Theatre of dreams ★★★★✩
El coreógrafo israelí triunfa en el Mercat de les Flors con su lynchiana ‘Theater of dreams’
Theatre of dreams ★★★★✩
Coreografía y música: Hofesh Shechter
Músicos en directo: Yaron Engler, James Keane, Alex Paton
Lugar y fecha: Mercat de les Flors (23/VII/2026)
La pieza que la Hofesh Shechter Company presentaba este jueves en el Mercat de les Flors, dentro del festival Grec, es un viaje alucinante por la carretera perdida de nuestra mente. Las imágenes de Theater of dreams son potentísimas y permiten algunas analogías con el universo de David Lynch. ¿Recuerdan la estética de cabaret y el papel crucial del presentador del espectáculo (eco del mago de Oz), de las cortinas que han de abrirse al territorio del sueño y desvelar más de un secreto, o el protagonismo de los músicos en según qué escena onírica del cineasta, ya desde los tiempos de Laura Palmer en Twin Peaks ? Me viene ahora a la memoria otro momento más cercano en el tiempo, esa escena de Mulholland Drive en la que se nos introduce en un cabaret en el que aparentemente están tocando unos músicos, y una voz en off repite una y otra vez que todo está grabado. Esta escena viene a ser la caja negra de la cinta de Lynch de 2001, su clave metanarrativa, la que subraya que en la película todo lo que hemos visto, estamos viendo y veremos es mental. Que ejercemos simplemente de voyeurs de un punto de vista. Y que tanto lo que nos parece más disparatadamente extraño como lo que aparenta ser realista es igual de quimérico y mental, pues pertenece al vertiginoso remolino de los recuerdos de alguien.
Aquí es exactamente esto mismo. Como dice en un momento dado una de las intérpretes de Theater of dreams , metamorfoseada para la ocasión en maestra de ceremonias, ante un micro de pie, la obra nos da la bienvenida al teatro de los sueños. El yo es puro teatro. La mente se revela como reino de máscaras sin fin, con la verdad oculta, velo tras velo, incluso para nosotros mismos. A esto nos confronta el coreógrafo Hofesh Shechter: a una fantástica inmersión a pulmón libre al mundo de los sueños. Y lo deja claro ya desde el inicio: con la neblina que los espectadores compartimos con el escenario y con ese fondo sonoro que percute en nuestro interior y crea una base para todo lo que va a desarrollarse a partir de ahí: el paso de la danza por multitud de estilos (más clásico, más urbano, más latino, más festivo), de ritmos, de cuerpos e intenciones dispares.
El movimiento empieza con un bailarín en la boca del escenario, cuando se adentra en la oscuridad por una pequeña obertura del telón, cual Alicia a través del espejo. Lo que encontramos a continuación es un juego constante de telones, que corren, se desplazan, se abren y cierran, revelando microescenas, descubriendo ahora un grupo, luego otro, momentos íntimos y otros explosivos. Si el inicio es de una introspección casi íntima y expectante, luego ese primer reflejo estalla y se multiplica por el escenario. Los doce bailarines lo llenan en todas direcciones, de la misma forma que el papel de los tres músicos en directo es clave para crear la metáfora del refugio mental-teatral plagado de secretos, el del teatro de los sueños que compartimos todos.
La obra se llena de ecos de la danza y es un juego sin fin de reflejos, al final trepidante, demente, de auténtica Cabeza borradora a todo ritmo, viaje onírico a los secretos del inconsciente colectivo. Todo empieza en un bailarín, cierto, pero que se multiplica enseguida en los cuerpos y movimientos de sus compañeros hasta que rompen la cuarta pared y los expanden al público, invitado a participar en la fiesta. En el Mercat tuvo éxito. Quien más quien menos se levantó de la butaca para sumarse a ellos y mover el esqueleto bajo el son latino.
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