François Jozic, el belga que saltó del trampolín

La prueba de salto en las piscinas Picornell es una de las imágenes por las que se recuerdan los Juegos Olímpicos de Barcelona. La señal de televisión mostraba a los saltadores lanzándose al vacío ante una ciudad radiante, orgullosa capital del mundo que hechizó a un joven sin saber que mucho tiempo después, en el 2008, aquella imagen le llevaría de Bélgica a la capital catalana guiado por el flechazo que sintió recién cumplidos los 18 años.

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 La imagen de la ciudad como fondo de las pruebas de salto en las piscinas Picornell durante las Olimpiadas sembró en Jozic el sueño de vivir en Barcelona  

François Jozic

Vino de Lieja, Bélgica
Vive en Barcelona​
​Desde hace 18 años

La prueba de salto en las piscinas Picornell es una de las imágenes por las que se recuerdan los Juegos Olímpicos de Barcelona. La señal de televisión mostraba a los saltadores lanzándose al vacío ante una ciudad radiante, orgullosa capital del mundo que hechizó a un joven sin saber que mucho tiempo después, en el 2008, aquella imagen le llevaría de Bélgica a la capital catalana guiado por el flechazo que sintió recién cumplidos los 18 años.

“Ni siquiera tenía Barcelona ubicada en el mapa –recuerda François Jozic–; luego descubrí que aquellas imágenes eran una vista desde la montaña”. Fue en Montjuïc, en los jardines de Joan Brossa, donde fundó en el 2012 el Piknic Electronik: “Luego se convirtió en Brunch Electronik, y lo hicimos en el Poble Espanyol”, añade. Sobra decir que la razón de escoger estas ubicaciones se remonta a 1992. “Hay unas vistas increíbles de la ciudad”, explica desde el Xemei mientras toma un agua con gas. El restaurante de la falda de la montaña es el lugar al que lleva a cenar a los artistas una vez acaba la jornada para transmitirles su conexión emocional con el lugar: “Es nuestra cantina, y la montaña es lo que más me representa de la ciudad”, asegura.

“Barcelona puede ser una gran capital cultural; podemos sacar pecho por lo que hacemos”

“En mi vida profesional todo ha pasado en Montjuïc”, afirma quien es desde el pasado año director también del Sónar. Jozic acudió por primera vez al festival en el 2008, pocos meses antes de mudarse a la ciudad sin haber probado siquiera a pasar unas semanas, como quien salta de un trampolín. “No conocía nada de la ciudad más allá de lo puramente turístico”, recuerda.

El teletrabajo comenzaba a implantarse en aquellos años, y fue lo que empujó a Jozic a mudarse con su mujer y su hijo de 3 años a la ciudad, a la calle Pelai, lo más alejado que pueda imaginarse de su tranquila Lieja natal.

Tópicos como el clima, la cercanía del mar o la vida nocturna acabaron de ayudar en la decisión de mudarse, para la que contó con el apoyo de su familia. También la proximidad con la cultura francófona: “En algunos aspectos no estás muy lejos de París; estás en el sur de Europa, pero te sientes cerca de tu cultura”, destaca el belga.

Al principio Jozic pasaba la mitad del tiempo en Barcelona y la otra mitad entre Bélgica y Alemania: “Hasta que decidí que debía encontrar un proyecto que tuviera sentido aquí”, asegura. Puso un pie en el teatro, llevó a la compañía Cor de Teatre al festival de Aviñón, donde triunfaron con Opereta; también llevó a su nueva ciudad Los hombres son de Marte y las mujeres de Venus , y colaboró con el ex del Tricicle Paco Mir en su faceta más teatral.

Pero lo que le ató definitivamente a la ciudad fue la idea de traer el festival Piknic Électronik, que había conocido en Montreal. “Al principio costó –recuerda sobre las reticencias del Ayuntamiento a ceder espacios públicos para un evento privado–, pero en el 2012 Montreal fue la ciudad invitada en las fiestas de la Mercè”. Aquella coincidencia le abrió definitivamente las puertas al proyecto.

Sin conocidos en la ciudad, Jozic desarrolló su red personal a través de los padres de la escuela, los compañeros de trabajo y la diáspora belga: “Pero desde el principio tuve la voluntad de no estar demasiado con ellos; no quería ser de aquellas comunidades que solo se relacionan entre ellos y casi no hablan el idioma”, apunta. “Los barceloneses son acogedores y cosmopolitas; se dice de los catalanes que son cerrados, pero no es verdad: vengo del norte de Europa, sé de lo que hablo”, añade con una sonrisa. Su origen le aportó también una ventaja de partida en lo laboral, porque “había la sensación de que los del norte hacían las cosas mejor, con más rigor”, idea que califica de “totalmente errónea”.

Tras 18 años en la ciudad, si tiene una cuenta pendiente es hablar catalán o, mejor dicho, que se lo hablen. “Lo entiendo muy bien –afirma–, pero aquí todo el mundo, incluso el más catalán, se pasa al castellano cuando escucha mi acento”, se lamenta. “Para mí es más fácil decir formatge que queso, o sortida que salida, pero no puedo practicarlo. Incluso cuando empiezo una conversación en catalán, te aseguro que en menos de dos minutos ya me están hablando en castellano”. Jozic comprende esta clase de impedimentos porque vivió un tiempo en Quebec: “Allí la minoría somos los francófonos, rodeados de angloparlantes”, dice. Por eso es consciente de que “si quieres defender el idioma, hay que luchar; de lo contrario se pierde, y muy rápido”.

Otra lección que trajo de tierras canadienses es cómo han aprovechado esta excepcionalidad para defender su cultura, con ejemplos como el Cirque du Soleil y la creación del Quartier des Spectacles, en pleno centro de Montreal. “Es el mismo caso que el parque del Fòrum en Barcelona; son decisiones políticas que tienen un precio”. Se refiere a las quejas de los vecinos: la creación del Quartier encareció el precio de los pisos, adquiridos por residentes que ahora se quejan de las molestias causadas por el propio Quartier. “Tengo la misma sensación en el Fòrum: se creó en el 2006 para acoger grandes acontecimientos, y ahora los vecinos que compraron pisos allí porque les gustaba la zona se quejan de las molestias”, se lamenta. “Barcelona puede ser una gran capital cultural; podemos sacar pecho por lo que hacemos, pero debemos decidir qué queremos y aceptar los condicionantes”.

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