La ‘superpolipíldora’ que hace frente al envejecimiento

Quizás sea imposible convencerlas de que vayan al gimnasio porque nunca lo han hecho y hay ideas que cuesta cambiar. Sin embargo, puedes encontrarlas tocando las castañuelas, ejercitando su motricidad fina, algo que requiere práctica, fuerza, coordinación, ritmo y memoria . Es un grupo de mujeres mayores que acude cada semana a un taller de castañuelas en un centro social de Cádiz, pero sucede lo mismo en muchos otros lugares de nuestra geografía. Allí, también bailan al compás de sevillanas y otros palos del flamenco, fieles a una actividad con muchos beneficios para la salud.La población adulta se mueve poco, una tendencia que se incrementa a partir de los 60 años. Hace tiempo que la Organización Mundial de la Salud (OMS) trata de frenar este problema global que multiplica el riesgo de sufrir enfermedades cardiovasculares, respiratorias crónicas o diabetes, y que acentúa los procesos de deterioro del envejecimiento. Sin embargo, cuesta convertir el ejercicio en un hábito, especialmente en la madurez, pese a que existen opciones para casi todos los gustos.El baile es un candidato perfecto para quienes huyen de las salas con pesas, buscan compartir una afición con más personas o necesitan una actividad adaptada a limitaciones motrices o técnicas, que apartan de la actividad física especialmente a las personas adultas de mayor edad. Por estas razones y muchas más, la danza es una gran aliada del estilo de vida activo al que hay que adherirse para envejecer de una manera saludable, a bajo coste y como complemento a otras terapias o fármacos.Múltiples mejorasSi la actividad física se considera una «polipíldora», porque beneficia a nuestra salud de múltiples formas, bailar podría considerarse una « superpolipíldora ». Y, para algunas personas expertas, la danza española es especialmente completa. Es lo que defiende María Serrano Guzmán, docente del grado de Terapia Ocupacional de la Universidad de Granada, que en su tesis estudió los efectos de la danza en la capacidad funcional y la calidad de vida de personas mayores. Desde entonces, ha encontrado mejoras en movilidad, equilibrio, calidad de sueño, reducción de la grasa visceral y de la presión arterial, entre otras.«La ocupación es salud y, en los últimos años, ha habido un ‘boom’ en el uso terapéutico del flamenco que, para mí, es el baile más completo. Además de que permite trabajar la orientación espacial, la coordinación y la fuerza, también es increíble a nivel cognitivo. Se está viendo que es muy beneficioso para la neuroplasticidad, pues la atención y la memoria se trabajan para recordar los pasos de las coreografías, por ejemplo», destaca Serrano. El ejercicio físico que conlleva el baile estimula procesos neuromusculares relacionados con el control del movimiento, el que permite llevar las extremidades, las caderas o la cabeza en una determinada dirección y velocidad, o sostener el cuerpo en diversas posturas. Pero la música añade un elemento extra, fundamental y que diferencia a la danza de la mayoría de los deportes: el ritmo al que discurre la melodía, que marca el compás al que hay que mover el cuerpo. En este sentido, Serrano apunta que «cualquier danza te puede ayudar a mejorar tu estado físico, pero no todas sirven para lo mismo a nivel terapéutico».Flamenco para la osteoporosis y la expresiónLa expresión corporal al compás de la música puede suponer, al principio, una barrera a algunas personas. Sin embargo, es también un valor añadido al poder terapéutico del baile. Serrano considera que «lo que diferencia a la danza española de otros estilos es el sentimiento , que no es fácil de explicar. Cuando trabajo con un grupo, tengo cuidado con el estilo que elijo en cada momento, porque no es lo mismo una soleá, que es muy triste, que una bulería o un tango, que alegran a todo el mundo con su música y su letra. Además, bailando, las personas pueden expresar lo que sienten y soltar mucho estrés». Los movimientos de cada estilo, pueden beneficiar a distintas patologías. Por ejemplo, la profesora describe cómo el tango argentino acapara evidencias de ayuda a las personas con Parkinson . En este baile se dan pasos largos hacia delante y hacia atrás, de modo que se trabaja ese control del movimiento que la enfermedad va deteriorando. Por su parte, del flamenco destaca que, además de promover una ganancia de fuerza y masa muscular, «el impacto del taconeo ayuda a prevenir la osteoporosis y la osteopenia», algo a tener muy en cuenta frente al deterioro óseo que se acelera al envejecer.Para Serrano, a la hora de diseñar un programa terapéutico de danza del que se puedan extraer conclusiones válidas, hay que elegir muy bien los objetivos, que dependen del tipo de población, patología o disfunción: «la velocidad de la música, por ejemplo, dependerá de la capacidad funcional del grupo». Pero, por encima de todo eso, «hay que diseñar una práctica atractiva, porque la adherencia es fundamental para conseguir resultados, por eso consensuo los objetivos con las personas participantes. Lo más importante es que la actividad les resulte significativa», explica Serrano.Un proyecto de investigación-acción, terapéutico e integradorEn Cádiz, el proyecto ‘Danza para la Vida’ es un ejemplo de cómo emplear el baile como un recurso terapéutico a nivel físico, cognitivo, emocional y social. Poniendo el cuerpo y los movimientos de la danza española en el centro de la acción, buscaron reconectar a las personas participantes consigo mismas, con su cultura y con la comunidad para combatir el aislamiento que, sobre todo, sufren las personas mayores y con alguna discapacidad.Esther Puertas Cristóbal, investigadora del Instituto Universitario de Investigación para el Desarrollo Social Sostenible (INDESS) de la Universidad de Cádiz ha coordinado el proyecto desde el Laboratorio Social Comunica-Educa-Participa (COEDPA). De este modo, ha reunido a personal sanitario, investigador, docente y asociaciones para hacer realidad una propuesta poliédrica. «Planteamos un proyecto de investigación-acción donde salud, cultura y educación no formal se dieran la mano y el conocimiento se co-creara en el seno de la universidad, junto a otros agentes sociales y entidades de la comunidad», explica Puertas.A través de las asociaciones ‘Más que Danza’ y ‘Paz y Bien’, los talleres de danza española y de castañuelas reunieron a una muestra heterogénea de participantes procedentes de distintas asociaciones locales. Principalmente, participaron mujeres mayores con afecciones musculoesqueléticas y personas con enfermedades crónicas, como Parkinson, y algún tipo de discapacidad. «Queríamos acercar a esta población sus raíces culturales a través del folklore y, a la vez, estudiamos si lograban autopercibir un mayor nivel de bienestar, y si mejoraban su psicomotricidad, la cohesión y la participación social», explica Puertas.Isabel Pérez Cruz, directora del grupo inclusivo e intergeneracional EmARTE, ha colaborado impartiendo los talleres de danza y castañuelas y destaca las mejoras a nivel cognitivo que se observaron a lo largo del taller. «Al principio, a algunas les cuesta muchísimo tomar conciencia del movimiento de sus propias manos. A los problemas articulares o de audición se suma que no dirigen verdaderamente la atención al acto de tocar las castañuelas. Por eso, cuando lo logran, mejoran una barbaridad y también se nota en la memoria. Lo hemos conseguido hasta en personas con Parkinson», relata Pérez.Tanto Puertas como Pérez, destacan que, a través de los talleres de baile , han visto cómo las participantes ganaban en autoconocimiento y autoestima, pero también en sentido de pertenencia e integración, porque construyen vínculos sociales. Reconocen que este proyecto piloto ha generado mucha satisfacción en quienes lo han disfrutado, así como en las asociaciones participantes. El proyecto ‘Danza para la Vida’ consta de varias fases y, a través de los próximos talleres, esperan que se siga asentando en la comunidad, porque el baile está demostrando ser ese aliado para la salud que todo el mundo debería probar. Quizás sea imposible convencerlas de que vayan al gimnasio porque nunca lo han hecho y hay ideas que cuesta cambiar. Sin embargo, puedes encontrarlas tocando las castañuelas, ejercitando su motricidad fina, algo que requiere práctica, fuerza, coordinación, ritmo y memoria . Es un grupo de mujeres mayores que acude cada semana a un taller de castañuelas en un centro social de Cádiz, pero sucede lo mismo en muchos otros lugares de nuestra geografía. Allí, también bailan al compás de sevillanas y otros palos del flamenco, fieles a una actividad con muchos beneficios para la salud.La población adulta se mueve poco, una tendencia que se incrementa a partir de los 60 años. Hace tiempo que la Organización Mundial de la Salud (OMS) trata de frenar este problema global que multiplica el riesgo de sufrir enfermedades cardiovasculares, respiratorias crónicas o diabetes, y que acentúa los procesos de deterioro del envejecimiento. Sin embargo, cuesta convertir el ejercicio en un hábito, especialmente en la madurez, pese a que existen opciones para casi todos los gustos.El baile es un candidato perfecto para quienes huyen de las salas con pesas, buscan compartir una afición con más personas o necesitan una actividad adaptada a limitaciones motrices o técnicas, que apartan de la actividad física especialmente a las personas adultas de mayor edad. Por estas razones y muchas más, la danza es una gran aliada del estilo de vida activo al que hay que adherirse para envejecer de una manera saludable, a bajo coste y como complemento a otras terapias o fármacos.Múltiples mejorasSi la actividad física se considera una «polipíldora», porque beneficia a nuestra salud de múltiples formas, bailar podría considerarse una « superpolipíldora ». Y, para algunas personas expertas, la danza española es especialmente completa. Es lo que defiende María Serrano Guzmán, docente del grado de Terapia Ocupacional de la Universidad de Granada, que en su tesis estudió los efectos de la danza en la capacidad funcional y la calidad de vida de personas mayores. Desde entonces, ha encontrado mejoras en movilidad, equilibrio, calidad de sueño, reducción de la grasa visceral y de la presión arterial, entre otras.«La ocupación es salud y, en los últimos años, ha habido un ‘boom’ en el uso terapéutico del flamenco que, para mí, es el baile más completo. Además de que permite trabajar la orientación espacial, la coordinación y la fuerza, también es increíble a nivel cognitivo. Se está viendo que es muy beneficioso para la neuroplasticidad, pues la atención y la memoria se trabajan para recordar los pasos de las coreografías, por ejemplo», destaca Serrano. El ejercicio físico que conlleva el baile estimula procesos neuromusculares relacionados con el control del movimiento, el que permite llevar las extremidades, las caderas o la cabeza en una determinada dirección y velocidad, o sostener el cuerpo en diversas posturas. Pero la música añade un elemento extra, fundamental y que diferencia a la danza de la mayoría de los deportes: el ritmo al que discurre la melodía, que marca el compás al que hay que mover el cuerpo. En este sentido, Serrano apunta que «cualquier danza te puede ayudar a mejorar tu estado físico, pero no todas sirven para lo mismo a nivel terapéutico».Flamenco para la osteoporosis y la expresiónLa expresión corporal al compás de la música puede suponer, al principio, una barrera a algunas personas. Sin embargo, es también un valor añadido al poder terapéutico del baile. Serrano considera que «lo que diferencia a la danza española de otros estilos es el sentimiento , que no es fácil de explicar. Cuando trabajo con un grupo, tengo cuidado con el estilo que elijo en cada momento, porque no es lo mismo una soleá, que es muy triste, que una bulería o un tango, que alegran a todo el mundo con su música y su letra. Además, bailando, las personas pueden expresar lo que sienten y soltar mucho estrés». Los movimientos de cada estilo, pueden beneficiar a distintas patologías. Por ejemplo, la profesora describe cómo el tango argentino acapara evidencias de ayuda a las personas con Parkinson . En este baile se dan pasos largos hacia delante y hacia atrás, de modo que se trabaja ese control del movimiento que la enfermedad va deteriorando. Por su parte, del flamenco destaca que, además de promover una ganancia de fuerza y masa muscular, «el impacto del taconeo ayuda a prevenir la osteoporosis y la osteopenia», algo a tener muy en cuenta frente al deterioro óseo que se acelera al envejecer.Para Serrano, a la hora de diseñar un programa terapéutico de danza del que se puedan extraer conclusiones válidas, hay que elegir muy bien los objetivos, que dependen del tipo de población, patología o disfunción: «la velocidad de la música, por ejemplo, dependerá de la capacidad funcional del grupo». Pero, por encima de todo eso, «hay que diseñar una práctica atractiva, porque la adherencia es fundamental para conseguir resultados, por eso consensuo los objetivos con las personas participantes. Lo más importante es que la actividad les resulte significativa», explica Serrano.Un proyecto de investigación-acción, terapéutico e integradorEn Cádiz, el proyecto ‘Danza para la Vida’ es un ejemplo de cómo emplear el baile como un recurso terapéutico a nivel físico, cognitivo, emocional y social. Poniendo el cuerpo y los movimientos de la danza española en el centro de la acción, buscaron reconectar a las personas participantes consigo mismas, con su cultura y con la comunidad para combatir el aislamiento que, sobre todo, sufren las personas mayores y con alguna discapacidad.Esther Puertas Cristóbal, investigadora del Instituto Universitario de Investigación para el Desarrollo Social Sostenible (INDESS) de la Universidad de Cádiz ha coordinado el proyecto desde el Laboratorio Social Comunica-Educa-Participa (COEDPA). De este modo, ha reunido a personal sanitario, investigador, docente y asociaciones para hacer realidad una propuesta poliédrica. «Planteamos un proyecto de investigación-acción donde salud, cultura y educación no formal se dieran la mano y el conocimiento se co-creara en el seno de la universidad, junto a otros agentes sociales y entidades de la comunidad», explica Puertas.A través de las asociaciones ‘Más que Danza’ y ‘Paz y Bien’, los talleres de danza española y de castañuelas reunieron a una muestra heterogénea de participantes procedentes de distintas asociaciones locales. Principalmente, participaron mujeres mayores con afecciones musculoesqueléticas y personas con enfermedades crónicas, como Parkinson, y algún tipo de discapacidad. «Queríamos acercar a esta población sus raíces culturales a través del folklore y, a la vez, estudiamos si lograban autopercibir un mayor nivel de bienestar, y si mejoraban su psicomotricidad, la cohesión y la participación social», explica Puertas.Isabel Pérez Cruz, directora del grupo inclusivo e intergeneracional EmARTE, ha colaborado impartiendo los talleres de danza y castañuelas y destaca las mejoras a nivel cognitivo que se observaron a lo largo del taller. «Al principio, a algunas les cuesta muchísimo tomar conciencia del movimiento de sus propias manos. A los problemas articulares o de audición se suma que no dirigen verdaderamente la atención al acto de tocar las castañuelas. Por eso, cuando lo logran, mejoran una barbaridad y también se nota en la memoria. Lo hemos conseguido hasta en personas con Parkinson», relata Pérez.Tanto Puertas como Pérez, destacan que, a través de los talleres de baile , han visto cómo las participantes ganaban en autoconocimiento y autoestima, pero también en sentido de pertenencia e integración, porque construyen vínculos sociales. Reconocen que este proyecto piloto ha generado mucha satisfacción en quienes lo han disfrutado, así como en las asociaciones participantes. El proyecto ‘Danza para la Vida’ consta de varias fases y, a través de los próximos talleres, esperan que se siga asentando en la comunidad, porque el baile está demostrando ser ese aliado para la salud que todo el mundo debería probar.  

Quizás sea imposible convencerlas de que vayan al gimnasio porque nunca lo han hecho y hay ideas que cuesta cambiar. Sin embargo, puedes encontrarlas tocando las castañuelas, ejercitando su motricidad fina, algo que requiere práctica, fuerza, coordinación, ritmo y memoria. Es un grupo de … mujeres mayores que acude cada semana a un taller de castañuelas en un centro social de Cádiz, pero sucede lo mismo en muchos otros lugares de nuestra geografía. Allí, también bailan al compás de sevillanas y otros palos del flamenco, fieles a una actividad con muchos beneficios para la salud.

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