Sentada sobre el césped, cobijada bajo unos árboles y a oscuras, Janis arranca un trozo de hierba y se lo lanza a su amiga: “¡Aquí aún queda algo fresco!”. Ha pasado la medianoche y hay 31 grados en el parque Buttes Chaumont de París, uno de los espacios verdes donde los insomnes se refugian estos días en las madrugadas más calurosas que ha vivido Francia desde que existen registros.
Las temperaturas extremas obligan a parar trenes, cerrar colegios y cancelar eventos en países donde las viviendas no suelen tener refrigeración ni persianas
Sentada sobre el césped, cobijada bajo unos árboles y a oscuras, Janis arranca un trozo de hierba y se lo lanza a su amiga: “¡Aquí aún queda algo fresco!”. Ha pasado la medianoche y hay 31 grados en el parque Buttes Chaumont de París, uno de los espacios verdes donde los insomnes se refugian estos días en las madrugadas más calurosas que ha vivido Francia desde que existen registros.
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