La pesca en el Maresme

El Monte Signis, así llamado por los romanos, era un punto importante para la navegación pues era y sigue siendo, una referencia desde el mar, con sus 1706 metros de altura del pico Turó de l‘ Home, el Montseny, segunda atalaya tras la Serralada Litoral, permite al navegante situarse cerca de Barcelona, tanto si la nave llega de Baleares como desde la Costa Brava.

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 Nueva colaboración de la entidad cultural Astaracum. En esta ocasión sobre la historia de la pesca en el Maresme a través de la una familia de pescadores, los Ginebra  

El Monte Signis, así llamado por los romanos, era un punto importante para la navegación pues era y sigue siendo, una referencia desde el mar, con sus 1706 metros de altura del pico Turó de l‘ Home, el Montseny, segunda atalaya tras la Serralada Litoral, permite al navegante situarse cerca de Barcelona, tanto si la nave llega de Baleares como desde la Costa Brava.

Las tradiciones en el mar se basaban en gran medida, en la relación padre-hijos, los derroteros, las cartas marinas y desde hace poco, los instrumentos de navegación y geolocalización, no formaban parte del colectivo de pescadores locales, así pues, ganarse la vida con la pesca requería disponer de los conocimientos, caladeros accesibles, y la habilidad para situarse y llegar a ellos, para ello, los puntos clave, “les senyes” eran los puntos de alineación de dos referencias en tierra, desde el mar, en cada punto, el pescador sabía como era el fondo y por supuesto, el comportamiento de los peces en la salida del sol. Muchos de ellos realizaban esquemas para guardarlos celosamente en familia, otros no, simplemente la repetición y el salir juntos se grababa a fuego en sus memorias.

Señas dibujadas por una pescador .
Señas dibujadas por una pescador para localizar los caladeros .
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Por otra parte, los municipios del Maresme siempre han estado marcados por las rieras, el primer mapa catalán, de Vrients, de 1608, las marca exageradamente, parecen rías gallegas, y estas rieras, que eran trampas mortales por la cantidad de agua que llevaban en muy corto espacio de tiempo, plasmaban también rivalidades y falta de visión de conjunto. 

Sin embargo la gente de mar sabía lo que era la generosidad y solidaridad, como si al llegar a la playa, el sol y el agua igualasen a todos, como si la lucha diaria para ganarse la vida, desde una pequeña barca, hiciese que el reto diario fuese muy duro y a la vez muy humano, mezclando dos aspectos fundamentales de la vida, la soledad y la libertad.

Mapañ de Vrients de las Rieras del Maresme .
Mapañ de Vrients de las Rieras del Maresme .
Astaracum

La solidaridad de las cofradías de pescadores ha sido un hecho, cuando las condiciones del mar no permitían la vuelta a casa y un pescador llegaba a otra playa, la cofradía local le amparaba, le guardaba la barca, le atendía, le proveía de ropa seca y le daba dinero para llegar a casa.

Carles Ginebra, Caldes d’Estrac 1945, comenzó su andadura como pescador junto a su padre, con 8 años, en barca de vela, el motor llegaría algunos años después.

Los Ginebra, padre e hijo .
Los Ginebra, padre e hijo .
Astaracum

Aprendió el oficio de carpintero compaginando con la pesca, media jornada, pero acabó decantándose por el mar. La carpintería requería un trabajo a plena jornada, era un negocio pujante que aglutinaba a muchos y buenos operarios, casi lo mismo que la pesca.

Las jornadas del pescador eran de dedicación plena, se levantaban a las 3 de la mañana, preparaban la barca, la colocaban en el mar desde la playa con postes redondeados, empujándola. Una vez en el agua, las coordenadas que podrían estar entre 2 y 5 millas, lanzar las redes antes de la salida del sol y allí estaban entre una hora y hora y media, que se recogían y se iba separando la pesca. 

Fondo marino dibujado por un pescador .
Fondo marino dibujado por un pescador .
Astaracum .

Los Ginebra eran especialistas en salmonetes, (molls o rogers), cuya técnica para mantener su color rojo era casi ancestral, pero lo cierto es que su fama traspasaba fronteras y distribuidores franceses, donde este pescado es muy apreciado, les comparaban constantemente.

Otros peces era los lenguados, muy apreciados en la zona, la sepia cuando era temporada y el chanquete. La barca iba siempre al puerto de Arenys, allí la cofradía suministraba el hielo y se iba colocando la pesca en cajas hasta la subasta , que comenzaba a las 3 de la tarde, las barcas grandes liquidaban al 50 por ciento para el propietario, que debía hacerse cargo del mantenimiento del barco y del gasoil, dos partes al patrón, dos partes al motorista y una parte a la marinería. Los Ginebra repartían a tercios, incluso si el padre veía alguna necesidad en los hijos, renunciaba a algo.

Caballo percherón sacando el barco del agua en los años 30 .
Caballo percherón sacando el barco del agua en los años 30 .
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Tras la subasta, se volvía a llevar la barca a la playa, se dejaba todo preparado para el día siguiente y sobre las 5 de la tarde llegaban a casa y comían, veían muy poco a la familia pues a las 3 de la mañana empezaba la nueva jornada y debían descansar.

Las barcas solían ser entre 30 y 40 palmos, entre 6 y 8 metros de eslora, la playa de Caldetes llegó a tener más de 30 barcas de pesca, con un cable para la recogida, primero tirado por bueyes y luego con fuerza eléctrica. Durante la República, los Ginebra se hicieron una segunda barca, con el puente de madera de olivo, tener dos barcas era todo un estatus en el mar, pero en 1938 en plena Guerra Civil, el gobierno se incautó de la barca nueva, muchos otros sufrieron un agravio similar, les dijeron que era para el frente del Ebro, nunca la recuperaron.

La familia Ginebra en su barca .
La familia Ginebra en su barca .
Astaracum

Todos cobraban de la pesca, el encargado del cable, el de los postes para rodar por la arena, etc. La playa, desde el hotel Colón hacia Sant Vicenç, estaba repartida entre pescadores, los baños profesionales y los baños para particulares, donde había algunas casetas y sombras que se instalaban para toda la temporada. Había sus luchas por ganar algún metro en detrimento del vecino, pero al final y sin saber como, se restablecía el orden original.

Los Ginebra han sido pescadores durante cinco generaciones, el tatarabuelo colocaba los postes para subir y bajar barcas y su rapidez para ir de una parte a otra le hizo ganarse el apodo de “Boira” y así quedó bautizada la saga.

Barca de los Ginebra en 1955 .
Barca de los Ginebra en 1955 .
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A Carles Ginebra, las monjas dominicas, que estaban en el convento que hoy es parte de la Fundació Palau de Caldes d ‘Estrac, le enseñaron lo básico, leer, escribir, contar, la dureza de la vida hizo el resto, a base de trabajo duro y bien hecho, fueron levantando a sus familias.

La solidaridad se ve siempre en las desgracias, un abuelo, l’avi Gibert, murió en una levantada y su cuerpo apareció en Can Tunis, junto a Barcelona, quizás esto le llevó a participar en Salvamento Marítimo, cuya caseta estaba junto al Hotel Colón y a participar en el desgraciado temporal de octubre de 1970 donde varios regatistas, que salían de Arenys para ir a Blanes, murieron a causa del hundimiento de sus veleros; a Carles le reconocieron su valor con una medalla por haber rescatado a varios náufragos.

Carles Ginebra, en la actualidad .
Carles Ginebra, en la actualidad .
Astaracum

Carles Ginebra no tiene sucesor, desde que se jubiló, siguió ligado al mundo del mar, cuando hizo la mili en la marina y se enroló en el buque Almirante Cervera, aprovechó bien el tiempo y consiguió la titulación de patrón y motorista.

Homenaje a los que colaboraron en el salvamento de náufragos en 1948 .
Homenaje a los que colaboraron en el salvamento de náufragos en 1948 .
Astaracum

Lo que realmente es fantástico en la historia de Carles Ginebra, que seguro tiene parangón en muchas otras poblaciones pesqueras del Maresme, es el amor por el oficio, la sensación de libertad y contacto con la naturaleza que explica, pero muy especialmente, la conclusión vital que tiene, si volviese a nacer, volvería a ser pescador. Una lástima que las playas y el mar se vayan a quedar sin “boira”.

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