«He votado a Keiko como mal menor. El del sombrero miente a los pobres»: en la tierra peruana del Papa apoyan a la aspirante derechista

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«Bienvenido a la vida humana» era una de las frases favoritas del padrecito Roberto durante sus años de obispo en Chiclayo, palabras empleadas para rebajar y explicar conflictos o decepciones, cuando sus interlocutores se quejaban por errores o abusos de los demás y el prelado intentaba templar gaitas. Robert Prevost, ahora León XIV, apostó siempre por la moderación, un «centrista de trinchera» que luchaba a brazo partido por los más desfavorecidos y por los emigrantes.

En esta misma tierra del norte de Perú, a casi 800 kilómetros de Lima, sus habitantes están viviendo este domingo, otra vez, el conflicto provocado por el «fuego de la polarización»: elegir en una segunda vuelta presidencial entre dos extremos políticos como «mal menor», la frase favorita de los peruanos en estos días. Tanto la populista de derechas Keiko Fujimori como el izquierdista radical Roberto Sánchez apenas reunieron, entre ambos, el 29% de los apoyos en la primera vuelta de abril.

«He votado a Keiko como mal menor, ese pata (amigo) del sombrero miente a los pobres diciéndoles que les va a regalar plata (dinero). Me da coraje que se dejen engañar, no piensan en el futuro de sus hijos», dispara a EL MUNDO José Sánchez, muy cerca de la catedral de Chiclayo. El hombre, ya jubilado, discute con su amigo en la plaza los titulares de los periódicos del puesto allí instalado y le asegura que no se fía del otro Sánchez, a quien se refiere por el famoso sombrero chotano de gigantescas alas blancas, heredado de Pedro Castillo, el ex presidente golpista que le avala desde la cárcel limeña de Barbadillo.

«A última hora ha llamado a unos cuantos progresistas, pero tiene con él a los del Movadef [antiguo brazo político del grupo terrorista Sendero Luminoso, al que derrotó Alberto Fujimori, padre de la candidata derrotada en las presidenciales de 2011, 2016 y 2021, por apenas 41.000 votos en esta última] y a Antauro Humala [polémico exmilitar nacionalista que protagonizó un levantamiento]. Nosotros no queremos que pase aquí lo de Venezuela«, sorprende Sánchez.

En Perú no se ha disipado la sombra del gigantesco fracaso de Venezuela, en buena medida porque en estas tierras viven hoy más de millón y medio de venezolanos, el segundo gran país de la diáspora tras Colombia (tres millones). Y por Chiclayo pasaron muchos de ellos, de hecho el obispo Prevost asumió personalmente en su día la «emergencia humanitaria», abrió las parroquias para darles cobijo y creó una red de comedores populares para que no se murieran de hambre.

«Prevost siempre apostó por el diálogo y el consenso, nos decía que rezáramos por las personas de corazón duro, pero no les juzgaba públicamente», explica a este periódico Janinna Sesa, ex directora de Cáritas en Chiclayo. Al igual que ha sucedido ahora en el Vaticano con la designación de la periodista mexicana Montserrat Alvarado como prefecta del Dicterio para la Comunicación, el padrecito Roberto desechó la posibilidad de situar a un sacerdote al frente de Cáritas y apostó por una mujer, joven y laica, ante la sorpresa de la sociedad.

Lo que vino después fue un trabajo codo con codo en medio de desastres naturales y humanos, como nunca antes en Perú. Eso sí, la moderación política del Santo Padre no impidió que en distintas etapas enfrentará el poder omnímodo de Alberto Fujimori o los ataques del vicepresidente James Vance contra los emigrantes.

«La verdad es que Keiko tampoco ha sido buena, ha manipulado a los congresistas y la han dejado limpiecita de sus crímenes. Es tremendo ver ahora al antiguo fiscal que la acusó, Domingo Pérez, junto a Roberto Sánchez en su posible Gobierno», remacha sus explicaciones José Sánchez pese a su depositar su voto a favor de la hija del dictador.

El norte de Perú es el segundo gran bastión de Keiko tras Lima. Por el contrario, Sánchez es hegemónico en el sur de los Andes en un país donde la polarización también es geográfica, donde unos y otros se miran con desconfianza. En la tierra chiclayana del Papa, la candidata populista obtuvo en primera vuelta el 24% de los apoyos, frente al 8% de Sánchez. A nivel nacional las fuerzas están tan ajustadas que se prevé una lucha voto a voto hasta el último minuto.

«La verdad es que tengo muchas dudas, yo no soy de JP [Juntos por el Perú, partido de Sánchez], pero mi temor es que Keiko siga acumulando demasiado poder. Llevamos años conociéndola, no dejó trabajar a Pedro Pablo Kuczynski [moderado] y a los otros presidentes. Mi voto es realmente contra Keiko más que a favor de JP«, explica a este diario el empresario Luis Longa.

La gran paradoja es que Longa votó en primera vuelta al trumpista Rafael López Aliaga, en las antípodas de Sánchez, que durante cuatro semanas disputó contra el abanderado izquierdista un recuento de infarto, que les separó por apenas el 0,12% de los votos. El otro Sánchez, José, apostó por el humorista Carlos Álvarez, que hizo famosa en su día la imitación de Nicolás Maduro, pero que pese a su conservadurismo no ha apoyado claramente a Keiko, como sí lo ha hecho López Aliaga.

El voto en blanco y voto viciado (nulo) cuenta con muchos apoyos en Perú, reflejo también del hastío del país andino con sus políticos, que ostentan el récord de mantener en prisión a cuatro de sus antiguos mandatarios. Uno de los principales «decepcionados» es el famoso escritor Jaime Bayly, que pese a votar por Keiko en las tres presidenciales anteriores en esta ocasión ha optado por la abstención.

Al margen de las posturas de unos y otros, las dos grandes interrogantes que arroja este nuevo pulso entre extremos en las Américas es si el antifujimorismo derrotará por cuarta vez a la hija del dictador y si el nuevo inquilino, o inquilina, de la Casa de Pizarro se sumará al Escudo de las Américas de Donald Trump o al bloque de la Patria Grande de izquierdistas y revolucionarios, que lidera desde España Pedro Sánchez, junto al colombiano Gustavo Petro, el brasileño Lula da Silva y la mexicana Claudia Sheinbaum.

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