El Museu Nacional d’Art de Catalunya está preparando un recurso contra la orden de la jueza de Huesca Rocío Pilar Vargas, que obliga al museo a devolver las pinturas murales de Sijena en un plazo máximo de trece meses, con lo que en mayo de 2027 el conjunto artístico revestiría de nuevo las paredes de la sala capitular del cenobio de los Monegros, de donde salieron hace 91 años durante una operación de salvamento por parte de la Generalitat después que el monasterio fuera incendiado durante la guerra civil. Los servicios jurídicos del museo trabajan a contrarreloj y disponen de cinco días para impugnar la orden, aunque la propia jueza les advierte en su escrito de que, en cualquier caso, “se llevará a efecto lo acordado”.
Las incógnitas y certezas de un largo litigio que entra en su fase final
El Museu Nacional d’Art de Catalunya está preparando un recurso contra la orden de la jueza de Huesca Rocío Pilar Vargas, que obliga al museo a devolver las pinturas murales de Sijena en un plazo máximo de trece meses, con lo que en mayo de 2027 el conjunto artístico revestiría de nuevo las paredes de la sala capitular del cenobio de los Monegros, de donde salieron hace 91 años durante una operación de salvamento por parte de la Generalitat después que el monasterio fuera incendiado durante la guerra civil. Los servicios jurídicos del museo trabajan a contrarreloj y disponen de cinco días para impugnar la orden, aunque la propia jueza les advierte en su escrito de que, en cualquier caso, “se llevará a efecto lo acordado”.
¿Hay vuelta atrás?
No. La providencia de la juez poniendo plazo al traslado de las pinturas forma parte del proceso de ejecución de la sentencia dictada en mayo de 2025 por el Tribunal Supremo, según la cual las pinturas que conserva y expone el MNAC desde los años sesenta deberán ser devueltas a su lugar de origen. La sentencia, que no es recurrible, argumentaba que el museo catalán “no ha poseído las pinturas a título de dueño, pues las pinturas fueron arrancadas” e ingresaron en el museo mediante “depósito”. El fallo puso fin a una batalla judicial de más de una década. No obstante, el museo nunca ha tirado la toalla y ha manifestado su intención de hacer todo lo posible para que las pinturas se queden en Barcelona.
¿El MNAC podría desacatar la sentencia?
Su director, Pepe Serra, ha argumentado en más de una ocasión que más que una voluntad de incumplir la sentencia del Supremo, que la acatan, la clave está en cómo cumplirla sin someter las obras a un alto riesgo de daños. Ellos, insisten, no tienen capacidad técnica para efectuar el traslado sin dañar los restos de los murales románicos y cumplir la sentencia los aboca a cometer otro delito, como es el de no preservar un Bien de Interés Cultural. La jueza ha desoído las advertencias sobre la fragilidad de las antiguas pinturas –sustentadas en infinidad de informes técnicos y científicos que desaconsejan el traslado–, pero especifica que las labores de desmontaje y traslado han de ser “íntegramente asumidas por el MNAC, recayendo asimismo la responsabilidad sobre quien materialmente lleve a cabo la ejecución”, por lo que aconseja que los trabajos se realicen con “la máxima prudencia, cautela y diligencia”.
¿Los conservadores del museo pueden alegar objeción de conciencia?
No, a diferencia de los médicos o de los periodistas, los restauradores del patrimonio artístico no tienen reconocido el derecho que permite a un profesional a negarse a cumplir un deber jurídico por contravenir sus convicciones, en este caso que, dada la extrema fragilidad de las pinturas, su manipulación, traslado y reinstalación pueden tener consecuencias muy lesivas para ellas o incluso arruinarlas.

Si no son los técnicos del museo, ¿quién asumirá la operación de desmontaje y traslado?
La jueza deja claro que será el MNAC quien tendrá que asumir la ejecución y el coste económico de la operación, aunque autoriza al Gobierno de Aragón a llevar a cabo la ejecución de la sentencia “bajo su responsabilidad” en caso de que el MNAC no cumpla con los plazos establecidos. Una posibilidad que el concejal de Cultura, Xavier Marcé, veía ayer remota en su comparecencia ante la comisión de Cultura. “No creo que se atrevan”, dijo, “ante el riesgo que supone esto para las obras”. La vía alternativa contemplada por el MNAC es sacar a concurso los trabajos de retirada, embalaje y transporte de las pinturas a una empresa especializada. “Que firmen y se hagan responsables”, avanzó el director Pepe Serra en una entrevista mantenida en diciembre con este diario. No obstante, se mostraba escéptico: “No creo que aparezca nadie. Es una operación de ingeniería que no se ha hecho jamás en el mundo, una obra que no pasa por la puerta, y la propuesta de Aragón es serrarla en 72 trozos… No se me ocurre quién podría aceptar hacer algo así”.
Y mientras tanto, ¿qué dice el Ministerio de Cultura?
El Instituto del Patrimonio Cultural de España (IPCE), que estos días ha desaconsejado el viaje del Gernika al Guggenheim de Bilbao, sigue en silencio pese a que el MNAC ha solicitado en varias ocasiones que emita un dictamen. La jueza considera que no es oportuno consultarle porque es un organismo de parte (forma parte del Ministerio de Cultura, patrono del MNAC), pero abre la puerta para poder hacerlo en el futuro.
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