Trump presume de ser el único presidente de EEUU, que fue jugador de fútbol. Dice que le gusta Pelé, pero así es como le llaman en los campos de golf… Leer Trump presume de ser el único presidente de EEUU, que fue jugador de fútbol. Dice que le gusta Pelé, pero así es como le llaman en los campos de golf… Leer
Cuando murió Steve Jobs, Laurene Powell, su viuda, hizo lo que debería hacer cualquier rico que se precie: comprar un medio, en su caso The Atlantic, revista fundada en 1857 y que sigue su andadura en impreso y en web.
Precisamente ahí leí un artículo sobre el jugador que fue Donald Trump, que en su último año en la New York Military Academy dejó el fútbol americano por el fútbol, que en EEUU llaman soccer. (Y hasta tal punto está implantado que las soccer mom son una denominación reconocible.)
Cuentan que la mayoría de los compañeros de equipo del que hoy es presidente eran hispanos, hijos de diplomáticos y militares —cuatro colombianos, dos peruanos y otros de Argentina, Costa Rica, México y Venezuela—, que en el vestuario sonaba siempre música en español y que el grito de guerra era «¡Nosotros! ¡Nosotros! Rah, rah, rah».
Uno de los pocos jugadores angloparlantes que estaban con Trump decía que si «no se hablaba bien español era difícil que los otros chicos pasaran la pelota» y que Trump era un defensa leñero que daba oportunos pases largos. «Era bueno, muy testosterónico» [sic]. No volvió a jugar después de aquel último año, ni tampoco se le vio en las gradas cuando Barron, el hijo que tuvo con Melania, jugaba en su cole. Por lo demás, en su día farfulló su intención de comprar el Rangers de Escocia y el Atlético Nacional, ligado en su día [¿otrora?] a Pablo Escobar. De fútbol no debe de saber mucho. Cuando le preguntaron por su jugador favorito dijo que Pelé (pobre Cristiano, que estuvo en la Casa Blanca), pero se sabe que así es como le llaman sus caddies por la cantidad de veces que golpea la bola con el pie cuando le falla el swing.
Hasta que se cruzaron con Turquía, el mundial de EEUU, una de las anfitrionas, había sido un paseo que hacía soñar a sus compatriotas. El tropiezo no debe ser considerado como tal porque no hay que olvidar que el equipo ya estaba clasificado y que la selección de Güler se jugaba esa pizca de dignidad.
Si la selección de EEUU siguiera adelante otra ronda más, Trump (por una vez) no mentiría al decir que es el primer presidente jugador de fútbol. Prueba de ello es que ha dicho que, como ya hizo con el golfo de México, quiere que se abandone la denominación de soccer. «Esto es fútbol, no hay duda al respecto. Tenemos que inventar otro nombre para la NFL».
Será por lo de que le llamen Pelé en los campos de golf, aunque más bien haya quedado como pelele —un pelelo— en Irán. Por cierto: ¿han visto los lelos que llevaban la bandera LGTBIQ+, junto a la de los ayatolás, en el partido que jugaron Irán y Egipto en Seattle? Tan ridículo como el one love de la FIFA de Qatar, del que el lacayo Infantino se quiso desmarcar por pleitesía a los jeques.
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