de aventuras”. Y aunque en muchos casos fue así, lo que fue una aventura fue su vida, que se acabó el martes y a la cual no es fácil acercarse con mucha perspectiva vista la relevancia que su figura ganó durante los últimos años.
A medida que pasaba cumpleaños, su aura se agrandaba por méritos propios, y seguía publicando: si con 98 años ya parecía mayor cuando publicó El vuitè nan (La Galera), el año que celebró su centenario el homenaje institucional lo llevó por todo el país de acto en acto y, además de bastantes reediciones, publicó libros como una nueva entrega memorialística, Mosaic de tardor (Proa), los poemas de Aragalls (Pagès), los artículos y dibujos publicados en la revista El Francolí de Potser sí… (La Musca) y las reflexiones lingüísticas de La llengua viscuda (Tres i Quatre), y aún más adelante una primera novela negra, El captaire (Salòria, 2024) y el dietario Quadern de Balaguer (Salòria, 2025). Pero Vallverdú no se movía por impulsos, y conociendo que a su edad no se podía dar nada por seguro, planificó su cierre.
Carme Vidalhuguet, mano derecha y albacea literaria del escritor, explica que “quiso cerrar el círculo con El retorn de Rovelló (La Galera, 2025), un libro totalmente pensado y con ventanas abiertas a otros libros de su universo”. Durante años se había negado a retomar su personaje más célebre, y cuando decidió volver fue para poner el punto y final. Vidalhuguet, sin embargo, explica que Vallverdú deja dos libros nuevos y uno inacabado, de géneros distintos, que ya hacía tiempo que estaban hechos pero los quería reservar: “El último año ha tenido tiempo de ordenarlo y casi terminarlo, y ahora es el momento de poner en valor su legado”.
Nacido en Lleida en 1923, ya de joven Josep Vallverdú sintió pasión por la literatura, pero tardó mucho en dedicarse a ella en serio, especialmente porque no lo podía hacer en catalán. Tras la guerra vivió en Barcelona, donde estudió Filosofía y Letras, pero la vida lo llevó a residir por toda Catalunya: primero, ya casado con la pedagoga Isabel Arqué, en Sant Feliu de Guíxols, después volvió a Lleida, más adelante en Puiggròs, una vez jubilado en la Espluga de Francolí y, finalmente, en Balaguer, después de casarse con Antonieta Vilajoliu, viudos ya los dos, en el 2012. Un amor otoñal que le revivió.
Aunque no estaba especialmente interesado en los chiquillos, vio que era importante que tuvieran al alcance libros en catalán
Aunque aseguraba a menudo que no estaba especialmente interesado en los chiquillos, vio que era importante que tuvieran al alcance libros en catalán. Fue el editor Miquel Arimany quien le sugirió escribir “un libro de aventuras y que salieran unos niños”, que en 1961 se convertiría en El venedor de peixos, la primera novela juvenil en catalán desde el franquismo. Con 38 años cumplidos, ya no era un joven que debutaba en su lengua. El nacimiento el año siguiente de la revista Cavall Fort, donde empezó a colaborar, le sirvió para tomar confianza en lo que escribía, a la vez que con la llegada de Edicions 62 empezó a dedicarse intensamente a la traducción: Raymond Chandler, Dashiel Hammet, Martin Luther King, Jack London, Edgard A. Poe, Gianni Rodari, Walter Scott, G.K. Chesterton u Oscar Wilde… Los primeros años se consideraba un traductor que escribía, pero empezó a ganar notoriedad con premios como el primer Joaquim Ruyra, en 1963, y especialmente en 1968, con el Josep M. Folch i Torres por Rovelló –en el 2000 convertido en serie de dibujos animados–, un libro que marcaría la entrada en la mítica colección Els Grumets de La Galera, donde ha publicado la mayor parte de su producción infantil y juvenil, libros como En Roc drapaire (1971), En Mir, l’esquirol (1978), Saberut i Cua-verd (1982), El testament de John Silver (2007) o uno de los que más amaba, Blai Joncar (2009).
Pero su vida no se entiende sin el resto de su obra, con títulos recientes como los de memorias y la poesía, pero también anteriores como la colección Catalunya Visió, con el fotógrafo Ton Sirera, entre 1968 y 1974, Proses de Ponent (1970), que impulsó esta denominación en las tierras de Lleida, o Indíbil i la boira (1983), libros que lo convirtieron, con permiso de Pedrolo y Viladot, en el patriarca de las letras locales, primero, y después catalán, pero la literatura es, en última instancia, universal.
El viernes se le hará una despedida a la iglesia de Sant Domènec de Balaguer, muy cerca de su casa.
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